Los líderes de los países de la denominada alianza Quad, (I-D) el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, el presidente de EEUU, Joe Biden, el primer ministro de Japón, Fumio Kishida y el primer ministro de la India, Narendra Modi, durante una reunión para conmemorar la fundación de la alianza en ocasión de la visita del presidente estadounidense a Asia. EFE/EPA/Yuichi Yamazaki / POOL.

El primer viaje presidencial de Biden a la región tuvo dificultades para promover una agenda positiva.

Un error, una maniobra política interna, una hábil estrategia diplomática o un simple momento de honestidad: hay varias maneras de interpretar la promesa de utilizar la fuerza militar si China ataca a Taiwán que hizo Joe Biden esta semana durante su visita a Tokio. Lo que está claro es que la amenaza del presidente estadounidense contra China fue mucho más relevante que su voluntad de ofrecer un compromiso económico significativo hacia los socios estadounidenses en Asia.  Si EEUU se toma en serio la idea de ganar la contienda por tener influencia en el Asia del siglo XXI, ese no es el camino.

Los comentarios de Biden -es la tercera vez que hace observaciones similares- parecían dar marcha atrás a décadas de política estadounidense de "ambigüedad estratégica" sobre Taiwán. Una interpretación generosa diría que esa era la intención: disuadir la agresión de una China cada vez más poderosa. Sin embargo, ese análisis fue socavado por la Casa Blanca, que no perdió tiempo en retractarse una vez más de las palabras del presidente. El martes, un vuelo conjunto de bombarderos chinos y rusos con capacidad nuclear sobre el Mar de Japón -mientras Biden estaba en Tokio reunido con sus pares en la cumbre de la agrupación de seguridad Quad- demostró que ellos pueden sobrepasar cualquier amenaza que pueda hacer Estados Unidos.

Ambos incidentes significaron que el primer viaje de Biden a Asia como presidente -una oportunidad para reforzar las alianzas y mostrar que la región sigue siendo su principal prioridad en materia exterior, a pesar de la guerra en Ucrania- tuvo dificultades para producir una agenda positiva. Ese fue siempre el riesgo si el punto central de las iniciativas comerciales del viaje era el decepcionante Marco Económico Indo-Pacífico (IPEF por sus siglas en inglés).

Se trata de un acuerdo que no incluye un acceso significativo al mercado estadounidense, sino que promete ayuda en materia de energía limpia y estándares digitales comunes. El hecho de que 12 países asiáticos participen se debe en gran medida a los esfuerzos de Japón y no a que lo que Estados Unidos ofrece sea muy atractivo. En un momento en el cual China está cerrando grandes acuerdos comerciales regionales, como la Asociación Económica Integral Regional, es evidente que el IPEF no tiene suficiente fuerza. Esto hace que los países asiáticos, además de los obvios aliados de Estados Unidos, se pregunten por qué deberían molestarse en participar.

Pueden leer, como cualquier otro, las encuestas que muestran el índice de aprobación de Biden en territorio negativo. Asumen que será un pato cojo después de las elecciones de intermedias de noviembre. Y deben contar con la posibilidad de que Estados Unidos elija a un Republicano en 2024 -quizá incluso a Donald Trump nuevamente- que sea igual de belicoso con China a la vez que destroza las débiles iniciativas que ha ofrecido Biden.

Estados Unidos debería desempeñar un mejor papel. El IPEF podría convertirse en el vehículo de una política regional de comercio e inversión más significativa, pero solo si Biden está dispuesto a darle un contenido real. Lo ideal sería que Estados Unidos volviera al TPP, el acuerdo del cual Trump se retiró en 2017 y que desde entonces ha sido rebautizado como Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífica (TIPAT). También Biden decidió que las importaciones eran políticamente tóxicas y la oposición al TIPAT en el Congreso parece insuperable por ahora.  China, por su parte, está ansiosa por unirse al TIPAT, aunque su camino hacia su ingreso será largo y tenso.  El Reino Unido también solicitó entrar.  Si tiene éxito, podría desempeñar un papel útil en la intermediación de un regreso de Estados Unidos.

Pero para que EEUU siga ese camino, primero es necesario que Biden quiera cambiar la narrativa política interna sobre los acuerdos comerciales; que en vez de decir que ponen en riesgo los puestos de trabajo estadounidenses pase a afirmar que ayudan a cimentar la seguridad nacional.  Si EEUU quiere realmente ser el socio superpotencia atractivo en relación con China, debe elevar los aspectos diplomáticos y económicos de su compromiso con Asia hasta el mismo nivel que su compromiso militar en la región.

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