Snapchat ha tomado la delantera en usuarios y crecimiento frente a Twitter y Facebook respectivamente. FOTO: Bloomberg por Andrew Harrer.

La aplicación tiene ahora 100 millones de usuarios más que Twitter y su base de usuarios está creciendo más rápido que la de Facebook.

Los inversionistas en redes sociales pueden ser tan caprichosos como los adolescentes. Cuando Snapchat salió al mercado hace una década aproximadamente, era considerada poco más que una aplicación de sexting.  Debido a su gran popularidad entre los usuarios, en aquel momento protagonizó la mayor salida a Bolsa del mercado tecnológico desde Facebook.  A los pocos meses se descartó como un fracaso de Wall Street y ahora vuelve a tener demanda.  Su rebote deja algunas lecciones para Elon Musk, para aplicar en su adquisición de Twitter.

Si retrocedemos unos años, no estaba claro que la empresa matriz de Snapchat, Snap, fuera a sobrevivir.  Instagram había copiado sus mejores funciones y las había convertido en una aplicación brillante con mil millones de usuarios.  A principios de 2019, Snap perdía dinero. Las acciones se cotizaban por debajo del precio al que habían debutado en la Bolsa dos años antes y las apuestas contra la empresa aumentaban.  Según mis cálculos, tenía unos tres años para cambiar la situación antes de quedarse ilíquida.

Tres años después, la empresa lo ha conseguido.  Ha mejorado su negocio de publicidad digital y ha saneado sus finanzas.  El haberse concentrado en pequeños grupos y mensajes privados le ha permitido tener 100 millones de usuarios más que Twitter.  Su base de usuarios está creciendo más rápido que la de Facebook.

Lo más importante es que ha recuperado su popularidad entre el público joven.  Quien no es usuario habitual de Snapchat puede que se sorprenda, pero en Estados Unidos, Snapchat tiene más usuarios de la Generación Z entre sus adolescentes y jóvenes de 20 y pico de años que TikTok, Twitter, Facebook o Instagram, según datos de eMarketer.  Esa fuente es muy valorada por la industria de la publicidad digital, de la cual dependen las empresas de redes sociales.

La generación que creció usando Internet parece valorar la privacidad por encima de las constantes muestras de popularidad públicas.  Incluso yo (mucho mayor) veo que el mismo cambio está ocurriendo en mis propias redes sociales.  Los grupos privados en Telegram y WhatsApp están creciendo con fuerza.  Solo un puñado de amigos sigue promoviendo sus noticias de manera pública en Facebook o Instagram.

Evan Spiegel, cofundador de Snap junto a Bobby Murphy, tiene escasos 30 años. Pero aún así es demasiado mayor para la franja de edad que abarca la Generación Z.  Sin embargo, cuando le pregunté por qué creía que Snapchat había conservado el público joven, apuntó hacia los mensajes privados.

"Bobby y yo crecimos con las redes sociales", dijo.  "Creo que el hecho de que puedas comunicarte en Snapchat con los amigos que te importan, sin preocuparte de competir por tener “me gusta” y comentarios del público, significa que hay toda otra vía de autoexpresión".

A estas alturas, todo el mundo sabe que las redes sociales pueden hacer que las personas se sientan terriblemente mal consigo mismas.  Los grandes foros pueden derivar en discusiones, y los mensajes públicos pueden actuar como un carrete de mejores momentos, dando a los seguidores la falsa impresión de que todo el mundo, excepto ellos, tiene una vida perfecta.  TikTok ha encontrado el éxito en vídeos más relajados y menos producidos. Pero el público al que va dirigido son los desconocidos, no los amigos.

Esto es una mala noticia para las empresas que quieren que los usuarios interactúen con el mayor número posible de personas conocidas.  En 2019, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, declaró que el futuro estaba en los servicios privados.  Pero su empresa, Meta, no ha conseguido convertir su aplicación de mensajería privada, WhatsApp, en una fuente de ingresos significativa.  Twitter está probando una función llamada Círculos, en la cual los usuarios comparten tuits con un grupo selecto.  Pero acumular un gran número de seguidores sigue siendo la medida del éxito en la plataforma.

La popularidad de Snap no se debe únicamente a los mensajes privados.  Hizo cambios a su aplicación para Android, vendió poco menos de $5 mil millones de deuda convertible para crear un colchón de efectivo y produjo nuevas ideas para mantener a los usuarios comprometidos.  En una entrevista realizada el año pasado a usuarios de Snapchat adolescentes hasta personas de poco más de 20 años, se descubrió que les gustaba la aplicación por todo tipo de razones, como enviar mensajes a sus amigos, vigilar a sus ex parejas mediante la función Mapa y mirar sus propias fotos guardadas.

No todo ha cambiado.  Snap sigue insistiendo en referirse a sí misma como una empresa de cámaras cuando es más conocida por su aplicación de redes sociales.  Sigue apostando por el hardware, y recientemente lanzó un pequeño dron amarillo llamado Pixy.  Y sigue generando pérdidas, aunque se prevé que este año registre ingresos netos positivos. Como todas las empresas de redes sociales, no ha encontrado una forma efectiva de generar ingresos más allá de la publicidad digital.

Pero Spiegel, cuyos correos electrónicos filtrados de sus años en la fraternidad - y por los cuales se ha disculpado - mostraron que alguna vez fue, como dijo TechCrunch, "un poco idiota", ya ha madurado.  Y lo mismo ha hecho su empresa.

Mientras la atención de los inversionistas disminuía, Snap desarrollaba su negocio y al mismo tiempo apostaba por un futuro de realidad aumentada.  Participa ahora en acuerdos comerciales al tiempo que invierte en otros más atrevidos. Este año compró la empresa francesa NextMind, que está desarrollando una tecnología que permitiría a los usuarios controlar imágenes virtuales con la mente.

Tal vez lo más importante del cambio de Snap es el beneficio de la experimentación sin la presión de las altas expectativas de los inversionistas.  Al convertir a Twitter en una empresa privada, Musk podría hacer lo mismo.

Elaine Moore

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