Foto: The Washington Post/Craig Hudson

La mayoría conservadora de la Corte Suprema eliminó la semana pasada la protección federal establecida desde 1973 que garantizaba el derecho constitucional al aborto en Estados Unidos. Una decisión de consecuencias sísmicas para una sociedad que aspira a regirse bajo los principios de libertad individual y equidad.

La sentencia del tribunal supremo abre la puerta para que al menos 26 estados gobernados por republicanos establezcan prohibiciones al aborto que en algunas instancias incluyen casos de violación o de incesto. Prácticamente en la mitad de estas entidades se activarán leyes que convierten el aborto en un delito para millones de mujeres. En suma, se trata de una de las decisiones más polémicas y consecuentes en más de medio siglo de trabajo en la corte. Eso explica las movilizaciones registradas durante los últimos días en todo el país.

Es imposible ignorar que la mayoría conservadora en la Corte Suprema fue construida por el expresidente Donald Trump, quien como candidato perdió en dos ocasiones el voto popular en 2016 y 2020, fue llevado a juicio políticos dos veces y ahora enfrenta acusaciones de traición por su papel en los hechos que derivaron en la insurrección del 6 de enero y en el plan para detener la certificación de Joe Biden como presidente. Tampoco se debe perder de vista el testimonio de los jueces nombrados por Trump: Gorsuch, Kavanaugh y Barret durante su proceso de nominación. Todos negaron públicamente la intención de revertir la decisión conocida como Roe vs Wade que durante medio siglo reconoció el derecho de la mujer al aborto, solo para actuar en sentido contrario una vez que amarraron la confirmación.

El mensaje es preocupante para el orden democrático más allá de la decisión sobre el aborto. Hoy vemos cómo en un país como Estados Unidos se pueden imponer políticas a las que ninguna mayoría democrática daría legitimidad, a través de la manipulación de las instituciones. Pero la estabilidad democrática no solo depende de la legitimidad del sistema político sino también de su desempeño o resultados. Según una encuesta de CBS News el 56% de los estadounidenses creen que la decisión de la Suprema Corte va a empeorar las vidas de las mujeres en este país. A lo largo de su historia la Corte Suprema casi nunca ha fallado contra su propia jurisprudencia, y cuando lo ha hecho esto ha sido para ampliar o limitar derechos individuales, no para eliminarlos. Con la eliminación de Roe vs Wade la mayoría conservadora ignora cómo un cambio tan drástico pone en riesgo la credibilidad de una institución cuya principal fuente de poder ha sido la percepción de imparcialidad, incluso en contextos de hiper polarización como el que vivimos actualmente.

La decisión de la corte parece reducir el diálogo público a dos campamentos: uno a favor y otro en contra del aborto, pero la conversación es mucho más matizada y tiene poco que ver con planteamientos religiosos o morales. En el corazón del debate está el derecho a la autodeterminación, es decir, a que los individuos, en este caso las mujeres tengan la facultad de decidir sobre su salud reproductiva y no el estado. Lo que se defiende no es el aborto, sino el derecho de cada mujer a decidir en consulta con su médico y su propia conciencia. La ruta contraria nos expone a lo que hemos visto en los últimos años, grupos de interés que imponen sus agendas contra la voluntad de las mayorías en temas como el control de armas, la migración y la salud pública. Si los derechos y libertades constitucionales cambian a capricho de las mayorías impuestas por el presidente en turno, de poco sirve un cuerpo que interprete la constitución.

Los tres liberales de la corte fueron contundentes en su disidencia. En una rara opinión disidente de autoría conjunta, los jueces Stephen Breyer, Elena Kagan y Sonia Sotomayor condenaron a la mayoría por destruir el "equilibrio" que la corte había logrado durante cinco décadas, entre el derecho de la mujer a interrumpir un embarazo y el interés legítimo de los estados en proteger la vida. Las garantías de la mayoría de que simplemente está entregando el asunto a las legislaturas estatales son un "frío consuelo", escribió el trío liberal, "para la pobre mujer que no puede obtener el dinero para volar a un estado distante para un procedimiento". Más que nadie, “las mujeres que carecen de recursos económicos sufrirán la decisión de hoy”. Para los disidentes, el arco moral de la justicia fue forzado a tomar el camino equivocado. “Después de hoy”, escribieron, “las mujeres jóvenes llegarán a la mayoría de edad con menos derechos que los que tenían sus madres y abuelas”.

Las consecuencias legales, políticas y sociales de esta decisión solo se verán por completo solo con el tiempo. La opinión mayoritaria de la corte dice que se refiere solo al derecho al aborto. Pero la base para su rechazo de Roe es la misma que los jueces han utilizado para oponerse al matrimonio igualitario, por ejemplo. En el corto plazo, hay muy poco que hacer. Gobernadores y fiscales demócratas han anunciado medidas para tratar de proteger los derechos reproductivos de las mujeres en sus entidades. Líderes políticos y activistas apelas a la moderación y el sentido común con los que todavía se identifican la inmensa mayoría de los estadounidenses para que se movilicen también en las urnas en noviembre durante las elecciones legislativas y hacia el 2024 con la elección presidencial advirtiendo que este asalto puede ser solo el principio y que las libertades, si no se defienden, están a una decisión de desaparecer.

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