Da una gran tristeza comprobar que todo el camino logrado hace más de treinta y cinco años por líderes como Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev para acabar con la Guerra Fría y fomentar la paz mundial parece haberse evaporado en unos pocos meses. FOTO: Washington Post por Rich Lipski.

Estados Unidos vuelve a verse inmerso en una lucha global frente a Rusia y China.

Desde que Rusia invadió Ucrania, se ha hablado mucho de los ecos de la segunda guerra mundial y de los peligros de una tercera.  Pero el momento global actual se parece mucho más al regreso de la guerra fría.

Una vez más, Estados Unidos está armando una coalición de democracias para enfrentarse a un eje Rusia-China.  Una vez más, los peligros de una guerra nuclear están en el centro de la política internacional.  Y una vez más, hay un gran bloque de países no alineados -que ahora en general se denomina "sur global"-, que es cortejado intensamente por ambas partes.

Muchos en el sur global insisten en que Ucrania es un conflicto regional que no se debe permitir que perturbe o cambie el mundo entero.  Pero los responsables políticos de la administración Biden ya enmarcan la guerra en términos globales.  Ven a Rusia y China como socios en un desafío al "orden basado en reglas", defendido por Estados Unidos y sus aliados.  Las batallas en Ucrania son actualmente el teatro central de esa lucha más amplia.

Visto desde Washington, las amenazas a la seguridad en Europa y Asia están ahora tan profundamente conectadas que los dos continentes son vistos por los funcionarios como un "sistema operativo único". Se trata de un patrón de pensamiento que recuerda mucho a la guerra fría, cuando Estados Unidos siempre tenía presente que lo que ocurría en Vietnam o Corea podía tener efectos en la dividida ciudad de Berlín o en el Atlántico norte.

Una gran diferencia con respecto a la última guerra fría es que esta vez los estadounidenses ven a China, y no a Rusia, como su rival más fuerte

Esa creencia no ha cambiado por el hecho de que sea el presidente ruso, Vladimir Putin, quien haya lanzado una guerra. De hecho, el enfoque en China de la administración Biden intensifica la tendencia a ver la guerra de Ucrania no sólo como algo relacionado con la seguridad de Europa, sino con el orden global más amplio.

Aunque en Occidente se habla con cierta ligereza de intentar "hacer un Kissinger" -y volver a fraguar una ruptura entre Rusia y China, como ocurrió en la década de 1970-, pocos en Washington creen que sea una perspectiva plausible a corto plazo. Por el contrario, los funcionarios estadounidenses ven a China muy firmemente del lado de Rusia. Disuadir a Pekín de que traduzca sus sentimientos prorrusos en un apoyo militar o económico directo a Moscú sigue siendo una de las principales prioridades estadounidenses.

Los aliados de Estados Unidos en Asia -en particular, Japón, Corea del Sur y Australia-, también están muy atentos a las consecuencias de la guerra de Ucrania para su propia seguridad. El peor escenario para ellos sería que la agresión de Rusia envalentonara a China y distrajera a Estados Unidos, lo que llevaría a una invasión china de Taiwán que transformaría la región.  El mejor de los casos es que la guerra de Ucrania revitalice la alianza occidental y el liderazgo mundial de Estados Unidos y haga retroceder a China en Asia.

En realidad, sin embargo, la gente de Biden no cree que los problemas de Rusia en Ucrania hayan hecho cambiar de opinión a China sobre la conveniencia de una posible invasión de Taiwán.  Los chinos, según ellos, están más interesados en averiguar en qué se ha equivocado Rusia, y ajustar sus propios planes en consecuencia. La necesidad de una fuerza abrumadora en cualquier acción militar es una probable lección.  Otra es la necesidad de proteger la economía china de posibles sanciones occidentales.

A finales de mayo, Biden visitó Japón y Corea del Sur, y no es la primera vez que sugiere que Estados Unidos luchará para defender a Taiwán.  (Su administración se vio de nuevo obligada a aclarar los comentarios del presidente).  A finales de junio, la OTAN celebrará una cumbre en Madrid.  Cabe destacar que Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda han sido invitados a asistir.

Con el montaje de una coalición de democracias se pretende mejorar la posición de seguridad de Occidente tanto en Europa como en Asia.  Países como Japón desempeñan un importante papel simbólico y práctico en la lucha con Rusia.  Son vitales para el esfuerzo de las sanciones, lo que hace mucho más difícil que Moscú encuentre formas fáciles de eludirlas.  A cambio, los asiáticos desean que los países europeos desempeñen un mayor papel de seguridad en Asia.  Las recientes visitas navales a la región, de británicos, franceses, alemanes y holandeses, han sido bien recibidas.

Pero mientras los estadounidenses están contentos con la respuesta de sus aliados más importantes del norte de Asia a la guerra de Ucrania, están preocupados por su fracaso a la hora de ganar la batalla de la opinión en el sudeste asiático.  En una reciente cumbre con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en Washington, algunos líderes de está ASEAN se hicieron eco en privado de los argumentos rusos sobre la responsabilidad de la OTAN en la guerra de Ucrania y las supuestas operaciones de "falsa bandera".

La India es considerada un reto aún más importante. El gobierno del primer ministro Narendra Modi se ha cuidado de no tomar partido por Ucrania, absteniéndose en las votaciones clave de la ONU y aumentando las importaciones de petróleo de Rusia.  Los estadounidenses creen que insistir en este tema en Nueva Delhi puede ser contraproducente.  Por el contrario, pretenden acercar gradualmente a la India haciendo hincapié en los intereses de seguridad compartidos por ambos países para contener el poderío chino.

Algunos historiadores ven ahora la primera y la segunda guerra mundial como dos etapas de un mismo conflicto, separadas por una generación de paz cada vez más frágil.  Es posible que los historiadores del futuro hablen de la primera y la segunda guerra fría, separadas por una era de 30 años de globalización. La primera guerra fría terminó con la caída del muro de Berlín en 1989. La segunda, al parecer, comenzó con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.

Gideon Rachman

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