El Bitcoin acaba de cerrar uno de sus peores trimestres desde su lanzamiento con una caída de casi 60 por ciento. FOTO: Washington Post cortesía de Japan News - Yomiuri.

Proliferan sin control y son objetos de especulación más que depósitos de valor.

El dinero ya ha evolucionado de las monedas a los billetes, las anotaciones contables en los balances generales y los bits en las computadoras. Las instituciones que proporcionan, operan, garantizan y regulan el dinero han evolucionado junto con él. ¿Entonces cómo debería evolucionar en la era digital? La invención de las criptomonedas ha obligado a todos los implicados y, sobre todo, a los bancos centrales -los agentes del Estado en la gestión del bien público del dinero- a enfrentarse a esta pregunta. Si las criptomonedas no son la respuesta, ¿cuál podría ser?

El Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés), el club de los bancos centrales, se destaca por su esfuerzo para abordar el tema. El último resultado forma parte de su Informe Anual, que analiza el ecosistema emergente de criptomonedas, monedas estables e intercambios.

Este nuevo y valiente sistema es - concluye - tiene fallas inherentes. La caída de las criptomonedas (y la burbuja que las precedió) demuestra que éstas son objetos de especulación más que depósitos de valor. Eso también las hace inutilizables como unidades de cuenta. Como señala el BIS: "La prevalencia de las monedas estables, que intentan atar su valor al dólar estadounidense o a otras monedas convencionales, indica la necesidad generalizada en el sector cripto de aprovechar la credibilidad que brinda la unidad de cuenta emitida por el banco central. En este sentido, las monedas estables son la manifestación de que las criptomonedas buscan un ancla nominal".

Sin embargo, sus fallas abarcan más que eso. Actualmente existen unas 10.000 criptomonedas. También podría haber 1.000 millones. Pero esta tendencia a la fragmentación, "con muchas capas de liquidación incompatibles compitiendo por un lugar en el centro de atención", es, según el BIS, inherente a la lógica económica del sistema, no solo a su capacidad tecnológica de multiplicarse sin límite.

En un buen sistema monetario, cuanto mayor sea el número de usuarios, menores serán los costos de las transacciones y, por tanto, mayor será su utilidad.  Pero, a medida que más personas utilizan una criptomoneda, mayor es la congestión y más costosas son las transacciones. Esto se debe a que los validadores con intereses propios se encargan de registrar las transacciones en la blockchain. Estos últimos deben estar motivados por recompensas monetarias lo suficientemente altas como para sostener el sistema de consenso descentralizado.  La forma de recompensar a los validadores es limitar la capacidad de la blockchain y mantener las comisiones altas: "Así que, en lugar de la conocida narrativa monetaria de 'cuanto más, mejor', las criptomonedas muestran la propiedad de 'cuanto más, peor'".

No se pueden tener las tres cosas: seguridad, descentralización y escalabilidad.  En la práctica, las criptomonedas sacrifican esta última. El sistema de criptomonedas sortea esta desventaja con "puentes" entre blockchains.  Pero estos son vulnerables a los hackeos.  La conclusión del BIS es entonces que: "Fundamentalmente, las criptomonedas y las monedas estables conducen a un sistema monetario fragmentado y frágil. Es importante destacar que estos defectos derivan de la economía subyacente de los incentivos, no de las limitaciones tecnológicas.  Y, lo que no es menos importante, estos defectos persistirían incluso si la regulación y la supervisión abordaran los problemas de inestabilidad financiera y el riesgo de pérdidas implícito en las criptomonedas".  Un sistema monetario fragmentado es lo que menos necesitamos.

¿Qué hay que hacer entonces? Parte de la respuesta consiste en insistir en que las criptomonedas cumplan las normas que se esperan de cualquier parte importante del sistema financiero. Entre otras cosas, los intercambios deben "ser entre clientes conocidos". De nuevo, los activos y pasivos de las llamadas "monedas estables" deben ser transparentes. Los vínculos entre los bancos y los participantes del ecosistema cripto deben ser especialmente transparentes.

Sin embargo, podemos hacerlo mejor, argumenta el BIS. Lo que necesitamos de un buen sistema monetario es seguridad, estabilidad, responsabilidad, eficiencia, inclusión, privacidad, integridad, adaptabilidad y apertura. El sistema actual se queda corto, especialmente en los pagos transfronterizos. El BIS prevé en su lugar un sistema en el que los bancos centrales seguirían proporcionando la "finalidad" de los pagos en sus balances. Pero podrían crecer nuevas ramas desde el tronco del banco central. Sobre todo, las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) podrían permitir una reestructuración revolucionaria de los sistemas monetarios.

Así, las CBDC mayoristas podría ofrecer nuevas funciones de pago y liquidación a una gama mucho más amplia de intermediarios que los bancos comerciales nacionales. Un elemento clave, sugiere el BIS, sería la posibilidad de celebrar "contratos inteligentes". Estos cambios permitirían la creación de nuevos sistemas de pago sustancialmente descentralizados. Mientras tanto, el CBDC minorista podría complementar el desarrollo de los nuevos sistemas de pago rápido, que están desafiando las rentas de los operadores tradicionales. El BIS señala el éxito del nuevo sistema brasileño, Pix. Pero solo se obtendrían todos los beneficios si el CBDC revoluciona los pagos transfronterizos.

Las CBDC minoristas también permitirían separar sustancialmente los pagos de la toma de riesgo. De este modo, el dinero que las empresas y los hogares tienen para realizar transacciones podría pasar a ser responsabilidad de los bancos centrales. Los pagos serían entonces gestionados por empresas concentradas en esta función, que obtendrían sus ganancias con las transacciones y no con los préstamos. Entonces ya no necesitaríamos el seguro explícito e implícito de los bancos privados. En lugar de gestionar los pagos, éstos se centrarían en los préstamos. Sus pasivos también podrían ser menos líquidos y conllevar un riesgo más evidente que ahora. Esto sí que sería revolucionario.

Pero también hay opciones más modestas. La cuestión fundamental es que el universo cripto no ofrece un sistema monetario alternativo deseable. Pero la tecnología puede y debe hacerlo. Los bancos centrales deben desempeñar un papel central para facilitar un sistema que proteja y sirva mejor a las personas que el actual.

Ha llegado el momento de podar el matorral cripto. Pero también deben crecer nuevas ramas en el árbol del dinero y los pagos.

Martin Wolf


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