Los miembros del comité del seis de enero, incluyendo Liz Cheney (R-WY - D), han buscado maximizar el sensacionalismo del proceso utilizando técnicas de Hollywood. FOTO: Washington Post por Jabin Botsford.

En las deliberaciones del comité sobre el 6 de enero vuelve a la carga un conocido personaje: el villano que no aparece en pantalla.

Al reanudarse las audiencias por el 6 de enero esta semana, volvemos a lo que se ha convertido en la serie de televisión del verano: para ser vista de forma compulsiva y grabada en DVR, las comparecencias de la comisión de la Cámara de Representantes que investiga el asalto de 2021 contra el Capitolio de EEUU fueron producidas por expertos con el ojo puesto en generar suspenso, participación del público y un incesante empuje.

No es de extrañar que las audiencias también hayan expuesto algunas de las figuras retóricas más consagradas del cine clásico: siguiendo el ejemplo de La Guerra de las Galaxias, han aprovechado al máximo las ventajas de la narración en serie, con referencias a episodios anteriores y tentadores avances de escenas futuras. El discurso de apertura del presidente del Comité, Bennie G. Thompson, se presenta como uno de los textos de apertura de George Lucas, informando a los espectadores sobre la cantidad de municiones que la Alianza Rebelde ha reunido en su lucha contra el Imperio Galáctico.

Y las audiencias han obedecido a una regla cardinal del cine: mantener al villano fuera de la pantalla todo el tiempo que sea posible.

Acechando sin ser visto durante las audiencias, el expresidente Donald Trump bien podría ser el tiburón de la película Jaws o Keyser Söze en Los Sospechosos Habituales, su amenaza aumenta cuanto más tiempo no podamos verlo.  A medida que se fueron presentando los testigos de sus mentiras, manipulaciones y esfuerzos desvergonzados por anular las elecciones de 2020, lo que ha surgido es más un matón mezquino y tiránico, desesperado por aferrarse al poder a cualquier precio, que una mente malvada. En varios momentos, Trump se ha parecido a Oz el Poderoso, aterrador hasta que se muestra como un hombrecillo asustado. O se ha transformado en el Harry Lime de Orson Welles, el amoral contrabandista que protagoniza la película de cine negro de 1949 El tercer hombre. O un malvado de James Bond haciendo berrinches para acabar con el mundo en alguna guarida lejana.

O tal vez Logan Roy escondido en un ático en Manhattan o fugándose en su jet privado.

Esa es la imagen que ofrece Unprecedented, el documental de tres horas de Alex Holder que se estrenó el domingo en Discovery Plus.  Holder, quien testificó ante el comité de la Cámara de Representantes el 23 de junio, se esfuerza por comparar a Trump y a sus hijos con los adinerados y privilegiados Roys, cuyas disputas disfuncionales y vertiginosa ambición son la base del éxito arrollador de Sucesión, la cual se emite por HBO.  Cada episodio de Unprecedented comienza con una música conmovedora que recuerda a la magnífica partitura de Nicholas Britell para Sucesión, acompañando montajes ásperos similares a los enigmáticos créditos iniciales de la serie de televisión.

A pesar de su producción dramática, Unprecedented no aporta mucho al precepto de Trump. En lugar de eso, recopila lo que ya sabemos en una narrativa psicobiográfica Shiv-vs.-Kendall de competencia dinástica y trauma generacional, siguiendo a Ivanka, Eric y Donald Trump Jr. en la campaña de 2020 mientras “buscan” la aprobación de su padre, como lo expresa uno de los directores de la película.

El propio Trump es entrevistado. Holder consiguió una última sesión en la Casa Blanca, pero, al igual que sus hijos, evita el tema del 6 de enero, calificándolo como "un día triste" antes de tratar de justificar el mortal asalto al Capitolio de EEUU.  Sus seguidores estaban "enfadados por lo que pasó en las elecciones", explica, "porque son inteligentes y ven".

Comparado con el explosivo testimonio del 28 de junio de la ex asesora de la Casa Blanca Cassidy Hutchinson, Unprecedented empieza con chispa, luego decae para finalmente ser indiferente. E incluso con el expresidente ahí mismo en la pantalla, sigue siendo un agujero con forma de Trump, un estafador y showman carente de carácter moral a pesar de los mejores esfuerzos de sus hijos por venderlo como "el presidente del pueblo" y firme defensor de la ley y el orden.

Cassidy Hutchinson, quien fuera asesora del director de gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, durante la presidencia de Donald J. Trump, entra a dar testimonio en el Congreso ante el comité que investiga los eventos del 6 de enero de 2020. FOTO: Washinton Post por Demetrius Freeman.

Esas descripciones suenan ofensivamente vacías en comparación con las imágenes evocadas por la oficial de policía del Capitolio de EEUU Caroline Edwards durante su impactante testimonio en la primera audiencia de la comisión este mes, el 9 de junio, cuando recordó que se resbaló en la sangre de la gente durante el ataque sedicioso al Capitolio, que describió como "una escena de guerra". O la trabajadora electoral de Georgia, Shaye Moss, relatando con escalofriante detalle las amenazas de muerte que recibió después de que Trump la difamara a través de su abogado Rudy Giuliani.

Las descripciones gráficas más escabrosas hasta ahora han sido hechas por Hutchinson en la sesión de dos horas de la comisión del 6 de enero en junio: pocos olvidarán su anécdota de como Trump se peleó literalmente con un miembro de su servicio secreto en una Suburban negra, o como corrió salsa de tomate por la pared del comedor de la Oficina Oval como sangre falsa en una película de serie B.

Después de que Hutchinson terminara su testimonio, la vicepresidenta Liz Cheney indicó que la toma de poder literal de Trump y su inclinación por lanzar la vajilla de la Casa Blanca podrían haber sido MacGuffins: el verdadero objetivo de la audiencia sorpresa quedó claro cuando leyó textos amenazantes que podrían dejar a Trump y a sus asociados vulnerables a cargos de intimidación y manipulación de testigos.  En un giro en el tercer acto, la película de acción y suspenso White House Down: Gimme the Steering Wheel se convirtió en el drama de la mafia Goodfellas, readaptación de Aaron Sorkin.

La audiencia de hoy martes prometía "conectar los puntos" entre Trump y sus legiones de seguidores de derecha extremista, que exigieron y obtuvieron de su ídolo la virulenta forma de servicio a los fans que el 6 de enero personificó tan sangrientamente.  Una vez más, se puede contar con que la comisión del 6 de enero -utilizando la fórmula de Trump de la política como entretenimiento-, distribuirá información con suficiente cuidado para mantener a la audiencia interesada y en vilo. No hay duda de que las futuras audiencias también servirán para algunos puntos de la trama memorables, bombas y, si el posible acuerdo de Steve Bannon para testificar lo permite, algunas pistas falsas.

Mientras tanto, el agujero con forma de Trump en el centro de la historia saldrá aún más a la luz como un monstruo dispuesto a destrozar la Constitución y cualquier otra norma democrática en nombre del ego narcisista. Será el público (y quizás el Departamento de Justicia) quien decida si este país puede permitirse dar luz verde a una secuela.

Washington Post -  Ann Hornaday

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