Captura de un ataque a una columna de tanques rusos en Browary, cerca de Kiev.

Desde sus escritorios, investigadores de la sociedad civil reúnen información sobre crímenes de guerra y movimientos de tropas para millones de seguidores. Esperan que su trabajo se pueda usar en los tribunales.

Justin Peden saluda desde la pantalla del móvil. Está sentado en su casa de Birmingham, Alabama, y todavía parece un poco perplejo. El ataque a Ucrania también ha cambiado su vida. De repente, muchos periodistas quieren hablar con él. El día anterior habló con la televisión japonesa; pronto enviarán un equipo de cámaras y quieren rodar un documental sobre él.

"¡Qué locura. Solo soy un universitario normal de Alabama!" Peden, de 20 años, se considera a sí mismo un estudiante como cualquier otro. Pero no es exactamente así. Sale con sus amigos, estudia para los próximos exámenes finales, y es también un destacado detective en Twitter.

"Veo estos videos y la gente se parece a mi madre, a mis hermanas y a mis amigos", dice Justin Peden.

Peden nunca estuvo en Europa del Este, pero eso no importa para sus investigaciones. Desde los 13 años, desde la anexión rusa de la península ucraniana de Crimea en 2014, le fascina el conflicto de Ucrania. Pasa su tiempo libre sobrevolando los territorios en disputa en el este de Ucrania "en su pequeño avión de Twitter", como dice. "Si alguna vez participara en un concurso de geografía ucraniana, probablemente lo haría bastante bien", afirma, con una sonrisa. 

Las fuentes son de acceso público

Peden, que se hace llamar "Intel Crab" en Twitter, examina imágenes de satélite, trayectorias de vuelo y videos de TikTok. A continuación, comparte sus hallazgos con sus 255.000 seguidores: el análisis de los movimientos de las tropas o las coordenadas exactas de un ataque con misiles, por ejemplo. Se podría decir que es el trabajo de un servicio de inteligencia. 

Kyle Glen también tiene dos vidas. Durante el día, trabaja en un instituto de investigación de Gales. Después del trabajo, se dedica a la "Inteligencia de Fuente Abierta", o OSINT por sus siglas en inglés. "Código abierto" porque las fuentes con las que trabajan estas personas son todas de acceso público.

Un favorito de los detectives de OSINT: el sitio web Flight Tracker.

En el centro de esta labor detectivesca está la geolocalización, debido a su sencillez y eficacia. Cuando sale a la luz un video o una imagen de un conflicto, los investigadores ciudadanosexaminan el material en busca de puntos de referencia y tratan de determinar el lugar del suceso. De ese modo, pueden comprobar la exactitud del material o desenmascarar los intentos de propaganda. Ya en 2014, la red de investigación Bellingcat pudo demostrar a través de imágenes satelitales y de teléfonos móviles que el avión de pasajeros MH17 fue derribado por una unidad antiaérea rusa.

La hora de los investigadores ciudadanos

Pero mientras tanto, los detectives aficionados también recurren a otros medios. Al principio de la guerra, los investigadores de OSINT rastrearon los movimientos de los convoyes militares rusos utilizando videos de la plataforma Tiktok. Otros se inscribieron en portales de citas como Tinder para detectar a los miembros del ejército ruso que estaban cerca. "OSINT está en auge desde hace seis meses", dice Glen, que nunca antes había recibido una solicitud de entrevista. Ahora las recibe a diario. 

Los gobiernos y las agencias de inteligencia también han reconocido el valor de la nueva inteligencia de enjambre. A través de una aplicación del Gobierno ucraniano llamada Diia, los ciudadanos pueden subir imágenes y videos geoetiquetados de los movimientos de las tropas rusas. "Recibimos decenas de miles de mensajes al día", dice el ministro ucraniano de Asuntos Digitales, Mychaylo Fedorov, a The Washington Post. "Son muy, muy útiles".

¿Tuits como prueba para los tribunales?

¿Qué motiva a los investigadores digitales que compiten con los servicios de inteligencia? Es difícil decirlo. Peden califica a la comunidad de "salvaje": es "descentralizada y colaborativa, pero también algo caótica", señala. Muchos miembros tienen experiencia militar o son exsoldados. En cualquier caso, Peden se siente profundamente unido al pueblo ucraniano. Detrás de él, en la pared, brilla la bandera azul y amarilla. Sueña con ver sus tuits como prueba en un juicio penal internacional.

Eso es muy posible: "Observo que los tribunales están más acostumbrados a tratar con pruebas de las redes sociales", dice Alexa Koenig, directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Berkeley, en California, en entrevista con DW. El reto para los investigadores es la gran cantidad de información. En la guerra de Ucrania, otras plataformas se han unido a Facebook y Twitter: Tiktok, Telegram, VKontakte, por ejemplo.

Los investigadores aficionados quieren que se aclare un poco la niebla que rodea a esta guerra. Esta es una imagen satelital de la ciudad de Mariúpol, asediada por el Ejército ruso.

Una tarea de gran responsabilidad

Un cierto factor de incertidumbre yace también en la naturaleza de la comunidad, que es abierta y participativa. Su punto fuerte, el hecho de que tanta gente participe, también tiene un inconveniente. "Cualquiera puede publicar la información que quiera", dice el galés Kyle Glen. "Pero a diferencia de los medios de comunicación tradicionales, simplemente no hay consecuencias por publicar información falsa o engañosa".

Y, sin embargo, un tuit a destiempo puede tener consecuencias reales. Peden cuenta que, a principios de marzo, recibió un video de Jersón, en el sur de Ucrania. La ciudad está bajo ocupación rusa desde finales de febrero. Una mujer estaba filmando a una patrulla de la policía de ocupación rusa desde su balcón. Fácil de localizar, pensó Peden. Publicó las coordenadas. Y borró el tuit momentos después.

"De repente me di cuenta y pensé '¡Dios mío, es una persona real!' Me había referido a su cuenta de Twitter, que no es precisamente prorrusa. Podría haber muerto por mi culpa", cuenta. En los seis minutos durante los cuales el tuit estuvo en línea, ya se había compartido cien veces. Para Peden era un click; para la mujer de Jersón, posiblemente una cuestión de vida o muerte.

Desde entonces, Justin Peden ha reducido un poco su presencia en Twitter. Le preocupan las consecuencias de su trabajo, para él y para los demás. Por eso también quiere aparecer con su nombre real. Pero a pesar de la enorme responsabilidad que eso significa para un joven de veinte años, Peden no piensa en abandonar sus investigaciones. "Aunque perdiera a todos mis seguidores, continuaría", asegura. Quiere dar un testimonio para el futuro. Para hacer que la niebla en torno de esta guerra se pueda aclarar un poco.

(gg/cp)