Quizás dada la situación inflacionaria a nivel mundial, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde (D), no debería reir tanto con sus colegas de la junta monetaria europea, el comisionado para economía, Paolo Gentiloni (M) y el ministro de finanzas aleman, Christian Lindner. FOTO: EFE/EPA/JULIEN WARNAND.

Los políticos y los banqueros centrales apartaron la vista de los problemas de precios a pesar de que dirigir una economía de alta presión es peligroso.

Hace un año, la inflación parecía estar bajo control. Las subidas anuales de los precios de consumo publicadas eran del 2 por ciento en la eurozona y del 2,1 por ciento en el Reino Unido en mayo de 2021.  La cifra del 5 por ciento en EEUU era más alta de lo normal, pero la Reserva Federal desestimaba las preocupaciones, asegurando que las subidas de precios reflejaban "factores transitorios".  El presidente Jay Powell recalcaba que los precios de la madera y de los automóviles usados se encontraban temporalmente altos y que los costos de las aerolíneas y los hoteles estaban volviendo a la normalidad.

Lo ocurrido desde entonces ha sorprendido a todos los principales bancos centrales de las economías avanzadas.  Las últimas tasas de inflación publicadas se sitúan en el 8,6 por ciento en EEUU, el 8,1 por ciento en la eurozona y el 9,1 por ciento en el Reino Unido.  En lugar de culpar siempre a algo que está fuera de su control, los banqueros centrales ahora están actuando.

Por lo tanto, deberíamos aprovechar este momento para estudiar la situación. ¿Cuáles fueron los errores de razonamiento cometidos en el último año? ¿Y qué significa esto para la política y las perspectivas económicas?

Fundamentalmente, hemos redescubierto que las limitaciones de recursos son reales e importan. Con el desempleo en mínimos de varias décadas en Norteamérica y Europa, había menos margen que después de la crisis financiera mundial para que los hogares, el gobierno o las empresas aumentaran el gasto sin generar una presión inflacionaria significativa.  A veces, por supuesto, las limitaciones de recursos también las han causado los cuellos de botella en la cadena de suministro, pero ambas representan una demanda que supera la oferta y ambas son inflacionarias.

En lugar de centrarse en las limitaciones, los políticos y los banqueros centrales hicieron demasiado hincapié en los datos posteriores a la crisis financiera mundial de 2008-09 que mostraban que los cambios en el desempleo tenían poco impacto en los salarios o los precios. La inflación había sido baja y constante tanto cuando el desempleo era alto como cuando bajaba.  Los responsables de la política monetaria diagnosticaron esta "curva de Phillips plana" como una regularidad y eso llevó a la complacencia.  Se pensaba que la inflación estaba muerta y que había pocos riesgos en la gestión de una economía de alta presión.  Ahora sabemos que esto era peligrosamente erróneo.

Los banqueros centrales tienen una responsabilidad especial en esta historia desordenada. Durante las dos últimas décadas, se convencieron de que la gente los consideraba tan maravillosos gerentes de precios que podían echarse y relajarse. Ninguna empresa trataría de subir los precios y ningún trabajador buscaría aumentos salariales que rompieran la inflación, porque sabían que el banco central los derrotaría.

Confiaban en que su credibilidad era sólida como una roca, por lo cual una inflación baja y estable era una profecía autocumplida.  Esa teoría fracasó y ahora luchan por recuperar la confianza de los ciudadanos.  No es de extrañarse, por ejemplo, que el nivel de satisfacción neta expresado sobre la gestión monetaria por parte del Banco de Inglaterra haya caído a su nivel histórico más bajo.

El resultado de estos fallos analíticos y de la autocomplacencia han sido las recientes y rápidas subidas de las tasas de interés, diseñadas para demostrar que los bancos centrales se toman en serio la misión de derrotar la inflación.  Sin embargo, esto solo nos lleva al siguiente problema.  Todos los principales modelos utilizados para gestionar la inflación se han calibrado durante un periodo de estabilidad de precios y nos dicen muy poco sobre hasta qué punto hay que comprimir la política monetaria cuando se pierde el control.

Una parte del aumento de la inflación todavía es temporal, pero habrá que exprimir mucho a las economías sin que nadie sepa exactamente cuánta presión aplicar. Esto significa que los peligros de un ajuste excesivo son tan grandes como seguir haciendo demasiado poco, demasiado tarde.

En un mundo tan difícil, nadie debería descartar una recesión el próximo año. Es probable que la Fed acierte con las fuertes subidas de tasas de interés, pero la verdad es que no lo sabemos.

Es muy probable que se produzcan nuevos errores en la política monetaria y debemos esperar que haya retrocesos, ya que los bancos centrales buscan una respuesta adecuada a un problema que no creían posible.

Chris Giles

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