RAÍCES. A Cindy la llena de satisfacción su identidad y sus raíces, que ahora son la conexión con los pacientes de la comunidad. | Foto: cortesía / El Tiempo Latino.

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Cindy Reyes es técnica en enfermería egresada de la Carlos Rosario International Public Charter School, mujer trans y latina, que ha tenido un rol crucial como profesional de la salud en medio de la pandemia, sobre todo para las personas más vulnerables de nuestra comunidad que no hablan inglés desde su trinchera de trabajo en un hospital local de Washington DC.

 “Ver las caras de felicidad cuando ven que uno habla español y se ofrece para ayudar, cuando uno les dice ‘estoy para ayudarle, cualquier cosa llámeme’, es una satisfacción. En muchas ocasiones tuve que ayudar a traducir”, dijo Reyes a El Tiempo Latino.

La empatía por el prójimo motivó a Cindy a convertirse en enfermera. Un día, hace 20 años, ella fue una paciente que no supo cómo comunicarse porque no hablaba inglés. 

EXPERIENCIA. Lo más difícil de traducir para los doctores son las palabras locales o los modismos que utilizan algunos hispanos, dijo la enfermera. | Foto: captura de pantalla de El Tiempo Latino.

“Yo fui María, Pedro, José o Xiomara. Llegaba al hospital y solo decía ‘yes, yes’ o ‘sí, sí’, regresaba a la casa, botaba los documentos del hospital y no sabía ni qué me habían diagnosticado. No hay satisfacción más grande que escuchar a una persona que está en condición de salud difícil, que le diga a una ‘qué bien que va a estar conmigo y que habla español’, eso no tiene precio”, comentó.

Pero, además, a Cindy la llena de satisfacción su identidad y sus raíces, que ahora son la conexión con los pacientes de la comunidad que necesitan a alguien que sepa cómo transmitir sus sentimientos o sus padecimientos a los médicos o especialistas de salud en los hospitales.

Entender el dolor de los pacientes

Una de las anécdotas que más recuerda esta enfermera originaria de El Salvador, es cuando asistió a un compatriota suyo, que estaba bajo una condición de salud muy complicada. Recuerda que entró a la habitación y se dio cuenta que la hermana del paciente no entendía lo que el médico trataba de explicarle. 

“La persona estaba muriendo por complicaciones de diabetes, su cuerpo ya estaba entrando a sepsis. Cuando entré al cuarto, me di cuenta de que la doctora le hablaba en inglés y lo único que la señora respondía era “sí, sí”. La doctora trataba de explicarle que si ella se lo trataba de llevar a otro hospital, en el camino podía morir porque su condición era tan delicada, que sacarlo del lugar era arriesgado y llevarlo a otro centro donde la hermana pensaba que se podía curar, era peligroso”, recordó. “Ahí me di cuenta de que tenía que intervenir. Hay que ser cuidadosos en los hospitales, porque en teoría, si no eres un traductor certificado no puedes traducir, pero a veces no se tiene tiempo de andar llamando a los traductores”.

Lo más difícil -señaló Cindy- de traducir para los doctores son las palabras locales o los modismos que utilizan algunas personas de acuerdo con la región o a su país de origen.

“Por ejemplo, una paciente decía que le dolía la barriga o en otra ocasión decía que tenía váguido, que quiere decir que está mareado. Los traductores hacen lo que pueden, pero hay momentos en los que hay que hacerlo, como enfermera, para ayudar”, contó.

Una experiencia de vida

La enfermería y la atención a los pacientes de la comunidad también le han mostrado lecciones de vida importantes a esta mujer trans. 

Cindy recordó que en otra ocasión asistió a una persona que estaba ciega debido a la diabetes. A la mujer se le había hecho difícil comunicarse cuando ingresó al hospital porque no hablaba inglés y Cindy fue esa luz que necesitaba en medio de la dificultad.

“Me presenté y me habló con acento salvadoreño. ‘Ay mamita, yo le doy gracias por que se me ha hecho difícil comunicarme y empezó a contarme sobre su enfermedad y me dijo que mi voz se le hacía conocida”. Después le confirmó que había vivido en la 960 de la Randolph y que era la vecina del piso de abajo. 

En ese momento Cindy reconoció quién era esa paciente. Se trataba de una mujer que en el pasado la había discriminado por su identidad de género. Después de que la asistió y le ayudó, la mujer conmovida se disculpó con su enfermera.

“Ese día por la tarde me dijo: ‘mire, yo sé que a usted le tuve mucho odio y le quiero pedir perdón’. Yo le dije que nunca la odié y que me sentía muy bien de ayudarla. Creo que si usted puede hacerle entender a una persona que nosotros somos más de lo que ellos piensan, yo creo que mi misión en este mundo se cumplió”, dijo.

Cada persona que deja el hospital porque no pudo ganar la batalla contra la enfermedad con la que luchaba es un recordatorio para Cindy de que la empatía es muy necesaria cuando se trabaja en el sector de la salud o del servicio. Cada paciente, dice esta enfermera, deja una huella en su corazón.