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  • El juez de la Corte Suprema Clarence Thomas no dice que las vacunas contienen células de fetos abortados: dice que los demandantes alegan motivos religiosos para rechazar la vacunación porque las vacunas se desarrollaron utilizando líneas celulares derivadas de niños abortados. 
  • Las vacunas actualmente aprobadas en Estados Unidos no emplean “células de fetos abortados” en su desarrollo, sino que son las líneas celulares de su investigación y desarrollo las que se originaron de algún aborto. 
  • Además, sólo la vacuna de Johnson & Johnson emplea una línea celular de este origen para producir una parte de su vacuna; mientras que las de Moderna y Pfizer no requieren de estas líneas celulares para su fabricación, pero sí se usaron en su fase de experimentación.

La Corte Suprema de Estados Unidos rechazó el último jueves revisar un caso que pretendía revocar la obligatoriedad de vacunarse contra el coronavirus a los trabajadores de salud del estado de Nueva York por motivos religiosos. Los 16 trabajadores -que dejaron su puesto, fueron despedidos o perdieron privilegios en el trabajo por negarse a la vacunación obligatoria- aseguraban que la medida violaba la primera enmienda de la Constitución, que prohíbe la discriminación por motivos religiosos. A pesar de que la mayoría judicial ha rechazado el caso, tres jueces conservadores, entre ellos, Clarence Thomas, han emitido un voto particular oponiéndose a la decisión mayoritaria.

Thomas se refiere en su voto en disidencia  [pág. 47] a que los demandantes rechazaron vacunarse por motivos religiosos “porque  [las vacunas] se desarrollaron utilizando líneas celulares derivadas de niños abortados”. Thomas no hace suyo este argumento, sino que indica que es el que dicen los demandantes y lo menciona en su voto. Este es uno de los argumentos recurrentes que han utilizado hasta hoy día las personas que rechazan ser vacunadas y los grupos antivacunas. Thomas también ha sido noticia estos días por ser uno de los jueces que votó a favor de declarar inconstitucional el derecho al aborto en Estados Unidos

Fuente: Voto en disidencia del juez Clarence Thomas en la Corte Suprema. Traducción: “Los demandantes son 16 trabajadores de la salud que sirvieron a comunidades de Nueva York durante la pandemia de  COVID-19. Se oponen por motivos religiosos a todas las vacunas contra el COVID-19 disponibles porque se desarrollaron utilizando líneas celulares derivadas de niños abortados”.

¿Por qué se vinculan las vacunas a los abortos? Para explicar esto, primero hay que entender cómo se fabrica una vacuna y qué son las líneas celulares inmortalizadas. Existen varias líneas celulares capaces de reproducirse indefinidamente que provienen de células extraídas durante el análisis de fetos resultado de abortos. Esas células (que nunca han formado parte de los fetos originales) se han utilizado en investigaciones para vacunas contra la polio, la rubéola o la varicela, entre otras. 

Sin embargo, hay que precisar que las vacunas actualmente aprobadas en Estados Unidos no emplean “células de fetos abortados” en su desarrollo, sino que son las líneas celulares de su investigación y desarrollo las que se originaron de algún aborto. Además, sólo la vacuna de Johnson & Johnson emplea una línea celular de este origen para producir una parte de su vacuna; mientras que las de Moderna y Pfizer no requieren de estas líneas celulares para su fabricación, pero sí se usaron en su fase de experimentación.

El Centro Nacional Católico de Bioética estadounidense se ha pronunciado al respecto, pidiendo sustituir estas vacunas por opciones alternativas siempre que sea posible pero, en caso de no haber alternativas, poniendo la importancia de vacunarse para preservar la salud pública y el bienestar infantil por encima del posible conflicto con el origen de esas vacunas.

Células para 'cultivar' virus: cómo se produce una vacuna

Las vacunas son una forma de fortalecer al sistema inmune exponiéndolo a causantes de enfermedades determinadas, denominados patógenos. Estos patógenos son generalmente virus, y se introducen en nuestro organismo en una versión debilitada para que nuestro cuerpo desarrolle los anticuerpos necesarios para combatir la infección original si hace falta. 

Para generar esos virus hay que cultivarlos, y eso no puede hacerse en cualquier superficie. Los virus necesitan células a las que infectar para sobrevivir, y eso es lo que utilizan los investigadores como medio de cultivo. Cuando a principios del siglo XIX se comenzó a investigar en vacunas, se emplearon células de animales vivos. Las vacunas, de hecho, se llaman así porque las primeras se extraían de vacas y terneros.

Pero utilizar animales vivos en investigación científica tiene algunos inconvenientes en cuanto al coste, la logística y la homogeneización de los resultados, además de que pueden llevar asociados la contaminación del resultado con otros microbios.

La opción más eficiente para la producción de las vacunas es el uso de cultivos celulares, células que se cultivan en un medio artificial de forma controlada. Esas células pueden ser de procedencia animal o de procedencia humana, y se utilizarán unas u otras dependiendo de sus características.

¿Cómo se obtiene una línea celular?

Los cultivos celulares parten de células extraídas de un organismo vivo. Para ello se extrae una muestra de tejido de un órgano (por ejemplo, un pulmón humano o animal), que contiene distintos tipos de células con características diferentes. A partir de ahí se aplican distintos procesos para ir depurando y seleccionando aquellas células concretas que interesen para la investigación.

Cuando se obtiene el subcultivo deseado, esas células resultantes (que son descendientes de las que estuvieron en el órgano del que se extrajo la muestra directa, pero nunca formaron parte de él) se pueden reproducir un determinado número de veces creando así una línea celular que permite investigar con ellas incluso cuando las células originales ya han muerto.

Se considera que la capacidad de reproducción de las células es limitada en la mayoría de los casos (el conocido como límite de Hayflick), pero en algunos casos sufren alguna mutación y se obtienen lo que se llaman líneas celulares inmortalizadas, que son capaces de reproducirse más allá de ese límite, multiplicando su potencial para uso científico.

Algunas líneas celulares inmortalizadas que se usan en la investigación de vacunas provienen originariamente de abortos

Entre las líneas celulares inmortalizadas que existen y se han empleado en el desarrollo de vacunas, varias tienen su origen en tejidos extraídos de embriones o fetos resultado de abortos. El Centro Nacional Católico de Bioética cita a las siguientes líneas que tienen relación con abortos humanos: WI-38, MRC-5, HEK-293, PER.C6, WI-26 y Walvax-2. El Kennedy Institute of Ethics cita algunas cuantas más con esta procedencia. Explicamos algunas de las más relevantes.

Una de ellas es WI-38. Es una línea celular que está desarrollada a partir del tejido pulmonar de un feto abortado a los 3 meses de gestación por motivos médicos en 1963. Fue enviado a un laboratorio para profundizar en el estudio del virus de la rubéola, que se encontraba en plena epidemia en Europa y Estados Unidos. De muestras sacadas de sus pulmones se desarrolló una línea celular inmortalizada en la que los virus, como el de la propia rubéola, crecían fácilmente y libres de contaminantes, de forma que se utilizaron para desarrollar la vacuna de la rubéola y otras vacunas para aplicación en humanos.

Otra se conoce como MRC-5 y procede de un feto abortado en la semana 14 por causas médicas en 1966. A partir de las células de esa línea celular se han producido vacunas entre otras para la triple vírica, la varicela y la polio.

La línea celular HEK-293, ampliamente usada en biología y biotecnología por su facilidad de cultivo, proviene de un riñón embrionario humano aislado en 1973 en un laboratorio de Países Bajos. Se sabe que este embrión no llegó a nacer, pero se desconoce si se trató de un aborto espontáneo, por razones médicas o por elección de su gestante. Entre sus aplicaciones, destacan los experimentos de expresión genética: se le transfiere un gen (o combinación de genes) a esta línea y se analiza qué proteína expresa.

PER.C6 es una línea celular que deriva de células retinales de un embrión humano, que fue abortado en la semana 18 de gestación en el año 1985. Fue conseguida en el mismo laboratorio neerlandés que la línea celular HEK-293 y, al igual que esta, se desconocen los motivos por los que se efectuó este aborto, según refleja una transcripción de la FDA (Food and Drug Administration). Esta línea celular es una tecnología patentada de Johnson & Johnson y se ha empleado en el desarrollo de vacunas contra el ébola, terapias genéticas y proteínas terapéuticas.

Las vacunas aprobadas en EE.UU. contra el COVID-19 emplearon alguna de estas líneas celulares en su investigación o desarrollo

Las tres vacunas aprobadas contra elCOVID-19 por la FDA han empleado, en algún punto de su investigación o desarrollo, una línea celular relacionada con un aborto humano.

Las vacunas de ARN mensajero (Pfizer y Moderna) necesitaron realizar experimentos con la línea celular HEK-293 para confirmar que las ‘instrucciones’ que llevan estas vacunas son capaces de producir anticuerpos contra el SARS-CoV-2. Estos experimentos eran una prueba de concepto, un término del lenguaje de investigación para comprobar que tecnologías o ideas tienen la capacidad de funcionar en entornos controlados. Estas líneas celulares no se emplean para fabricar las actuales vacunas.

Por su parte, la vacuna de Johnson & Johnson sí que emplea la línea celular PER.C6 para producir y fabricar su producto, que emplea un adenovirus (un tipo concreto de virus) modificado para que lleve un gen que produzca la proteína spike del SARS-CoV-2, que es la que emplea el coronavirus para entrar en el cuerpo. De esta manera, el organismo se entrena para reconocer esta proteína. Así, esta vacuna necesita de la línea celular para cultivar los adenovirus modificados, pero el medicamento no contiene ninguna célula del feto porque estas fueron extraídas y filtradas, explica la revista National Geographic.

Un artículo de la revista Science publicado en junio de 2020 (antes de la aprobación de una vacuna contra el covid) recopila otras candidatas de vacunas que emplean alguna línea celular relacionada con abortos en algún punto de su investigación o desarrollo, como la de Oxford/AstraZeneca, la de CanSino Biologics o proyectos de vacuna de la Universidad de Pittsburg y la farmacéutica ImmunityBio.

Ética y vacunación

Cultivos derivados de esas líneas han sido utilizados en investigaciones que han dado como resultado varias vacunas además de en otras investigaciones biomédicas que han salvado, en conjunto, millones de vidas en todo el mundo.

Aun así, esto supone un obvio debate ético y científico en el que se mezclan también cuestiones religiosas. Incluso el Centro Nacional Católico de Bioética se ha pronunciado al respecto, pidiendo que los católicos consulten con su médico la posibilidad de administrar versiones alternativas de estas vacunas pero, en caso de que no las haya, poniendo la importancia de vacunarse para preservar la salud pública y el bienestar infantil por encima del posible conflicto con el origen de esas vacunas.

El Vaticano, por su parte, emitió un comunicado en el que afirma: "La Congregación para la Doctrina de la Fe ha juzgado que ‘cuando las vacunas contra el covid-19, que son éticamente irreprochables no están disponibles..., es moralmente aceptable recibir vacunas contra el covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción".

El Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles recopila en un documento más información sobre perspectivas éticas de la vacunación contra la COVID-19. Además de ofrecer información sobre qué vacunas aprobadas por la FDA han empleado una línea celular procedente de un aborto (Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson), recoge varias posiciones de organizaciones religiosas respecto a este asunto. 

Por ejemplo, la de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, que afirma que “recibir una vacuna contra el COVID-19 debe entenderse como un acto de caridad hacia los demás miembros de esta comunidad [...] dada la urgencia de esta crisis, la falta de disponibilidad de vacunas alternativas y el hecho de que la conexión entre un aborto que ocurrió hace décadas y recibir una vacuna producida hoy es remota”. Por su parte, la Comisión de Ética y Libertad Religiosa de Southern Baptist ha declarado que recibir una vacuna que requiere líneas celulares fetales es moralmente aceptable.

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