La guerra en Ucrania y la escasez de energía dominaron la cumbre del G7 de los principales países industrializados, quedando otros temas en segundo plano, entre ellos, la lucha contra el calentamiento global.    

El último día de la cumbre del G7, los nubarrones se cernían sobre el telón de fondo de las montañas que rodean el castillo de Elmau. Un ambiente acorde con el anuncio de Olaf Scholz: "Nos espera un tiempo de incertidumbre. No podemos prever el final de la guerra contra Ucrania", una agresión que "durará mucho tiempo y tendrá consecuencias para todos”.

Scholz habló de unas jornadas "intensas y muy constructivas" y volvió a señalar que la reunión había sido "una cumbre importante en un momento especial". El canciller alemán se refirió a los jefes de Estado y de Gobierno de las siete principales naciones industrializadas como "amigos y aliados cercanos" que habían enviado una señal de unidad desde la cumbre. "Lo sentí muy concretamente en Elmau".

Lucha contra el hambre con 4.500 millones de dólares

Aun así, la protección del clima solo aparece al final de la lista de "desafíos clave de nuestro tiempo" del comunicado, en la página dos. Antes de eso, se trata de condenar a Rusia, apoyar a Ucrania, las sanciones contra Rusia, la economía mundial, el suministro de energía y la seguridad alimentaria mundial.

La guerra impide el suministro de cereales de Rusia y Ucrania. Más de 800 millones de personas en todo el mundo corren un grave riesgo de padecer hambre. Los siete grandes países industrializados quieren recaudar 4.500 millones de dólares para asegurar la alimentación. Pero ¿es eso suficiente? El Programa Mundial de Alimentos, crónicamente infrafinanciado, estima sus necesidades adicionales actuales en unos 28.000 millones de dólares.

La ayuda financiera prometida por el G7 es muy poca para poner fin a la crisis alimentaria mundial, señala Oxfam. "Por cada dólar de ayuda, los países de renta baja tendrían que pagar dos dólares a sus acreedores. "El G7 debería haber acordado la cancelación de esa deuda".

Tampoco se avanzó en la protección del clima. Alemania, que preside este año el grupo de los siete principales países democráticos industrializados, quería en realidad que la lucha contra el calentamiento global fuera el centro de la cumbre del G7 en Elmau, Alta Baviera. Uno de los objetivos era crear un club de voluntarios para el clima, también con vistas a la próxima conferencia mundial sobre el clima, que se celebrará en noviembre de 2022 en el balneario egipcio de Sharm El-Sheikh.

Mucha intención, nada concreto

El club del clima es una idea que Olaf Scholz desarrolló durante su etapa como ministro de Economía. Su idea es que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan a partir de normas comunes.

El G7 aplazó la fundación del club del clima hasta finales de 2022, los ministros se encargarán de elaborar los detalles. El hecho de que Estados Unidos haya aceptado el plan ya se considera un éxito. El modo de alcanzar los objetivos climáticos, que la comunidad mundial se comprometió a aplicar hace tiempo, también se quedó en mera teoría. El comunicado final subraya que se mantendrá el objetivo de un calentamiento máximo de 1,5 grados y promete "seguir adelante con medidas urgentes, ambiciosas e inclusivas".

La eliminación del carbón, que los ministros del clima del G7 habían previsto para 2030 en la fase previa, sigue sin tener una fecha concreta. En cambio, dicen que "tomarán medidas concretas y oportunas para acelerar la eliminación en nuestros respectivos países".

El G7 necesita gas

Aunque es un alivio que el comunicado no haya eliminado los compromisos de Glasgow de acabar con la financiación de los combustibles fósiles en el extranjero, el G7 sigue necesitando gas. Pero Friederike Meister, de la organización Global Citizens teme que, en vista de la crisis energética el G7 pueda "preferir las inversiones miopes en gas a las energías renovables".

Por supuesto, el G7 afirma que "acabará gradualmente con nuestra dependencia de la energía rusa sin comprometer nuestros objetivos climáticos y medioambientales". Pero África, por ejemplo, sigue teniendo muchas reservas de gas sin explotar. Senegal podría suministrar gas natural licuado (GNL), y ya se está debatiendo la explotación de un nuevo yacimiento de gas natural frente a la costa de África Occidental.

Senegal, que preside actualmente la Unión Africana, fue invitado a la cumbre del G7 como uno de los cinco países asociados. El Grupo de los Siete pasó más de media jornada presentando su visión del mundo a los líderes de Argentina, India, Indonesia, Senegal y Sudáfrica. Ninguno de estos países apoya las sanciones contra Rusia, y el G7 esperaba un replanteamiento de esta posición.

Desde la cumbre del G7, el canciller voló directamente a la siguiente gran cita en Madrid. La OTAN se reúne allí y la guerra en Ucrania será también el tema número uno.

(jov/ms)

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