El presidente ejecutivo de Novatek, Leonid Mikhelson (D) y el presidente de la junta directiva de Gazprom Neft Management, Alexander Dyukov, durante el foro internacional económico de San Petersburgo la semana pasada. Por orden del Kremlin, sus empresas podrían cortar en el corto plazo el suministro de gas a Europa Occidental. FOTO: EFE / EPA / ANATOLY MALTSEV.

Los países de la UE vuelven al carbón, pero deberían acelerar la transición a las energías renovables.

Rusia está intensificando su presión sobre el mercado de gas natural en Europa. Moscú ha reducido la capacidad del principal oleoducto hacia Alemania en un 60 por ciento desde la semana pasada con el argumento de que las sanciones de la UE han causado problemas de mantenimiento; sin embargo, no ha intensificado el suministro por otras rutas.  Muchas capitales creen que el Kremlin está utilizando la energía para ejercer presión mientras sus tropas libran una guerra de desgaste en Ucrania.  Los precios del gas en Europa se han disparado un 50 por ciento en la última semana y la escasez está dificultando la recarga de los depósitos de gas antes del invierno.  Diez Estados de la UE han declarado alertas iniciales por emergencia de gas.  La Agencia Internacional de la Energía dijo que el continente debería estar preparado para un corte total de las exportaciones de gas ruso este invierno.

Además de prepararse para conservar energía, los países como Alemania, Austria y los Países Bajos están volviendo a poner en marcha centrales eléctricas de carbón paralizadas o aumentando sus límites de producción, lo que amenaza con frenar la transición hacia la energía verde. En parte, la vuelta al carbón es inevitable.  Los gobiernos tienen la prioridad absoluta de mantener las luces encendidas, los hospitales abiertos y las fábricas en funcionamiento.

No hacerlo provocaría la miseria de millones de personas y un shock recesivo.  Esto podría hacer añicos el apoyo popular europeo a los esfuerzos climáticos y a la defensa de Ucrania contra la invasión rusa, que Kiev teme que pueda forzarla a una paz desagradable con Moscú.  No obstante, el regreso del carbón debería ser efímero; un impulso para no retrasar el cambio hacia la energía limpia, sino para acelerarlo.

Europa ha reducido a la mitad la proporción de su suministro total de gas procedente de Rusia desde antes de la invasión de Ucrania, pero la mayoría de las opciones para diversificar los proveedores ya se han explotado. Así que hay que centrarse en las fuentes de energía alternativas y en la eficiencia.  Para reducir la quema de carbón, las centrales nucleares existentes deben mantenerse en funcionamiento el mayor tiempo posible. Alemania ha recibido críticas por seguir desmantelando las centrales nucleares que le quedan; Berlín insiste en que factores técnicos y de seguridad le impiden mantenerlas abiertas. Algunos operadores nucleares afirman que la vida de las centrales puede prolongarse de forma segura, pero para ello es necesario que los gobiernos tomen decisiones a tiempo.

La AIE tiene razón al afirmar que la respuesta global a la actual escasez de energía y a la crisis climática es la misma: un "aumento masivo" de la inversión para acelerar la transición a la energía limpia. Las cosas van por buen camino; en los cinco años posteriores al Acuerdo de París de 2015, la inversión en energías limpias creció un 2 por ciento anual; desde 2020, el ritmo se ha acelerado hasta el 12 por ciento. Sin embargo, en parte, esto refleja el aumento de los costos de los materiales y el gasto en energías renovables y eficiencia energética está muy por debajo de lo necesario.

El sector afirma que los proyectos de energías renovables no se frenan por la escasez de fondos, sino por los engorrosos procesos de regulación y planificación en muchos países, así como por los problemas de conexión a las redes. Hay que racionalizar la burocracia y acelerar la inversión en la modernización de las redes eléctricas y en el desarrollo del almacenamiento para que puedan hacer frente a niveles más altos de energías renovables intermitentes.

Las capitales de la UE están elaborando planes de racionamiento para el caso de un corte ruso, aunque esperan que no sean necesarios. La coordinación es necesaria para evitar peleas por los suministros que erosionen la solidaridad europea.  El aumento de los precios ya está impulsando a las empresas y a los hogares a reducir el consumo de energía; los gobiernos deben tomar medidas para proteger a los más vulnerables de las dificultades y fomentar el aislamiento de las viviendas.

Aún así, muchos gobiernos podrían hacer más a través de campañas de información dirigidas cuidadosamente para ayudar a los consumidores a entender cómo conservar la energía y explicar la verdadera razón, más allá de los esfuerzos climáticos, por la cual los precios están tan altos. No hay que permitir que Rusia consiga mediante el chantaje energético lo que no puede lograr en el campo de batalla.

La Junta Editorial

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