La comercialización de autos indocumentados, robados en Chile o introducidos de contrabando, se ha normalizado tanto en Bolivia que algunos ‘propietarios’ exigen una amnistía. Dos especialistas ven en ello un quiebre de las instituciones del Estado. 

Por Ernesto Estramadoiro*| CONNECTAS

“Seguiré chuteando por ti amor...sigo trabajando por nuestro hogar... pase lo que pase sin miedo yo voy”... Así dice el estribillo de un hit musical muy popular que recorre YouTube y Tik Tok al ritmo de cumbia chicha o huayno sureño, un ritmo muy popular en el altiplano boliviano, peruano y chileno, donde su intérprete, Simón La Torre, es considerado un rey. La música es pegajosa, pero llama la atención porque dignifica el tráfico de vehículos indocumentados o ‘autos chutos’, como los llaman en Bolivia.

Más allá de lo anecdótico de este hit que circula por internet, incluso para promocionar la venta de estos autos por TikTok y otras redes como Facebook, el mismo demuestra hasta qué punto se ha normalizado en ese país una actividad ilícita, por no decir delictiva. 

El tema vuelve a tener relevancia en Bolivia después que el canal Meganoticias de Chile reveló la presencia de efectivos de la Policía en la venta de autos robados en el vecino país que eran comercializados, a la vista del público, en Yapacaní, un municipio ubicado en el departamento de Santa Cruz. Este hecho llevó a que el Gobierno del presidente Luis Arce Catacora ordenara intervenir a la Dirección de Prevención de Robo de Vehículos (Diprove).

Pero ¿por qué se ha vuelto hasta ‘cool’ traficar con autos ilegales? Gustavo Navarro, psicólogo y docente universitario, explica que la aceptación de este tipo de actividades ilícitas dentro de la estructura social no es un fenómeno boliviano. El especialista sostuvo a CONNECTAS que vivimos en una época donde la mirada del otro, “ya no tiene ese efecto limitante que se asociaba con la vergüenza, con el hecho de ser visto infraganti” cometiendo este tipo de delitos u otros.

“Todo lo contrario, lo que observamos es un empuje a exhibirse de manera desvergonzada, que ha encontrado tierra fértil en las redes sociales y que, a su vez, se relaciona con la banalidad de la criminalidad, que cada vez penetra más en la cultura popular, haciéndola más tolerable, como por ejemplo ha ocurrido con la corrupción”, señala. Esto ha generado lo que él llama una contrabando-cultura, en referencia a un término que se utiliza en México o Colombia para hacer alusión a la narco-cultura, es decir a la penetración cultural y social del narcotráfico.

El asunto ha llegado a tal nivel, que se realizan ferias de autos chutos públicamente y a plena luz del día. Y no es algo nuevo. A comienzos de la década de los noventa se realizó la primera feria de esos vehículos en Challapata (departamento de Oruro), luego aparecieron otras en diferentes puntos del país como Uncia (Potosí), Los Yungas (en La Paz), El Chapare (Cochabamba), Yapacaní (en Santa Cruz), Beni y la lista podría seguir. Una investigación transnacional denominada Mercado Negro de los Chutos realizada por los medios Página Siete de Bolivia, El Mercurio de Antofagasta (Chile), La Estrella de Iquique (Chile) y la plataforma periodística CONNECTAS, da mayores detalles sobre el modus operanti de la actividad ilícita.

La normalización llegó a tal punto que en 2011 el Gobierno del entonces presidente Evo Morales promovió una ley para nacionalizar, por única vez, hasta 100.000 vehículos ilegales. Después las normas se fueron endureciendo para evitar la llegada de más automotores, pero el negocio siguió, y sigue, en auge.

Tanto, que de ser un problema de la esfera penal, se ha convertido en un asunto social. Una década después un grupo de propietarios busca una nueva amnistía. Rubén Ferrufino preside una asociación de personas que adquirieron este tipo de vehículos. El hombre asegura que representa a un grupo importante que compró estos autos indocumentados porque, según él, no tuvieron otra opción ante los costos elevados del mercado legal.

Sostiene que su asociación no recibe a ninguna persona que hubiera adquirido un auto robado, pero si a los que compraron vehículos ilegales que ingresaron por la zona franca de Iquique, en Chile. Se trata de autos que sobrepasan el límite de antigüedad exigido en Bolivia para la importación, de entre tres y cinco años. “Los autos que queremos ingresar entraron con una hoja de reexpedición en Iquique y han pasado por Zofri, son autos indocumentados. Ahora los autos que tienen reporte de robos tienen documentación de otros países y no son parte de nuestra organización”, señaló.

El hombre asegura que tampoco entran autos clonados (con documentación adulterada). Además, sostiene que si ingresan autos ilegales no es su culpa sino del Estado, por no regular las fronteras, y de las importadoras legales por tener costos elevados. “Si las importadoras bajaran sus costos quizás no habría esta situación, porque nadie en la población tiene 15.000 o 17.000 dólares para comprarse un auto nuevo. Por eso hemos comprado estos vehículos indocumentados y no es nuestra culpa que ingresen”, dijo.

El dirigente señala que es necesario que el Gobierno dicte una nueva amnistía, y que en caso contrario se movilizarán. “Están confirmados los bloqueos a nivel nacional. El Gobierno debe mirar a este sector porque se vienen días difíciles”, advierte.

Esa relativización del orden legal es un tema menor. Para el sociólogo Fernando Figueroa, este tipo de demandas demuestra un debilitamiento de la institucionalidad ante la excesiva corrupción y la poca credibilidad del Estado, cuyos representantes en varios niveles incluso participan del negocio. En algunos municipios rurales muchos de estos vehículos circulan con placas municipales porque algunas autoridades llegan a tolerar estas cosas. “Tienes una Policía con bastantes cuestionamientos en su función. Hay un poder judicial débil en cuanto al ejercicio de los derechos. Ante esta ausencia se debilita la institucionalidad porque las entidades encargadas de velar por la seguridad y justicia no responden”, dijo.

Ante este vacío, según Figueroa, lo ilegal se puede convertir en legal mediante el uso de recursos económicos para corromper a las autoridades, o en el caso de la asociación de Ferrufino, de la presión social en las calles.

“Esto se viene gestando desde hace muchos años. Hay un día denominado la noche de los Búhos, en la frontera con Chile, donde un solo vehículo tiene la luz encendida y detrás de ellos hay una caravana larga de autos ‘chutos’ y hasta contrabando”, detalla.

¿Camino a la anarquía?

A pesar de todo, tanto Navarro como Figueroa descartan que Bolivia esté en tránsito a convertirse en un país donde reine el caos, porque aún hay cierto respeto por la ley. “Habría que reajustar las instituciones para que los ciudadanos volvamos a creer en ellas. Pero también se tiene que asumir que nosotros somos parte de este problema porque toleramos y nos hacemos los de la vista gorda”, agrega Figueroa. Para Navarro, “si por un lado tenemos una precarización laboral cada vez mayor y el aparato productivo nacional cada vez más deteriorado, no han cesado las exigencias tremendas de éxito monetario sobre las personas. Por eso es muy fácil que las mismas adopten este tipo de prácticas delictivas”, dijo.

Es más, la actividad de los ‘chuteros’ se ha convertido en una vía para ascender socialmente e incluso llegar a acumular cierta riqueza, dentro de un país con un terrible nivel de pobreza e informalidad laboral, apunta Navarro. “Pero no diría que se trata solo de ausencia del Estado, porque a veces existe una gran presencia de cualquiera de los tres niveles, pero como cómplice de estos delitos”, cierra.

El tema es complejo. Figueroa es de la idea de que para lograr un cambio profundo se necesita trabajar en la educación y en valores, aunque admite que eso llevará muchos años en dar frutos. Pero de no hacerlo, según el especialista, Bolivia se acercaría a la anomia, un término usado para calificar la desorganización social o el aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales.

“Esto es una enfermedad social donde cada cual puede interpretar la realidad de acuerdo con su visión de poder, cada cual interpreta su interés como necesidad colectiva”, dijo. El tema es amplio y candente, pero mientras usted lee este artículo una persona está en la frontera protagonizando una noche de búhos, o en las redes sociales usando el pegajoso hit de Simón La Torre para vender un auto: “…chuterito yo soy, solo por ti, mi amor…. chuterito yo soy, por ti, mujer…”

@tapia3jt

chutero. soy💪💸🚛💪sin miedo

♬ sonido original - cumbia_chicha

* Ernesto Estremadoido es miembro de la comunidad de periodistas #CONNECTASHub en Bolivia

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