EEUU está promoviendo la idea de que las cadenas de suministros se establezcan en el país o al menos entre naciones "amigas" para evitar los retrasos - especialmente en transporte marítimo - que han afectado las economías del mundo durante la pandemia del coronavirus. FOTO: Washington Post por Melina Mara.
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Las crisis de la formulas para bebés y las vacunas contra el Covid muestran los peligros de la autosuficiencia.

Desplegar todo el poderío del aparato federal de adquisiciones militares estadounidense con el propósito de transportar leche para bebés por el Atlántico podría parecer un uso de la fuerza más bien torpe.  Sin embargo, los atascos globales en las cadenas de valor están abriendo todo tipo de posibilidades interesantes para la intervención gubernamental, especialmente en EEUU.  Solo hay un problema: no hay muchos indicios de que la administración Biden haya comprendido la importancia del comercio internacional, o del desembolso de dólares para asegurar el suministro de bienes vitales.

En mayo, el presidente invocó la Ley de Producción de Defensa (DPA por sus siglas en inglés)-una legislación que se remonta a la guerra de Corea- para transportar leche de fórmula por avión desde Alemania a EEUU, a fin de afrontar una repentina escasez de leche para bebés. Por supuesto, se trata de un grave problema de salud y del tipo de fracaso del mercado donde el gobierno federal tiene la posibilidad de actuar. No obstante, el uso de la contratación federal, tanto en este caso como cuando se crearon las vacunas contra el Covid al principio de la pandemia, aunque fue eficaz a corto plazo, ignoró dimensiones internacionales.  Es muy probable que surjan problemas similares en los esfuerzos del gobierno para asegurar otras cadenas de suministro de importancia estratégica como los semiconductores.

La escasez de leche para bebés no necesita más gasto federal para superar las fallas del mercado en circunstancias normales. Como declaró recientemente ante el Congreso Scott Lincicome, del grupo de expertos Cato Institute, la crisis fue el resultado de una política comercial, regulatoria y (posiblemente) de compras destructiva a largo plazo.

EEUU impone aranceles a las fórmulas importadas para proteger a sus productores de lácteos y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) dificulta la autorización de los productos de fabricantes extranjeros, incluidos los europeos. No hace falta ser un pediatra admirador de Europa para ver como improbable que un continente tan reacio a los riesgos en materia de normativa alimentaria como Europa alimente a sus bebés con leche peligrosa. Esto, sumado a la torpeza de las compras públicas mediante un sistema de licitadores preferentes, ha creado el tipo de concentración de mercado cada vez más evidente en la economía estadounidense. Fue una interrupción del suministro desde una sola empresa, Abbott, que afectó  todo EEUU.

Es un excelente ejemplo de cómo la autosuficiencia nacional no garantiza la seguridad del suministro. El comercio, la regulación y las compras flexibles y orientados al mercado serían mejores que la reacción del gobierno federal a posteriori para fletar aviones para trasladar leche de fórmula infantil por todo el mundo.

Incluso cuando las compras gubernamentales estadounidenses son preventivas y eficaces, como en el caso del desarrollo de las vacunas contra el Covid, la comprensión de la dimensión internacional permitiría que hagan de mejor manera. En un detallado documento reciente, Chad Bown, del Instituto Peterson, analizó cómo se utilizó el dinero federal para desarrollar vacunas en 2020 y principios de 2021, tanto asumiendo compromisos de compra como otorgando subvenciones para la investigación y producción.

Al menos una cosa de las que hizo Donald Trump tenía que funcionar, aunque fuera debido a la ley de los promedios, y así fue la Operación Warp Speed, el programa de desarrollo de vacunas que comenzó a principios de 2020 y utilizó la DPA.  A diferencia de la UE, con su estructura de poder fragmentada y la falta de gasto centralizado, el gobierno federal de EEUU cuenta con poder ejecutivo y dinero, y produjo cientos de millones de vacunas a principios de 2021.

Pero luego algo cambió. Para finales de 2021, Bown afirma que la UE y la India lo habían superado con facilidad, con una producción de aproximadamente 2.500 millones y 1.600 millones de dosis respectivamente, en comparación con los 1.000 millones de EEUU. En pocas palabras, los contratos DPA colocaron al gobierno en el primer lugar de la fila en vez de ampliar la capacidad global, y obligaron legalmente a los fabricantes a producir solo para el mercado estadounidense.  Las compras estadounidenses de los insumos utilizados para fabricar las vacunas también acapararon gran parte del suministro internacional y dieron lugar a acusaciones (erróneas) por parte de los fabricantes indios y europeos de que EEUU estaba aplicando una prohibición de exportaciones.

La UE, como recalcaba sin cesar -y con cierta justificación-, seguía desempeñando su tradicional función de farmacia para el mundo. De hecho, instituyó un régimen que permitía el control de las exportaciones, pero siguió vendiendo en el extranjero.

Si EEUU sigue manteniendo una mentalidad centrada en lo nacional en cuanto su cadena de suministros, es probable que se repitan los problemas como el de la leche de fórmula y las vacunas.  Un sector para considerar es el de los semiconductores.  Suponiendo que las maniobras en el Congreso no lo bloqueen, EEUU gastará $52.000 millones para trasladar la cadena de suministro de chips a suelo estadounidense.  A pesar de ello, la enorme complejidad del ecosistema de los semiconductores seguirá obligándolo depender de empresas extranjeras.  Para empezar, por mucho que los institutos europeos como el Imec, con sede en Bélgica, se sientan atraídos por los dólares federales para crear instalaciones en EEUU, no hay forma de que este país reproduzca la investigación en fase inicial que se lleva a cabo allí.

En estos tiempos extraños y fracturados para la economía mundial hay muchos fallas del mercado y muchas razones para que los gobiernos intervengan. Aún así, centrarse en gran medida en el gasto estatal centralizado para mantener o crear actividad manufacturera en el país no suele ser la mejor manera de hacerlo. Uno no puede dirigir las industrias altamente complejas de una economía moderna en pie de guerra autárquica, y EEUU seguirá cometiendo errores si lo intenta.

Alan Beattie


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