VENEZOLANOS. Yhonny (izq.); Mercedes, Eduardo y sus hijos, junto a Juan Carlos y Henry, pocos minutos después de haber llegado a Washington DC.

La travesía que pasan muchos inmigrantes para llegar a Estados Unidos no termina cuando cruzan la frontera sur del país y se entregan a agentes de la Patrulla Fronteriza.

Para algunos venezolanos que son procesados en Texas por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, conocido como ICE, que abordaron los buses enviados por el gobernador de Texas, Greg Abbott hasta Washington DC, el futuro se vuelve hasta incierto.

En distintos comunicados, las autoridades de Texas aseguran que los inmigrantes se suben a los buses de manera voluntaria.  Pero lo cierto es que ante la falta de opciones y de información, los que abordan las unidades lo hacen sin saber hacia dónde se dirigen, qué será de su situación, a dónde deben presentarse para su próxima cita de migración o qué les espera al llegar a un destino desconocido: Washington DC.

“No había pasado ni 15 minutos que salimos del lugar donde estábamos (centro de procesamiento de ICE en Texas), cuando llegaron unas personas a decirnos que si queríamos ir Washington y pues, como no conocemos, muchos nos subimos a los buses. Habían tres”, dice Henry, mientras titirita de frío frente a Union Station y cuenta sobre el viaje.

El trayecto duró tres días, narra Henry y en eso se incorpora, arropándose con una manta blanca, Juan Carlos, otro venezolano que viajaba en la misma unidad. “Qué frío está haciendo aquí, por Dios…”, comenta apretando con fuerza la cobija.

¿Y usted por qué vino a Washington?

 “Pues, a mí me dijeron que si quería irme en el bus con ellos (el grupo en el que viaja también Henry)”, comenta Juan Carlos mientras se saca de la bolsa del pantalón tipo jogger que usa, un papel que de inmediato empieza a desdoblar.

“Además, aquí en el papel que me dieron en la frontera dice que tengo la cita en Washington, por eso también me subí al bus”, agrega.

En realidad, el documento que le entregaron en el centro de procesamiento en la frontera a Juan Carlos dice que la cita que tiene programada para junio en la corte de migración es en Seattle, Washington. No en Washington DC.

“Como uno no conoce este país, no sabe nada y no tenemos teléfonos para averiguar… ¿qué podemos decir?”, asegura mientras continúa con una pregunta: “Pero… la cita se puede cambiar para este lugar?”.

La selva une a los inmigrantes

Juan Carlos tiene más preguntas. Henry quiere olvidarse un poco del frío y se arrima a un árbol. En ese momento llega Eduardo, otro pasajero del bus, también originario de Venezuela y los saluda. Detrás de él, un niño corriendo se apresura a abrazar a Henry y unos segundas después se incorpora al grupo Mercedes, quien carga a su hija, de unos tres años, en brazos.

Eduardo y Mercedes, salieron de Venezuela junto a sus hijos. La falta de oportunidades, la economía y la situación político los obligó a dejar su país para cruzar la selva y llegar a Estados Unidos.

“Esto ha sido duro. Cuando hable con mi hermana le digo que ni loca se atreva a hacer esto que hemos hecho (cruzar el parte del continente americano) para venirse. Lo que hemos visto… no se lo deseamos a nadie. Mujeres violadas, los que se quedaban atrás golpeados. Nos dejaron en Darién a la buena de Dios, porque él nos ha protegido estamos aquí”, dice Eduardo. 

Eduardo, su esposa, sus hijos, Juan Carlos y Henry se conocieron poco antes de que los coyotes los dejaran solos en el Tapón del Darién, un tramo selvático muy peligroso que cruzan muchos inmigrantes entre Colombia y Panamá y que separa a América del Sur de Centroamérica. Desde ahí no se han separado. 

Para llegará acá, pasaron por Colombia, Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. Cuando salieron del centro de procesamiento en la frontera en Texas, se subieron juntos al bus que los trajo a DC.

La incertidumbre

Mientras Eduardo, Juan Carlos y Henry recuerdan todo lo que pasaron entre Suramérica y Centroamérica. Mercedes pide prestado un celular y trata, preocupada, de entrar a su cuenta de Facebook para enviarle a su familia un mensaje y hacerles saber que están bien y que llegaron a Washington, DC. 

Hace cinco días que no se han comunicado y desde que les robaron el celular en Honduras, cuando lo pusieron a cargar en un comedor donde descansaron por unas horas, han tenido que pedir prestado y pedir que les pasen datos para poder comunicarse. 

Así fue el teléfono que les entregó ICE. | Foto cortesía.

Sin embargo, esta vez no se puede conectar porque su cuenta le exige comprobar su identidad debido a que ingresó desde múltiples dispositivos en las últimas semanas. En la frontera, ICE les entregó a cada individuo y a cada grupo familiar, un teléfono inteligente, pero que solo puede ser utilizado para consultar la cita o para comunicarse con el oficial del caso. El aparato no sirve ni para hacer llamadas locales, ni para registrarse en las redes sociales.

Al llegar a DC, todos los inmigrantes que viajaban desde Texas fueron recibidos por voluntarios de algunas iglesias, de organizaciones de ayuda y de Catholic Charities. Luego, caminaron hasta una iglesia episcopal ubicada a unos 15 minutos de Union Station. Ahí aprovecharon para bañarse, comer algo y cambiarse de ropa. Las organizaciones recogen víveres y ropa previo a la llegada de los buses.

Pero a Mercedes le preocupa más que la ropa, lo que va a pasar con su familia en los próximos días, qué va a pasar con sus hijos, a dónde van a vivir o qué van a comer. Antes de entrar a la iglesia se despide un poco angustiada.

“Vamos a ver qué nos dicen aquí. Tal vez mañana podemos salir a hacer algo… No sé qué vamos a hacer…”, dice mientras intenta una vez más sin éxito ingresar a su Facebook para escribirle a alguien de la familia. 

La venezolana también intenta recordar el número de teléfono de su cuñada, no tiene ningún contacto porque en Honduras les aconsejaron deshacerse de todos los números de teléfonos de su familia para evitar que se los encuentren y que los traficantes o los coyotes quieren extorsionarlos más adelante.

New York: el siguiente destino

Unas tres horas después de que llegaron a DC, Mercedes sale de la iglesia para intentar nuevamente. Un poco agitada y agobiada, dice que van rumbo a New York. 

¿Cómo? ¿A qué hora se van?

“Ya, dicen que nos van a llevar a la estación del bus para que nos vayamos hoy mismo”, responde.

¿Pero por qué se van?

Eduardo, su esposo responde: “La verdad nosotros nos quisiéramos quedar aquí, pero ahí adentro (en la iglesia) nos dijeron que allá es mejor, que haya hay más organizaciones que nos pueden ayudar a encontrar casa más rápido que aquí. Entonces creo que tenemos que irnos”.

Henry, por su parte, dice que confía en que en New York podrán encontrar más apoyo y Juan Carlos trata de averiguar qué tan lejos está Seattle de la Gran Manzana. 

“Pues nadie nos dijo nada, solo nos han dicho que vamos a estar mejor allá. Yo quiero saber si puedo cambiar la cita esta o si mejor me voy para ese Washington del papel”, dice Juan Carlos.

Después de 15 minutos, empezaron a caminar hacia Union Station. Solo dos inmigrantes que viajaron con el grupo decidieron quedarse en Washington DC, el resto partió para New York. Allá los recibieron otros voluntarios y los llevaron a un albergue, ubicado cerca de Central Park.

Mercedes, Eduardo y sus hijos fueron llevados a un apartamento donde una familia les dio alojamiento. Una semana después de haber llegado a DC, la incertidumbre se mantiene y la preocupación de no saber qué pasará al siguiente día, sigue latente.

Texas continúa enviando buses

El día que este grupo arribó a DC, las organizaciones que recibieron a los autobuses señalaron que 27 unidades habían llegado desde Texas, con aproximadamente mil inmigrantes. 

Pero el 15 de mayo, el gobernador Abbott, aseguró en un comunicado oficial que para ese entonces había enviado 35 buses, que transportaron a 922 inmigrantes, en su mayoría venezolanos. Ese mismo día, una voluntaria confirmó que habían llegado otros tres buses procedentes de Texas.

El lunes pasado, una voluntaria confirmó a El Tiempo Latino que esperan más buses en los próximos días y que tanto las iglesias como las organizaciones que apoyan están recaudando donaciones de ropa, alimentos no perecederos y de donaciones en efectivo para cubrir algunos gastos.

Además, el lunes también se supo que el gobernador de Arizona aseguró que también enviara buses con inmigrantes a Washington DC en los próximos días para sumarse al rechazo de Abbott a las políticas de la Casa Blanca y a la cancelación del Título 42.

El tema de la llegada de los autobuses y de la cantidad de inmigrantes que son transportados en ellos se sigue manejando con hermetismo. Algunas personas que recibieron a los inmigrantes dijeron en condiciones de anonimato que con esta medida las organizaciones y Catholic Charities buscan proteger a las personas y evitar que sus derechos sean vulnerados.

Ayude a comprar suministros para los inmigrantes a través de esta lista de deseos que diversas organizaciones han centralizado aquí: bit.ly/TXsolidaritysupplies

También puede hacer sus donaciones a través de PayPal (preferido) o Venmo a @SanctuaryDMV con "TX Solidarity"

Si quiere servir como voluntario, ofrezca su tiempo, casa o automóvil llenando el siguiente formulario: bit.ly/dcmigrantsupport22