Tuberías del gasoducto de Kasimovskoye, propiedad de la empresa rusa Gazprom, la cual podría cortar el suministro al resto de Europa antes del invierno debido al conflicto en Ucrania y las sanciones occidentales. FOTO: Bloomberg por Andrey Rudakov.

Rusia puede presionar a Occidente a corto plazo, pero está perdiendo su posición como superpotencia energética.

Las grandes crisis del petróleo de la década de 1970 dejaron a los políticos occidentales una lección realista sobre el poder de las superpotencias energéticas del mundo. Cincuenta años después, esa lección se repite.

Rusia se defiende de las sanciones occidentales restringiendo el suministro de gas a Europa. La posibilidad de un corte total del gas ruso está provocando un cuasi pánico en Europa, al tiempo que Alemania y otras grandes economías consideran racionar la energía este invierno.  Mientras tanto, Joe Biden (preocupado por la subida de los precios de la gasolina en vísperas de las elecciones intermedias) ha tenido que hacer a un lado su retórica de campaña en la que califica a Arabia Saudita como paria. El presidente de Estados Unidos viajará a Riad el mes que viene para pedir a los sauditas que extraigan más petróleo.

La lección parece ser simple y desalentadora.  En 2022, al igual que en 1973, los principales productores de petróleo del mundo todavía pueden hacer que las mayores potencias políticas del mundo bailen a su ritmo.

Pero si miramos más allá de los titulares inmediatos, la geopolítica de la energía es mucho más compleja. Rusia es fuerte en el corto plazo, pero su posición empeorará drásticamente en los próximos tres años. Estados Unidos tiene un gran problema a corto plazo, pero está en una posición fuerte a largo plazo.

Es la UE la que tiene los mayores problemas a corto y mediano plazo. A pesar de los valientes discursos sobre la diversificación y la reducción de su huella de carbono, los europeos están todavía muy lejos de encontrar una nueva estrategia energética viable.

Rusia y la UE se encuentran en una carrera contrarreloj. El objetivo de Rusia es, claramente, provocar una crisis económica en Europa este invierno, debilitando así el apoyo de la UE a Ucrania.  El gobierno de Hungría, conocido por mostrarse indulgente ante Putin, ya está presionando para que se produzca un rápido alto el fuego en Ucrania, con el argumento de que existe la amenaza de una catástrofe económica.

Los europeos tienen varios meses antes del invierno para prepararse para la próxima restricción por parte de Rusia.  Pero aunque las tácticas de presión de Moscú funcionen a corto plazo, a largo plazo Putin está destruyendo uno de los principales pilares del poder ruso.

Europa ha aprendido una amarga lección sobre lo peligroso que es depender energéticamente de Rusia y está decidida a no volver a ser tan vulnerable.  Un alto funcionario alemán dijo: "Antes de la guerra, Rusia contaba con 30 años más de ingresos garantizados por el petróleo y el gas. Ahora solo cuenta con tres".

Incluso a corto plazo, interrumpir las exportaciones de gas a Europa es un juego peligroso para Rusia. Unos €1.000 millones diarios siguen entrando en las arcas rusas, principalmente desde Europa.  Si Putin sacrificara esos ingresos, su capacidad para pagar la guerra disminuiría rápidamente.

Rusia puede encontrar mercados alternativos para su petróleo con relativa facilidad, como demuestra el entusiasmo con el cual India y China están aumentando las importaciones de su petróleo con descuento. Pero su gas se exporta por gasoducto y los principales gasoductos están dirigidos a Europa.  La construcción de otros gasoductos nuevos hasta China tardará años, por lo que Rusia podría enfrentarse pronto a tener que abandonar ese activo.

La seriedad de los esfuerzos que Europa está haciendo por liberarse de la dependencia de la energía rusa puede verse en los itinerarios de viajes de sus dirigentes. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, acaba de estar en Israel y Egipto para firmar un nuevo acuerdo de suministro de gas.  Olaf Scholz, el canciller alemán, visitó recientemente Senegal y apoyó el desarrollo de un nuevo yacimiento de gas.

Sin embargo, sigue habiendo una gran duda sobre la rapidez y la facilidad con la cual Europa pueda sustituir la energía rusa. Algunos altos cargos de la industria energética se muestran escépticos en privado.  Es probable que la situación en los próximos cinco años deje a Europa en una posición incómoda: una menor necesidad de energía rusa, pero aún existente, al tiempo que los consumidores se enfrentan a precios persistentemente más altos y la industria a un suministro inseguro.

Estados Unidos, en cambio, se encuentra en una posición mucho más cómoda a largo plazo. Según Dan Yergin, uno de los principales analistas en materia de energía, Estados Unidos ha desplazado a Rusia como primer exportador mundial de energía.

El aumento de los precios de la energía es un sufrimiento para los consumidores estadounidenses, pero es una bendición para la industria del gas de esquisto de Estados Unidos. Una de las lecciones de la guerra de Ucrania es que es peligroso para un país depender de un adversario geopolítico para su energía. Estados Unidos es ahora un gran exportador neto de energía, mientras que China sigue dependiendo en gran medida de las importaciones.

Pero la producción estadounidense por sí sola no puede proteger a los consumidores de Estados Unidos de la subida de los precios del petróleo a nivel mundial. El deseo de Estados Unidos de aislar no solo a Rusia, sino también a Irán y Venezuela, ha reforzado la posición de Arabia Saudita. Es imposible, incluso para Estados Unidos, tratar a todos los grandes productores de petróleo como parias al mismo tiempo.  Y a diferencia de Rusia o Irán, Arabia Saudita es un aliado de Estados Unidos desde hace mucho tiempo.

La verdadera amenaza para la posición saudita no es geopolítica, sino medioambiental. La reducción del carbono puede significar que, en algún momento, el mundo deje de comprar lo que los sauditas venden.

Sin embargo, a corto plazo, la crisis energética mundial provocada por la guerra de Ucrania está aumentando la demanda de combustibles fósiles no rusos, incluido el carbón, el más sucio de todos.  Alemania está reabriendo las centrales de carbón que se habían clausurado. Y China se aferra asimismo a lo que es su forma más fiable de producción energética nacional.

La invasión rusa de Ucrania es una mala noticia para el mundo. Puede ser una noticia aún peor para el planeta.

Gideon Rachman

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