aborto en Estados Unidos
PROBLEMÁTICA. Detrás de los carteles a favor y en contra del aborto hay rostros que revelan la problemáticaMilagros Meléndez-Diesño ETL

El encuentro fue casual ese viernes por la mañana. Sabía que Carmen quería contarme algo, pero no presagié qué era. Entre una y otra plática sobre hijas, dietas y ejercicios no dilató más la confesión. Tomó un sorbo de café y mirándome con los ojos entristecidos soltó la primera frase. “Jani está embarazada”. Bajó la mirada y le di la mano, trayendo a mi memoria a la adolescente de sonrisa contagiosa, a quien conocí hace 10 años, cuando su madre y yo éramos voluntarias en el banco de comida de mi iglesia en Falls Church, Virginia.

Volvió a levantar la mirada y susurró: “No quiere tener al niño”. De pronto, el silencio cayó. Jani es la mayor de sus dos hijas.

  • ¿Cuántos meses tiene?, pregunté.
  • Dos semanas, se va por la tercera, contestó.

“No sé qué hacer para que cambie de opinión. Por favor, ayúdame a orar”, me pidió. 

Se fue al baño a lavarse el rostro. Me quedé sentada, procesando lo oído y recordé 1999 cuando Lidia, de 27 años me dijo que quería abortar. También vino a mi memoria 2003, cuando Alejandra, de 41, me confesó lo mismo. 

Como una película pasaron por mi mente las mujeres con las que recientemente he hablado sobre el aborto, tras avivarse el debate por unos documentos de la Corte Suprema que se filtraron a la prensa a principios de mayo, en los cuales se daba una opinión para revertir el fallo Roe v. Wade, que protege ese derecho desde 1973.

El máximo tribunal anunciará en junio su decisión final sobre la ley de Mississippi que prohíbe el aborto después de las 15 semanas de gestación. El borrador escrito en su mayoría por el juez Samuel Alito sostiene que la decisión Roe v. Wade debería ser anulada por tecnicismos y el tema debería devolverse a los estados. “Es hora de hacer caso a la Constitución y devolver el tema del aborto a los representantes electos del pueblo”, escribió en un apartado del documento de 98 páginas que tienen a la expectativa a la nación.

Dos docenas de estados ya han legislado o están avanzando proyectos para restringir el aborto; Oklahoma prohíbe cualquier aborto, excepto cuando la vida de la gestante se encuentre en peligro o cuando el embarazo es provocado por una violación o incesto; mientras que Texas lo prohíbe después de seis semanas de embarazo.

VOZ. Gina Alvarado, durante una manifestación en DC el 13 de mayo a favor del aborto sin restricción/Milagros Meléndez

“Van a ocurrir abortos inseguros”

Entre las mujeres con las que he conversado del tema, recordé a la peruana Gina Alvarado, residente en Baltimore, a quien encontré en la marcha “Bans off Our Bodies” (Sin prohibiciones a nuestro cuerpo) en Washington, DC, el sábado 14 de mayo, un día caluroso y húmedo. Con una mochila en la espalda, sostenía un cartel hecho con restos de una caja de cartón en el que había escrito en inglés “Cuando el aborto era ilegal, las mujeres usaban esto”, mostrando un gancho de ropa dibujado. “Abortos seguros son un derecho”, agregaba al pie del anuncio. Alvarado repetía a todo pulmón “¡aborto sin restricción!”, cuando desde la plataforma una de las organizadores daba esa arenga.

“No podemos retroceder. Si bien es cierto se está peleando por la privacidad y libertad de la mujer, el problema principal es la consecuencia a la salud pública, porque las chicas no van a dejar de tener abortos. Y lo que va a ocurrir es que se someterán a abortos inseguros”.

Mientras Alvarado hablaba efusivamente, su hijo de ocho años estaba sentado en el césped y su esposo al lado, con un cartel que decía “libertad y privacidad demandan gran autonomía”. “Estoy peleando por los derechos de mi niño”, decía Alvarado, a quién cuestioné sobre esa afirmación. Los hombres no quedan embarazados.

MAMÁ. Beatriz tiene cinco meses de embarazo. No se imagina que hasta los seis meses se pueda abortar. “Es matar a un inocente”, dice/Milagros Meléndez

 “Se está matando a un bebé, a un ser indefenso”

En el salón de mi estilista en Manassas me encontré el viernes 20 de mayo a Beatriz, una salvadoreña tímida, de pocas palabras, pero firme al señalar que “abortar es matar a un ser indefenso”. “No puedo imaginar quitarle la vida a un bebé”. Al tiempo que hablaba, tocaba su vientre abultado y lo frotaba lentamente como acariciándolo. De pronto sintió una patadita. Lazo tiene cinco meses de embarazo y dice que desde el momento que supo que estaba gestando, ya se imaginaba a su bebé. “Hay vida dentro de mi vientre y nadie lo puede negar”, dijo.

Las decisiones Roe v. Wade de 1973 y más tarde Planned Parenthood del Sudeste de Pennsylvania v. Casey, en 1992, determinaron que existe viabilidad para abortar hasta las 24 semanas.

La viabilidad se refiere a la posibilidad de sobrevivencia de un feto fuera del útero con o sin apoyo artificial.

“Desde el primer día de concepción ya hay vida. Es un bebé”. Sin embargo, dijo que sería muy difícil opinar en caso de incesto o violación. “Yo diría que se dé el bebé en adopción, pero al mismo tiempo tendría que estar en los zapatos de la víctima”.

CRISTIANA. Lenka Mendoza dice que es provida, pero está en contra de penalizar el aborto/Milagros Meléndez

“Soy provida, pero no creo que se debe penalizar el aborto”

He visto a Lenka Mendoza organizando marchas proinmigrantes, pero también la he visto activa en su iglesia de Woodbridge, Virginia. Ella es una peruana aguerrida, madre de dos jóvenes “dreamers” y una adolescente. Hace unos días sostuve con ella la misma conversación por teléfono. Estaba en una manifestación de jóvenes que apoyaban el derecho de la mujer a elegir abortar. Pese a sus creencias religiosas, Mendoza dice que no cree que el aborto se debe penalizar. “Como cristiana soy provida, y nunca aconsejaría a alguien para que se someta a un aborto. Criamos a mis hijos con esas mismas enseñanzas, pero también entiendo que Dios nos dio el libre albedrío (el derecho de elegir) por eso no estoy de acuerdo con imponer a nadie mis creencias y mucho menos juzgar a los demás por sus decisiones”.

“El derecho a la vida y cómo vivirla es exclusiva decisión de cada persona y las cuentas serán rendidas entre ellos y Dios”.

Al regresar Carmen del baño, todos mis pensamientos se diluyeron. De pronto me volvió a hacer otra confesión agarrándome la mano. “Yo también aborté. No quise hacerlo”. Su cuerpo empezó a temblar y lloramos juntas. No quise preguntar la razón. Me dijo que tenía apenas dos semanas y le dieron unas pastillas para interrumpir el embarazo.

Al publicar esta nota, su hija Jani, de 19 años, tiene tres semanas de embarazo.  “Ella está estudiando, quiere ser doctora y cree que el niño será una barrera para lograrlo. Yo le he dicho que le ayudaré a criarlo, pero es mayor de edad y tiene la decisión final”.

Vuelvo a retroceder en el tiempo y veo a Lidia, de 27 años y a Alejandra, de 41. Las dos decididas a abortar.

Lidia había terminado con su novio de tres años. Había sido una relación dolorosa y no se sentía con fuerzas ni capacidad para tener un bebé.

Alejandra sabía que después de los 40 años había ciertos riesgos en el embarazo y de que el niño naciera con Síndrome de Down u otra anomalía. También había roto con su novio y no tenía estabilidad laboral.

Sin embargo, un año después, me encontraba en el hospital con una bolsa de regalo para saludar a su bebé. Alejandra decidió continuar con el embarazo. Hoy Miguel tiene 19 años, es un jovencito lleno de vida. “Mi sol” como Alejandra lo llama.

Tal vez de aquí a ocho meses la historia se repita y me encuentre visitando a Jani en un hospital, con una bolsa de regalo, dándole la bienvenida a su bebé. Total, uno nunca sabe.

Para esta crónica se han cambiado los nombres de algunos de los personajes.