El consejero delegado de la Reserva Federal, Jerome Powell, durante una conferencia de prensa para anunciar el aumento de tasas de interés de esta semana. FOTO: EFE/EPA/JIM LO SCALZO.

Al presidente de la junta directiva Jay Powell le toca reconocer que el dinero gratis ha llevado los precios de los activos hasta niveles insosteniblemente altos.

Esta semana, la atención de los inversionistas estuvo decididamente puesta en la Reserva Federal. Y no es de extrañar. El miércoles, el banco central de Estados Unidos subió las tasas al ritmo más agresivo de los últimos 22 años al tiempo que el presidente de la Fed Jay Powell reconocía por fin lo evidente: la inflación es "demasiado alta".

Pero al analizan las palabras de Powell, los inversionistas deberían pensar en uno de los bancos centrales que se encuentra al otro lado del mundo: el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda (RBNZ, por sus siglas en inglés).

En los últimos años, este pequeñín ha sido a menudo un insólito precursor de grandes tendencias mundiales. A finales del siglo XX, por ejemplo, el RBNZ fue pionero en lo que se refiere a fijar metas de inflación.  Más recientemente, introdujo los informes sobre el impacto medioambiental de las inversiones antes que la mayoría de los demás bancos centrales.

El año pasado, empezó a endurecer la política antes que la mayoría de los demás bancos centrales. Y esta semana fue más allá: su último informe de estabilidad financiera advierte de la “posibilidad” de una caída "desordenada" de los precios de la vivienda, debido a que la era del dinero gratis ha llegado a su fin.

Como era de esperarse, el RBNZ también dijo que espera evitar una crisis desestabilizadora.  Pero el punto clave es el siguiente: los banqueros centrales en la tierra del kiwi saben que tienen una burbuja financiera en sus manos, dado que los precios de los inmuebles se han disparado un 45 por ciento en los últimos dos años y "se estima que todavía están por encima de los niveles sostenibles".  Esto refleja tanto las tasas ultrabajas como las pésimas políticas nacionales de vivienda.

Y ahora le está informando al público y a los políticos que esta burbuja tiene que desinflarse, idealmente sin problemas.  Ya no existe la opción de venderle el problema a la autoridad monetaria, ni una red de seguridad del banco central para evitar la caída de los precios.

Ojalá que la Reserva Federal fuera igual de honesta y directa.  El miércoles, Powell trató de dar claridad, diciendo al pueblo estadounidense que la inflación está creando "importantes dificultades" y que es necesario subir las tasas "inmediatamente" para contrarrestarla. También declaró su "tremenda admiración" por su predecesor Paul Volcker, quien subió las tasas para atajar la inflación hace cinco décadas, incluso a costa de una recesión.

Sin embargo, lo que Powell no hizo fue hablar de los precios de los activos, y mucho menos admitir que éstos están tan inflados por el dinero barato que es probable que caigan cuando la política cambie.

Un purista monetario podría argumentar que esta omisión simplemente refleja la naturaleza del mandato de Powell, que es "promover el máximo empleo y los precios estables para el pueblo estadounidense", como dijo el miércoles.  En cualquier caso, la evidencia sobre el riesgo a corto plazo de las caídas de los precios de los activos es variada.

Sí, el S&P 500 ha entrado en territorio de corrección dos veces este año, con notables descensos en las acciones del sector de tecnología.  Sin embargo, los índices bursátiles estadounidenses subieron un tres por ciento el miércoles, después de que Powell adoptara un tono más moderado de lo esperado al descartar una subida de 75 puntos básicos en la próxima reunión.

Y no hay ninguna señal de que los precios de los inmuebles estadounidenses vayan a bajar en este momento.  Por el contrario, el índice Case-Shiller de precios de las viviendas está un 34 por ciento más alto que hace dos años, según los datos más recientes (de febrero).

Sin embargo, resulta inverosímil que Powell pueda atacar la inflación de los precios al consumo y dejar intactos los precios de los activos. Al fin y al cabo, un factor clave que ha elevado tanto los precios es que el balance general de la Reserva Federal, de 9tn (millones de millones) de dólares, prácticamente se duplicó durante la pandemia de COVID-19 (y se ha multiplicado por nueve desde 2008).

Y, posiblemente, el aspecto más significativo de la decisión de la Fed del miércoles no es esa subida de 50 puntos básicos de las tasas, sino el hecho de que se comprometió a empezar a reducir sus tenencias de hipotecas y bonos del tesoro en $47,5 mil millones cada mes, a partir de junio, y a acelerar esta reducción hasta alcanzar los $90 mil millones mensuales a partir de septiembre.

Según los cálculos de Bank of America, esto implica una reducción del balance general de $3tn (en otras palabras, un endurecimiento cuantitativo o QT por sus siglas en inglés) en los próximos tres años.  Y es muy improbable que el impacto de esto ya esté reflejado en los precios.

Al fin y al cabo, nunca se había producido un QT de esta magnitud, lo que significa que ni los funcionarios de la Fed ni los analistas del mercado saben realmente qué esperar de antemano.  O como señala Matt King, analista de Citibank: "La realidad es que el endurecimiento aún no ha comenzado".

Por supuesto, algunos economistas podrían argumentar que no tiene sentido que la Fed explique ahora este riesgo al precios de los activos, dado que esto podría perjudicar la confianza. Eso no haría a Powell popular, teniendo en cuenta que la Casa Blanca se enfrenta a unas difíciles elecciones, ni le ayudaría a lograr su objetivo declarado de un aterrizaje económico "suave" (o "un poco suave"), dado que el ánimo de los consumidores ha sido titubeante en los últimos meses.

Pero la razón por la cual es necesario hablar con claridad es que la docena de años de política ultralaxa hizo que muchos inversionistas (y hogares) se volvieran adictos al dinero gratis, y piensan que es permanente.  Además, dado que en los últimos años la Fed repetidas veces rescató a los inversionistas de una rápida corrección de los precios de los activos — la más reciente fue en 2020 — , muchos inversionistas tienen la suposición innata de que hay una "opción de venta" a la Fed.

Así que, si Powell realmente quiere emular a su héroe Volcker, y tomar medidas duras para la salud económica a largo plazo, debería seguir el ejemplo neozelandés, y decirle a los ciudadanos y políticos estadounidenses que el dinero gratis ha elevado los precios de muchos activos hasta un nivel insosteniblemente alto.

Puede que eso no le haga ganar admiradores en el Congreso.  Pero nadie pensó nunca que sería fácil desinflar una burbuja de precios de activos multimillonaria.  Y la Reserva Federal tiene más posibilidades de hacerlo sin problemas si empieza en el corto plazo y de manera gradual.  La reunión del miércoles ha revelado las consecuencias de quedarse callado.

Gillian Tett

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