El presidente Biden a su salida del salón Roosevelt en la Casa Blanca el 28 de abril, 2022, luego de hablar sobre Ucrania y tomar preguntas de los reporteros. FOTO: Washington Post por Demetrius Freeman.

Las malas noticias económicas de la semana pasada, encima de todo, desde la demora en la agenda hasta los elevados índices de criminalidad, reflejan cómo Biden está lidiando con duras noticias en muchos frentes a seis meses de las decisivas elecciones de mitad de mandato.

El presidente Joe Biden pronunció la semana pasada una apasionada súplica en la cual pidió al Congreso $33.000 millones adicionales para apoyar a Ucrania contra la invasión rusa, y habló en un encendido lenguaje sobre la necesidad de detener a los dictadores y defender los derechos humanos.

Pero poco después de terminar sus declaraciones, los periodistas acribillaron a preguntas al presidente sobre una serie de otros temas polémicos más locales: la controvertida política de inmigración, la posible recesión económica, la feroz batalla sobre el financiamiento del Covid.

Biden asumió el cargo con una serie de retos históricos, interrumpidos por la pandemia mortal y la economía cerrada.  Ahora, a seis meses de unas elecciones de mitad de período que podrían alterar drásticamente su capacidad de gobernar en los dos últimos años de su primer mandato, la lista de problemas no ha hecho más que aumentar.

Los precios de la gasolina en todo el país se están disparando.  La inflación ha batido récords de 40 años. Las perspectivas para el amplio paquete de gastos sociales y climáticos de Biden parecen escasas. Los índices de criminalidad son elevados. Siguen apareciendo nuevas variantes de coronavirus.  La semana pasada, un informe mostró que la economía se contrajo inesperadamente en el primer trimestre, mientras que el caso de coronavirus de la vicepresidenta Kamala Harris puso de manifiesto la obstinación de la pandemia.

Los funcionarios de la Casa Blanca y legisladores Demócratas se apresuran a destacar los avances del país en la reapertura de la economía y la distribución de vacunas contra el coronavirus, y atribuyen a Biden el mérito de haber estabilizado la situación tras cuatro años tumultuosos del presidente Donald Trump. Al mismo tiempo, muchos Demócratas dicen que parece que al presidente, en cierto sentido, no le sale nada bien estos días.

"El clima ahora mismo es muy difícil para los Demócratas y ciertamente para el presidente Biden, pero todavía no es el fin del mundo", dijo la representante Kathleen Rice, Demócrata de Nueva York, quien no se postula para la reelección. "Tenemos la oportunidad de hablar con el pueblo estadounidense allí donde se encuentra, atribuirnos el mérito de las cosas buenas que ha hecho la administración y de explicar cómo vamos a mejorar la situación".

En su primer año, Biden promulgó un paquete de ayuda contra el coronavirus por 1,9tn (millones de millones) de dólares y un proyecto de ley bipartidista de infraestructura por aproximadamente $1tn, logros que, según los líderes del partido, rescataron la economía y transformarán la red de carreteras, puentes y puertos del país. Sin embargo, a pesar de las repetidas promesas de Biden de viajar por el país y mostrar a los votantes sus éxitos, los desafíos que se han presentado han empantanado los esfuerzos del presidente como promotor principal.

Y algunos temen que esos mismos logros puedan suponer una desventaja política, ya que algunos economistas sostienen que el aumento del gasto puede estar contribuyendo a la elevada inflación.  E incluso el presidente ha reconocido que sus logros no están siendo aceptados por los votantes de la manera que él esperaba.

"Lo que me preocupa es que he estado tan concentrado en todas las emergencias inmediatas, que no hemos transmitido al pueblo estadounidense lo que realmente hemos hecho", dijo el presidente a los donantes de montos elevados en un evento de recaudación de fondos en Seattle la semana pasada.

Una nueva encuesta del Washington Post-ABC News reveló que el índice de aprobación general de Biden entre los adultos es ahora de un 42 por ciento positivo y un 52 por ciento negativo. Se trata de un ligero aumento con respecto a febrero, cuando el 37 por ciento de los estadounidenses dijo que aprobaba su trabajo y el 55 por ciento que lo desaprobaba.

Pero a pesar de la subida, más de 9 de cada 10 estadounidenses manifestaron su preocupación por el aumento de los precios, incluido el 44 por ciento que dijo estar molesto por la inflación. En cuanto a la economía en general, el 50 por ciento de los estadounidenses dijo que confía en el Partido Republicano, frente al 36 por ciento que dice confiar en los Demócratas.

La representante Stephanie Murphy (D-FL), que también dejará el Congreso el año que viene, enumeró la serie de retos a los que se enfrenta el país y dijo que los Demócratas probablemente se enfrenten a repercusiones electorales, aunque algunos de los problemas estén fuera de su control.

"Estamos ante niveles históricos de inflación, problemas en la cadena de suministro que persisten, un trimestre en el que puede haberse tambaleado nuestro crecimiento económico", dijo Murphy. "Aunque hay una infinidad de razones para esos problemas económicos, que van desde Ucrania hasta la pandemia, pasando por las interrupciones en las cadenas de suministro y otras cuestiones que están fuera del control de cualquier partido, reconocemos que los votantes podrían no hacer esa distinción".

Los Republicanos se ríen de la idea de que las malas noticias no son culpa de Biden. Están dispuestos a transmitir el mensaje de que el control Demócrata de Washington ha traído consigo la incompetencia y el caos, lo cual, según ellos, se refleja en la subida de los precios, el incremento de la delincuencia, los problemas en las escuelas y el aumento de la inmigración ilegal.

Zach Roday, un estratega Republicano que trabaja en las candidaturas a la Cámara de Representantes y al Senado, dijo que los demócratas, aparte de los senadores Joe Manchin III (D-WV) y Kyrsten Sinema (D-AZ) no se han alejado de Biden y es probable que se vean arrastrados por sus bajos índices de aprobación.

"Hoy en día, las cosas se ven bastante mal para el presidente", dijo. "Estos Demócratas van a tener que establecer marcas independientes y convencer a los votantes de ellas. Sin eso, no tienen ninguna posibilidad".

El problema de Biden está en que, cuando ha intentado pasar a la ofensiva y defender su presidencia, su mensaje se ha visto a menudo ofuscado por las noticias sobre la economía, la guerra de Ucrania, la pandemia o el último éxito Republicano en la promulgación de leyes estatales conflictivas.

Pero Joel Benenson, encuestador Demócrata y ex asesor de Barack Obama y Hillary Clinton, dijo que su partido aún tiene la oportunidad de exponer sus argumentos antes de las elecciones de mitad de período. "Todo el mundo sabe que la responsabilidad recae en el presidente, pero no creo que se trate de ocuparse de muchas cosas, sino de cómo se exponen los argumentos ante el pueblo estadounidense", dijo.

En particular, Benenson señaló que el presidente y los Demócratas deberían intensificar sus ataques a la avaricia empresarial, vinculando el afán de las empresas por obtener mayores beneficios con la inflación y los problemas de la cadena de suministro que están afectando el bolsillo de los estadounidenses.

"El riesgo para cualquier presidente en funciones es que Washington pueda convertirse en un lugar muy aislado, y que le sea cada vez más difícil mantenerse conectado con los estadounidenses y sus problemas", dijo. "Creo que el gobierno de Biden ha hecho un trabajo razonable en muchas de esas cosas, pero obviamente todavía tienen que explicarlas".

Biden dedicó gran parte de los últimos meses a liderar la respuesta global a la invasión de Rusia en Ucrania, un esfuerzo que ha recibido apoyo bipartidista en Estados Unidos y aplausos de los aliados de Estados Unidos en el extranjero. Pero en el frente interno, el presidente sigue enfrentándose a enormes desafíos.

Un informe de la Oficina de Análisis Económico publicado el jueves mostró que la economía estadounidense en los tres primeros meses de 2022 se contrajo inesperadamente un 1,4 por ciento sobre una base anualizada, lo cual marca la primera caída desde el inicio de la pandemia. Las acciones descendieron casi un 9 por ciento en abril, y el S&P 500 tuvo su peor retroceso mensual desde marzo de 2020. Los inversionistas manifestaron su preocupación por los cierres en China debido a las nuevas oleadas de la pandemia, la guerra en curso en Ucrania, las probables subidas de tasas por parte de la Reserva Federal y otros contratiempos económicos.

Mientras tanto, crece el temor en la Casa Blanca de que Biden no pueda conseguir el acuerdo que desea en el Congreso para abordar el cambio climático, reducir los costos de los medicamentos de venta con receta y aplicar mayores impuestos a los ricos. El esfuerzo de Biden por aprobar un proyecto de ley de gasto social de gran envergadura -su llamada iniciativa Build Back Better - fracasó el año pasado después de que Manchin se retirara de las negociaciones, alegando el aumento de la inflación y un endeudamiento creciente.

Dado que muchos líderes de ambos partidos esperan que los Demócratas pierdan una o ambas cámaras del Congreso, los funcionarios de la Casa Blanca temen que Biden no pueda aprovechar la oportunidad de aprobar leyes que aborden muchas de las principales prioridades de su partido.

El presidente y su equipo están especialmente deseosos de recordar a los estadounidenses los progresos que han hecho con respecto a la pandemia, la campaña nacional de vacunación y a la economía, que en muchos aspectos ha vuelto a la normalidad. Pero cada semana hay nuevos recordatorios de la persistencia del coronavirus, como el reciente anuncio de que Harris había dado positivo.

A la vicepresidenta se le recetó Paxlovid, la píldora antiviral de Pfizer, y su oficina dijo que trabajó durante toda la semana pasada desde el Observatorio Naval de EEUU, su residencia oficial.  Kate Bedingfield, la directora de comunicaciones de la Casa Blanca, anunció el viernes que también había dado positivo.

Biden asistió el sábado a la cena de corresponsales de la Casa Blanca, un evento en el que participan cientos de personas en un único salón de baile, en medio de la creciente preocupación de algunos expertos médicos de que pudiera contraer el virus. "Es un gran honor para mí hablar esta noche en el evento supercontagiador más distinguido de la nación", dijo a los asistentes el comediante Trevor Noah, quien tomó la palabra después de Biden.

Aun así, los Demócratas mantienen que ostentan un sólido historial para mostrar, aunque muchos reconocen que podrían promoverlo mucho mejor.

"Estamos viviendo tiempos muy difíciles en este momento, pero mi esperanza es que este presidente y los Demócratas en general salgan a hablar de las cosas buenas que hemos hecho", dijo Rice, la legisladora de Nueva York. "Podríamos hacer un mejor trabajo hablando sobre las cosas que hemos logrado".

Washington Post -  Tyler Pager

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