Foto: EFE
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Con la llegada del verano, es cada vez más frecuente que se rompan récords de temperatura elevada y dura más el calor debido al calentamiento global.  Sin embargo, hay quien niega la influencia del cambio climático con el argumento de que “es normal que en verano haga calor”. La realidad es que cada vez nos encontramos en un mundo más cálido, donde temperaturas extremas que antes eran excepcionales cada vez son más normales en este clima alterado por la actividad humana.

Una muestra de ello son las olas de calor. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) las define como un periodo inusual y marcado de tiempo caluroso sobre una región, que persiste durante al menos dos días consecutivos durante los meses de calor, con condiciones térmicas registradas por encima de umbrales específicos. La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA)  define una ola de calor como un “período de calor anormal e incómodo y de humedad inusual. Normalmente, una ola de calor dura dos o más días”.

Por lo tanto, la propia definición de la ola de calor ya indica que es una temperatura inusualmente elevada incluso para una época calurosa como es el verano.

Las olas de calor son más frecuentes, duraderas e intensas

Estos eventos de calor extremo cada vez son más habituales, duraderos e intensos en un contexto de calentamiento global. En Estados Unidos, el análisis de la NOAA de 50 de las ciudades más pobladas muestran que mientras que en la década de los 60 había en promedio dos olas de calor al año, en la década de 2010 fueron seis olas de calor anuales de promedio. Es decir, en 50 años se ha triplicado el número de olas de calor en Estados Unidos.

Además, el promedio de duración de las olas de calor ha pasado de tres a cuatro días en este periodo. La intensidad ha aumentado también en 50 años, pasando de 2 ºF (3.6 ºC) por encima de la media de temperaturas en los 60 a casi 2.4 ºF (4.3  ºC) en los 2010. La duración media de la temporada en que hay olas de calor ha aumentado en 38 días en 50 años: de 22 días a 68. 

Este alargamiento de la temporada de olas de calor tiene un impacto en la salud porque las que se producen a principios de la primavera o a finales del otoño pueden tomar a la gente desprevenida y aumenta los riesgos para la salud asociados a las olas de calor, explica la Environmental Protection Agency (EPA). El verano pasado se rompió récord de muertes en el pacífico norte (Oregon, Washington, Canadá), con cientos de muertes por la ola de calor.

Así se ha incrementado el calor extremo en el verano

El mayor aumento en el número de olas de calor ha ocurrido en New Orleans (Luisiana), Tampa, Miami (Florida) y Austin (Texas). La duración ha subido sobre todo en Fort Worth (Texas), New Orleans, Salt Lake City (Utah) y San Francisco (California). La intensidad se ha incrementado principalmente en Philadelphia, Pittsburgh (Pensilvania), Salt Lake City y Boston (Massachusetts).

Porcentaje del área del Sudoeste de Estados Unidos con temperaturas diurnas extremadamente altas. Fuente: Climate.gov

Los veranos cada vez son más largos y los inviernos más cortos en Estados Unidos y Canadá. Y el sudoeste de Estados Unidos  (Arizona, Utah, California, Colorado, Nevada, Nuevo México, Oklahoma y Texas) ha tenido un aumento drástico del área que experimenta temperaturas extremadamente altas en verano.

Los días con temperaturas inusualmente cálidas han aumentado desde la década de 1970, como muestran los datos recogidos en los 48 estados contiguos de Estados Unidos desde 1910 (esto excluye a Alaska, Hawái y el Distrito de Columbia). Sin embargo, las olas de calor de la década de 1930 siguen siendo las más graves de la historia de Estados Unidos. ¿A qué se debieron? Las de 1930 fueron olas de calor extremas y persistentes en la región de las Grandes Llanuras durante la época conocida como ‘Dust Bowl’ y se debieron a las malas prácticas de uso de la tierra y muchos años de intensa sequía, lo que favoreció estas olas de calor al agotar la humedad del suelo.

Del 13 al 29 de junio de 2021, el oeste de Estados Unidos sufrió una ola de calor que batió récords históricos de temperatura en varios estados como California, Arizona, Oregon y Washington al superarse los 100 ºF ( 37.7 ºC) durante días en algunos sitios. En Phoenix (Arizona) la temperatura máxima superó los 115 ºF (46.1 ºC) durante seis días consecutivos, todo un récord, llegando a los 118 ºF (47.7 ºC). En Tucson (Arizona) la temperatura mínima llegó a ser de 98 ºF (36.6 ºC).

La ola de calor de junio de 2021 en el oeste de Estados Unidos. Fuente: Climate.gov

La crisis climática, la causa detrás del aumento de las olas de calor

Que ocurriese este evento meteorológico de calor extremo de junio de 2021 en el oeste de Estados Unidos hubiese sido “prácticamente imposible” sin el cambio climático provocado por la actividad humana, concluyó un estudio de atribución que elaboraron científicos de siete países. Esa ola de calor hubiese sido unos 3.6 °F menos cálida y al menos 150 veces menos probable al principio de la Revolución Industrial. En un escenario con un aumento de temperaturas global de 3.6 ºF por encima del clima anterior a la Revolución Industrial, este evento hubiese sido 1.8 ºF aún más cálido y se repetirá aproximadamente entre cada 5 y 10 años en vez de los 1000 años de recurrencia en un clima no alterado por el ser humano, explican los autores.

Porque aunque parte del aumento de las olas de calor se puede deber en algunas ciudades al propio crecimiento urbano y la destrucción de zonas verdes que lleva al conocido como “efecto isla de calor”, la propia OMM señala que el cambio climático se expresa a través de los aumentos observados en la frecuencia, intensidad y magnitud de las olas de calor

El sexto informe del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) señala que la frecuencia e intensidad de eventos de temperaturas extremas, como las olas de calor, será mayor que en un clima sin influencia humana. Su tamaño y el área al que afectará también será mayor en Estados Unidos.

Toda ola de calor es ahora más fuerte y probable debido al cambio climático provocado por la actividad humana y están relacionadas “de forma unilateral e inequívoca con el cambio climático”, indica la guía Cómo informar sobre fenómenos meteorológicos extremos y cambio climático de los científicos climáticos Ben Clarke de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y Friederike Otto del Imperial College de Londres (Reino Unido).

Cómo protegerse de las olas de calor

La NOAA da una serie de consejos para disminuir los impactos negativos en la salud de la ola de calor. Recuerda: las olas de calor no sólo nos hacen sudar sino que provocan enfermedades y muertes, sobre todo entre los adultos mayores, los más jóvenes y otras poblaciones vulnerables.

  • Evitar salir en las horas centrales del día.
  • No hacer deporte entonces: reduce, elimina o reprograma las actividades extenuantes hasta el momento más fresco del día.
  • Mantener en el lugar más fresco posible a las personas más vulnerables: bebés y niños, las personas mayores (sobre todo los que tienen enfermedades previas, viven solos o tienen movilidad limitada), las que padecen enfermedades crónicas y las embarazadas.
  • Llevar ropa ligera, holgada y de colores claros para reflejar el calor y la luz del sol.
  • Reduce la exposición directa al sol: las quemaduras solares, además de doler, limitan la capacidad del cuerpo para disipar el calor.
  • Come alimentos ligeros, frescos y fáciles de digerir, como fruta o ensaladas. Si llevas comida fuera de casa, ponla en una nevera o en una bolsa de hielo y no la dejes al sol.
  • Bebe mucha agua aunque no muy fría, líquidos sin alcohol y sin cafeína, aunque no tengas sed. 
  • Si sigues una dieta de restricción de líquidos o tienes problemas de retención de líquidos, consulta al personal sanitario antes de aumentar el consumo de líquidos.
  • Usa aire acondicionado o ventiladores o pasa tiempo en lugares refrigerados como bibliotecas. Si la temperatura de la habitación es superior a los 90 ºF no dirijas el aire de los ventiladores eléctricos portátiles hacia tí, porque el aire seco que sopla te deshidratará más rápidamente.
  • Toma baños o duchas frescas.
  • Presta atención a los demás, especialmente a las personas mayores, enfermas o frágiles que puedan necesitar ayuda para responder al calor. Y no les dejes en vehículos aparcados, tampoco a bebés o niños pequeños dormidos ni a mascotas.
  • No dejes aparatos electrónicos, como teléfonos móviles y GPS en coches calientes. 
  • Si usas productos químicos volátiles, asegúrate de que las habitaciones estén bien ventiladas.

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Autor: Fermín Grodira

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