Bernard Ebbers (fallecido en la cárcel hace poco más de dos años), fue condenado por un fraude de $11 millardos en la empresa WorldCom en 2002. FOTO: Bloomberg por Adam Rountree.

El estallido de las burbujas tecnológicas puede desinflar algo más que empresas incipientes.

La semana que viene se cumplirán veinte años de un escándalo contable que afectó a una de las principales empresas de EEUU, la llevó a la quiebra e impulsó el endurecimiento de las leyes contables y bursátiles que aún hoy dan forma a al mercado financiero de EEUU.

No, no es Enron.  El grupo energético tejano, que colapsó seis meses antes, se ha convertido una abreviatura para el fraude empresarial e incluso, inspiró un musical.  Pero fue la empresa de telecomunicaciones WorldCom, con sede en Mississippi, la que admitió en junio de 2002 haber registrado en sus libros contables miles de millones de dólares en beneficios inflados, la que finalmente impulsó la aprobación de la ley de responsabilidad corporativa.

Sin embargo, la lección para los inversionistas de hoy va más allá del fraude de WorldCom. La empresa, una de las favoritas de Wall Street, se disparó en la década de los 90 devorando a sus rivales y diciendo a los inversionistas que el auge de Internet provocaría un enorme aumento de la demanda de redes. Pero se topó con una pared durante la caída de las empresas tecnológicas en la década de 2000, cuando el tráfico de datos real no pudo seguir su ritmo de inversión.

En un momento en el que Estados Unidos se adentra en otro mercado bajista impulsado por la tecnología, la quiebra de WorldCom por valor de $104 millardos (hoy en día la tercera más grande en la historia de Estados Unidos) ofrece importantes advertencias.

En mayo de 2002, los esfuerzos por endurecer las leyes estadounidenses de títulos valores para evitar otra Enron se habían empantanado por completo, al tiempo que el Congreso debatía qué tan rigurosas debían ser.  Un proyecto de ley menos estricto impulsado por el Republicano de la Cámara de Representantes Michael Oxley venía sacando ventaja cuando salió la noticia de un fraude aún mayor.  WorldCom había estado reclasificando miles de millones de dólares en costos operativos como gastos de capital para aumentar los márgenes de ganancia declarados.

La maniobra disimuló la ralentización del crecimiento de WorldCom en un momento en que competidores como AT&T despedían a sus trabajadores. Su afable director ejecutivo, Bernie Ebbers, fue al final de la saga condenado a 25 años de prisión.

El escándalo dio la razón al senador Paul Sarbanes y a los reformistas.  Forzaron la creación de un regulador de auditorías y exigieron a las empresas que demostraran que tenían controles financieros internos adecuados.  Los críticos afirman que la ley resultante -Sarbanes-Oxley - ha disuadido a las empresas de rápido crecimiento de emitir acciones, provocando un descenso en el posicionamiento de los grupos estadounidenses que cotizan en bolsa.

Los defensores de la ley sostienen que desde su aprobación las empresas estadounidenses han evitado en gran medida los escándalos contables masivos, a diferencia del Reino Unido y Alemania.  Pero esa afirmación podría ponerse a prueba si nos adentramos en otra recesión.

Ahora parece que otra burbuja se está desinflando rápidamente, ya que el Nasdaq, de gran peso tecnológico, ha bajado más de un 30 por ciento en el año. Las start-ups que no tienen un sendero claro hacia las ganancias son las que más han sufrido hasta ahora.  Pero los problemas financieros que llevaron a WorldCom por el camino del fraude son una advertencia para los inversionistas de que las empresas novatas no son las únicas que están en peligro.

En la crisis de 2001, empresas como Cisco y Sun Microsystems, que suministraban servidores, routers y software a las start-ups, se vieron afectadas junto con sus clientes. Pero las empresas de telecomunicaciones como WorldCom también sufrieron porque construyeron infraestructuras para una demanda de usuarios y datos que no se materializó.

Esta vez, es probable que los proveedores en la línea de fuego incluyan a los proveedores de computación en la nube y de licencias de programas, así como a las empresas de publicidad y de plataformas en línea a las que las start-ups pagan para ayudarlas a encontrar nuevos clientes.  Las más grandes son empresas diversificadas, pero eso no impedió que las acciones de Google caigan un 25 por ciento este año, y que las de Facebook hayan bajado el doble.

Los inversionistas que busquen tensiones parecidas a los de WorldCom pueden observar a las empresas que han presumido de un rápido crecimiento en sus ingresos y de un enfoque de "construyamos que ya vendrán".  Los que invierten en infraestructuras relacionadas con la tecnología blockchain vienen a la mente cuando caen los precios del bitcoin y otras criptomonedas.

Amazon se ha visto sorprendido por la ralentización del crecimiento del comercio electrónico.  La empresa admitió en abril que las agresivas inversiones en almacenes e infraestructura le habían dejado un exceso de capacidad.  Es poco probable que sea la única.

Entre las empresas vulnerables también están las que apuestan fuertemente al metaverso y la Web3, ya sea directamente o como fuente de demanda de su tecnología.  Los ejecutivos de las empresas de telecomunicaciones de los años 90 no se equivocaron sobre el futuro a largo plazo de la Internet. Simplemente no se dieron cuenta de que la primitiva tecnología por vía telefónica mantendría su atractivo durante mucho tiempo. La mayoría de las empresas asumieron sus responsabilidades, mientras que WorldCom manipuló sus libros contables.

Si la próxima gran evolución en línea tarda tanto en materializarse, los ejecutivos poco éticos pueden verse tentados a seguir el ejemplo de Ebbers.  WorldCom es una lamentable lección de cómo eso convierte una dolorosa presión sobre las ganancias a corto plazo en un desastre corporativo total.  Esperemos que Sarbanes-Oxley guíe a las empresas actuales por un camino más recto.

Brooke Masters

Derechos de Autor - The Financial Times Limited 2021.

© 2021 The Financial Times Ltd. Todos los derechos reservados.  Por favor no copie y pegue artículos del FT que luego sean redistribuidos por correo electrónico o publicados en la red.

Lea el artículo original aquí.