La Guardia Suiza del Vaticano.

Una inusual entrevista del Papa Francisco alimenta las esperanzas de un esfuerzo de mediación diplomática por parte de la Iglesia, opina Christoph Strack.

El Papa Francisco habla sin tapujos. Nombra a Putin como responsable de la agresión rusa en Ucrania. Compara la muerte de miles de civiles inocentes con el genocidio de Ruanda y, contraviniendo toda formalidad, muestra poco aprecio al patriarca ortodoxo ruso Cirilo.

Por fin. Desde la invasión rusa del 24 de febrero, el Papa ha expresado repetidamente su empatía con el sufrimiento del pueblo ucraniano, pero ha callado sobre las razones de este sufrimiento. Parecía como si una fuerza de la naturaleza hubiera arrasado el país. Lo más espectacular fue la visita en un coche pequeño y sin mucho protocolo al embajador ruso ante la Santa Sede. Un "gesto claro que el mundo puede ver", dice el Papa.

"¿Cuántas divisiones tiene el Papa?"

Así que Francisco pone fin a su discurso, que ha parecido tan diplomático durante semanas, y que no hacía mención a ninguna responsabilidad. ¿Y en cambio? Concede una entrevista a uno de los principales periódicos italianos, al redactor jefe del "Corriere della Sera" y su adjunta. El texto aparece como un informe, por lo que el periódico se abstiene de formularlo como una entrevista clásica. Y eso, con este tema tan candente, puede resultar sorprendente.

"¿Cuántas divisiones tiene el Papa?" Esta gran pregunta se atribuye al dictador soviético José Stalin. Con estas palabras, en 1945, en la fase final de la Segunda Guerra Mundial, se dice que dejó claro su desprecio por el líder espiritual cuando se trataba de su papel de aliado. Según Stalin, las guerras se libraban "con soldados, cañones y tanques".

Ahora, 77 años después, el presidente ruso, Vladimir Putin, parece pensar de manera similar. Pues Francisco describe que quiere visitar a Putin en Moscú, que su cardenal secretario de Estado transmitió este deseo al Kremlin hace semanas, pero que desde entonces no ha pasado nada. Francisco sigue esperando una respuesta.

Como un cura de barrio en Buenos Aires

Enmarcado en una charla sobre su dolor de rodillas y la política interna italiana, todo esto se presenta como un ejemplo más del extraño trabajo de relaciones públicas de este Papa, que incluso en un tema tan serio actúa como un cura de barrio en Buenos Aires. Como si se tratara de mantener una pequeña charla con el redactor en jefe. Aparentemente ya pasaron los días en los que observaciones tan fundamentales sobre una cuestión mundial como las que contiene este texto se encontraban en un discurso al cuerpo diplomático.

Pero tal vez ese sea precisamente el pensamiento del Papa sobre la pregunta célebre de José Stalin. Pues aún hoy, el jefe de la Iglesia católica no dispone de armas y solo cuenta con la pequeña fuerza de aspecto folclórico de la Guardia Suiza. No, las tropas del Papa, si existen, son los medios de comunicación, la opinión pública, su juicio público.

Pues Francisco pronuncia una sentencia sorprendentemente clara. Desde el punto de vista ecuménico, sería un escándalo en tiempos normales: el Papa pone en evidencia a su homólogo ortodoxo ruso, Cirilo, que desde hace tiempo cultiva una relación íntima con el Kremlin y el presidente Putin y no se cansa de maquillar teológicamente las atrocidades cometidas por los rusos en Ucrania. En términos de protocolo, se trata de dos personas del mismo nivel que se saludaron con un abrazo como "hermanos en Cristo" en su único encuentro hasta la fecha. Ahora Francisco describe la aparentemente extraña escena de cómo Cirilo, durante una llamada telefónica por Zoom, le recitó durante 20 minutos "justificaciones para la guerra" preformuladas por escrito. A continuación, el Papa habla de un "clérigo de Estado" que utiliza el lenguaje de la política y advierte al patriarca que no se "convierta en monaguillo de Putin".

¿Una nueva Conferencia de Helsinki?

¿Así que todo sigue igual después de esta extraña entrevista? ¿El papa como orador sin tropas propias? Teniendo en cuenta lo que se oye desde Roma, es de esperar que no sea así. Un portal del Vaticano en español, bien informado, reportó los extensos esfuerzos de los líderes de la Iglesia para establecer una conferencia internacional para un acuerdo de paz. Además de Francisco, se menciona al cardenal secretario de Estado y al secretario de relaciones exteriores del Vaticano.

Como formato, se establece explícitamente la comparación con la "Conferencia de Helsinki". En 1975, durante la Guerra Fría, estadounidenses, canadienses, soviéticos y una buena treintena de Estados europeos lograron algo sin precedentes en la "Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa" (CSCE) celebrada en la capital finlandesa: el compromiso de cooperación, de respeto de la inviolabilidad de las fronteras, y de resolver los conflictos de forma pacífica. Hasta el día de hoy, este sigue siendo un gran hito europeo.

¿Helsinki de nuevo? ¿Podrían Francisco y las iglesias lograr ese objetivo? ¿Tendrían suficientes aliados diplomáticos, a falta de tropas? Es posible que la entrevista del Papa, con su clara crítica a Rusia, pero al mismo tiempo su discreta crítica a la lógica armamentística de Occidente, sea un paso en ese camino. Aunque las noticias diarias y las terribles imágenes de Ucrania dejan pocas esperanzas al respecto por el momento.

(gg/ers)