El presidente Joe Biden se embarca esta semana en un viaje a Oriente Medio que promete ser uno de los más difíciles de su presidencia. FOTO: Bloomberg por Valeria Mongelli.
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En medio de una escala sin precedentes en Cisjordania y sus anteriores condenas al príncipe heredero saudita, el presidente debe mantener su enfoque en la política energética.

El presidente Joe Biden viaja esta semana a Oriente Medio para tratar de incitar a Arabia Saudita y a los demás productores de petróleo de la región a bombear más crudo para ayudar a bajar los precios energéticos. Bloomberg News informa que si los sauditas y los Emiratos Árabes Unidos -los dos miembros clave de la OPEP- no se comprometen a aumentar la producción, Biden perdería una poderosa herramienta para aliviar el sufrimiento económico y político causado por los altos precios del combustible. Es poco probable que Biden, quien primero hará una parada en Israel, se encuentre con muchos simpatizantes, especialmente después de criticar el historial de derechos humanos de Arabia Saudita durante su campaña electoral para la presidencia.

A continuación reseñamos lo escrito por los columnistas y colaboradores de Bloomberg Opinion sobre lo que Biden debe lograr durante el viaje y lo que está en juego.

Consejo editorial de Bloomberg:

Biden debe buscar algo más que petróleo en Arabia Saudita.  Al aceptar visitar Arabia Saudita, el presidente de EEUU Joe Biden ha dado un paso atrás en su promesa de tratar al país como un ‘paria’. Los críticos lo han criticado fuertemente por omitir las violaciones de los derechos humanos por parte de Arabia Saudita, incluido el brutal asesinato y desmembramiento del excolumnista del Washington Post Jamal Khashoggi. A cambio, Biden solo ha conseguido un aumento simbólico de la producción de petróleo que no servirá de mucho para bajar los precios de la gasolina en su país. Aun así, el viaje de Biden puede servir para un propósito valioso. Los lazos prósperos entre EEUU y Arabia Saudita son fundamentales para calmar una parte volátil del mundo y estabilizar los mercados energéticos globales.

Emma Ashford:

El giro que dio Biden en el Golfo es el tipo equivocado de realismo.  No obstante, si se analiza con detenimiento, se desmorona rápidamente la idea de que el giro propuesto por Biden en el Golfo es un triunfo realista. Por su puesto, Arabia Saudita ocupa una posición única en la economía mundial gracias a la producción de petróleo y EEUU no puede ni debe cortar todos los lazos con Riad. Hasta ahora, el gobierno de Biden ha caminado por una línea cuidadosa, manteniendo conexiones diplomáticas activas al tiempo que criticaba públicamente al príncipe heredero Mohammed bin Salman. Con un cambio de política importante, no es que simplemente la administración abrazaría a MBS y sus abusos de los derechos humanos, por muy atroces que sean. El mayor problema es que no serviría de mucho para apoyar los intereses de EEUU, mientras que podría obligar a Washington a asumir una serie de nuevos compromisos en la región.

Zev Chafets:

El arriesgado viaje de Biden a Oriente Medio tampoco tiene sentido.  Cada palabra de Biden estará escudriñada por su preferencia política. Sus anfitriones pregonarán los comentarios amables y otros los denunciarán como una intromisión en la política israelí. Su visita a Cisjordania, donde tiene previsto reunirse con el jefe de la Autoridad Palestina, es una controversia en ciernes. La ruptura con los precedentes diplomáticos será bien recibida por la Autoridad Palestina en Ramallah. Sin embargo, la batalla aquí es para el futuro y no hay razón para suponer que una charla de verano entre Mahmoud Abbas, de 87 años, y Biden, de 79, vaya a cambiar mucho los contornos de Tierra Santa.

Hussein Ibish:

Biden no necesita abandonar sus principios en Arabia Saudita.  Cuando el presidente Joe Biden visite Arabia Saudita dejará atrás la antipatía que expresó durante la campaña presidencial hacia el gobierno saudí y el príncipe heredero Mohammed bin Salman. Tiene razón cuando dice que, independientemente de sus sentimientos personales sobre el historial de derechos humanos de los sauditas, la asociación de EEUU con Riad es indispensable, por razones que van desde los precios del petróleo hasta la contención de Irán y la competencia de grandes potencias con China. Aún así, Biden no debería evitar hablar de los derechos humanos con el rey Salman y el príncipe heredero. Una conversación seria sobre los abusos que se están produciendo debería ser beneficiosa para EEUU y los saudíes.

Bobby Ghosh:

EEUU y Arabia Saudita no pueden seguir enfrentados eternamente.  La asociación más importante de Oriente Medio se ha puesto en peligro por el despecho de un príncipe y el oportunismo político de un presidente. Para reparar la relación saudí-estadounidense será necesario que el primero se comporte como un adulto y el otro como un estadista. Eso es pedir mucho a dos hombres que tienen poco en común, más allá de su reputación de testarudos. Uno opera en una burbuja sin conciencia que viene con el poder absoluto, mientras que el otro ejerce un moralismo selectivo característico de una cultura política performativa. A pesar de ello, la guerra en Ucrania podría ayudar a ambos a superarse.

Javier Blas:

¿Puede Saudi Aramco cumplir con sus promesas de producción de petróleo?   Si el mercado del petróleo fuera una religión, su artículo de fe central sería la capacidad máxima de producción de Saudi Aramco, un principio basado en la confianza en lo que esperamos que sea cierto y en la creencia en propiedades que aún no hemos presenciado. El mercado está a punto de tener su epifanía. Aramco, el gigante petrolero estatal de Arabia Saudita, afirma que puede bombear de forma sostenible 12 millones de barriles al día, muy por encima del objetivo de 11 millones de barriles fijado en agosto por la OPEP+ Para la economía mundial, la capacidad sobrante saudita es la última línea de defensa contra una mayor inflación energética. Sin embargo, salvo algunos altos ejecutivos de la empresa y un puñado de miembros de la realeza saudita, nadie sabe con certeza si Aramco puede cumplir. El resto tiene una fe ciega en Aramco o simplemente no cree.

Bloomberg - Robert Burges

Lea el artículo original aquí.

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