Algunos líderes del ALBA, incluyendo a los presidentes de Cuba, Miguel Diaz-Canel (c), de Venezuela, Nicolás Maduro (c-i), y de Bolivia, Luis Arce (c-d) posan para una sesión de prensa. FOTO: EFE/Ernesto Mastrascusa.

Muchos latinoamericanos sienten que Washington se ha desentendido de la región.

Los jefes de Estado del continente americano se reunirán en Los Ángeles la próxima semana en una cumbre cuyo desarrollo se ha visto ensombrecido por las discusiones sobre a quiénes deberían estar invitados, quién podría boicotear el evento y qué se puede lograr en el mismo.

Según el gobierno estadounidense, el presidente Joe Biden hará una importante declaración sobre migración en la Cumbre de las Américas y la reunión se centrará en cinco temas: gobernanza democrática; salud y resiliencia a las pandemias; energía limpia; medidas para hacer frente al cambio climático y transformación digital.

Washington promoverá una nueva agenda económica para América y se espera que la vicepresidenta, Kamala Harris, presente una iniciativa sobre el clima y la energía para el Caribe, donde los países insulares son especialmente vulnerables al cambio climático.

Pero en una reunión informativa previa a la cumbre, los funcionarios estadounidenses no mencionaron nuevas iniciativas de comercio e inversión, que es lo que buscan la mayoría de los gobiernos latinoamericanos.  Durante su campaña electoral, Biden prometió a los votantes estadounidenses que no firmaría nuevos acuerdos comerciales "hasta que hayamos hecho grandes inversiones aquí en casa, en nuestros trabajadores y nuestras comunidades".

Además, el 1.º de junio, el director para el Hemisferio Occidental del gobierno de Biden, Juan González, reconoció que la lista de invitados a la cumbre aún no estaba definida.

"Todavía tenemos que hacer algunas consideraciones finales", dijo en una conferencia de prensa, y se negó a decir si se invitaría a alguien de los gobiernos autoritarios de izquierda de Cuba, Nicaragua o Venezuela.

Washington dice que quiere que solo asistan líderes democráticos, insinuando que nadie de esos tres regímenes estará en la lista de invitados.  Pero esto ha provocado la respuesta negativa de otros países de la región, especialmente México, el aliado regional más importante de Estados Unidos.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo que todos los gobiernos de América deben estar invitados, independientemente de su inclinación política.  Ha amenazado con boicotear la cumbre y ha recibido el apoyo de los líderes de algunas naciones más pequeñas.

López Obrador reiteró hoy su intención de no asistir.  González dijo que Washington estaba manteniendo "conversaciones muy respetuosas y activas con México" sobre el tema.

Incluso algunos de los asistentes, como el argentino Alberto Fernández y el chileno Gabriel Boric, han criticado la restringida lista de invitados de Washington, mientras que Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadinas, en el Caribe, dijo que Estados Unidos estaba mostrando "una mala actitud".  Afirmó que no asistiría.

Esta será la novena Cumbre de las Américas.  Normalmente, invitan a todas las naciones, excepto la Cuba comunista, y la mayoría de los líderes asisten, aunque Donald Trump no estuvo presente en la última cumbre en Perú en 2018 cuando era presidente de Estados Unidos.  Su vicepresidente Mike Pence ocupó su lugar.

Durante un tiempo parecía que el brasileño Jair Bolsonaro podría boicotear la cumbre de la próxima semana. Fue cercano a Trump, aún no se ha reunido con Biden y su gobierno tardó en reconocer la victoria electoral de Biden en 2020.

"Me sentía inclinado a no asistir. Dado el tamaño de Brasil, no puedo ir allí solo para tomarme una foto", dijo Bolsonaro el mes pasado antes de criticar al presidente estadounidense. "Me encontré con él en el G20 [cumbre de las principales naciones económicas] y pasó como si yo no existiera, pero trató a todos de la misma manera".

Solo después de que Estados Unidos prometiera a Bolsonaro una reunión bilateral con Biden la próxima semana, el presidente brasileño aceptó ir.

Es posible que el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, tampoco esté presente. El mes pasado dijo que no asistiría después de que Estados Unidos sancionara a la fiscal general del país, acusándola de corrupción. Desde entonces, sin embargo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala ha dicho que el presidente podría ir a Los Ángeles.

Estados Unidos no ha confirmado ni desmentido si invitó al líder opositor venezolano, Juan Guaidó.  Washington lo considera a él -y no al presidente Nicolás Maduro- como el líder legítimo del país y, sin embargo, a pesar de ello, González y otros altos funcionarios estadounidenses volaron a Venezuela recientemente para hablar con Maduro.

La polémica sobre la lista de invitados amenaza con ensombrecer la reunión en un momento en que muchos latinoamericanos sienten que Estados Unidos se ha desentendido de su región.  China ya superó a Estados Unidos y se convirtió en el mayor socio comercial de Brasil, Chile y Perú, y es ahora una de las principales fuentes de inversión para otros países.

"Quizá el mayor reto en la región sea la sensación de que Estados Unidos no se compromete, de que no nos importa", dijo Marco Rubio, senador Republicano estadounidense, en una audiencia en el Senado el mes pasado.

"Muchos de estos países [latinoamericanos] vienen a nosotros y nos dicen: 'mira, no queremos hacer acuerdos de inversión con los chinos, pero ellos aparecen con un montón de dinero, sin condiciones, y ustedes no ofrecen ninguna alternativa'".

Rebecca Bill Chavez, presidenta del centro de estudios del Diálogo Interamericano en Washington, dijo el viernes que era "hora de que EEUU diera más información sobre algunas de las promesas que ha hecho".

"Se ha hablado de nuevos proyectos [de infraestructura] para la región, pero ha habido muy poca acción", dijo en una sesión informativa.  "También hemos oído hablar mucho de inversión en manufactura y producción en países de la región (nearshoring).  Esperemos que la administración pueda dar algunos ejemplos concretos de cómo va a hacerlo”.

"Es una oportunidad realmente importante para la administración ... había muchas expectativas cuando Biden asumió la presidencia de que se daría más prioridad a la región como conjunto".

Esta será la primera Cumbre de las Américas que organiza Estados Unidos desde 1994, cuando la administración Clinton organizó el evento inaugural.  Por aquel entonces, muchos países latinoamericanos acababan de volver a la democracia y había una sensación de dinamismo en la región.

"El mundo no se parece a lo que era en aquel entonces, cuando la democracia estaba en auge, la Unión Soviética se había derrumbado, se acababa de firmar el TLCAN [el Tratado de Libre Comercio de América del Norte] y había mucho optimismo sobre un Acuerdo de Libre Comercio para América", dijo Tim Kaine, presidente del subcomité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense para el Hemisferio Occidental.

Al igual que Rubio, Kaine dijo que los sucesivos gobiernos estadounidenses habían dado la espalda a América Latina.  "Los secretarios de Estado estadounidenses vuelan al este y al oeste todo el tiempo", dijo. "Casi no vuelan al norte y al sur".

Gideon Long en Los Ángeles

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