El senador Joe Manchin (D-WV) habla con la prensa luego de una reunión con miembros de la administración Biden en la Casa Blanca. FOTO: Washington Post por Jabin Botsford.

Biden prometió detener los taladros en zonas públicas y acuáticas, pero ahora evalúa revertir ese compromiso para lograr la aprobación de su proyecto de ley ecológico en el Congreso.

En la última semana y media, la Casa Blanca ha dado pasos que habrían sido considerados inimaginables cuando el presidente Biden asumió su cargo, sugiriendo que podría dar luz verde a planes de perforación en Alaska y el Golfo de México que producirían cientos de millones de barriles más de petróleo.

A pesar de violar las promesas climáticas del presidente, los funcionarios han abierto la puerta a estas propuestas a la espera de ver si su aprobación podría ayudar a conseguir finalmente el voto del presidente del Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado, Joe Manchin (D-WV), para un histórico paquete climático atascado en el Congreso.  Lo que complica sus cálculos es que los asesores de la Casa Blanca ni siquiera saben si la aprobación de estos proyectos -o de otros proyectos energéticos prioritarios para Manchin, como un oleoducto en Virginia Occidental- atraería al esquivo senador.

El difícil malabarismo, descrito por cuatro funcionarios de la administración que hablaron bajo condición de anonimato para no poner en peligro un posible acuerdo, forma parte del último esfuerzo de la Casa Blanca para salvar las posibilidades de cumplir los objetivos de reducción de emisiones de carbono fijados por Biden a pocos meses de las elecciones intermedias de 2022. Los proyectos de combustibles fósiles también pueden resultar cruciales para el paquete económico más amplio de los Demócratas centrado en la energía, los medicamentos recetados y los impuestos, ya que hasta ahora Manchin se ha resistido a aprobar únicamente los nuevos créditos fiscales para las energías limpias que conforman el núcleo de la legislación climática del partido.

El incierto destino del proyecto de ley ecológico, y el voto de Manchin, ha llevado a la Casa Blanca a retrasar decisiones sobre proyectos energéticos con importantes repercusiones ambientales, como el oleoducto de Mountain Valley y los futuros planes de perforación en el Golfo de México y en la región norte de Alaska.

Los grupos externos estiman que estos proyectos juntos generarían como mínimo unos 680 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono y quizás hasta seis veces esa cantidad.  Los defensores del clima argumentan que una mayor contaminación por carbono socavaría la promesa de Biden de reducir para 2030 las emisiones de Estados Unidos en al menos un 50 por ciento para llegar más abajo que los niveles de 2005.

Sin embargo, los expertos afirman que la contaminación adicional por carbono podría valer la pena a cambio de nuevas políticas climáticas que permitan a la industria de las energías renovables expandirse drásticamente.

David Victor, experto en política energética de la Universidad de California en San Diego, dijo en una entrevista que, si el acuerdo pudiera hacer realidad esos programas, "enviaría una señal mucho más clara a las industrias de bajas emisiones de carbono sobre dónde y cómo pueden desarrollar su negocio".

El portavoz de la Casa Blanca, Andrew Bates, declinó comentar la estrategia de la administración en un comunicado, diciendo: "No negociamos en público, sino que con los legisladores de buena fe estamos tratando de aprobar una legislación que reduzca los costos, como los de los medicamentos recetados y la energía, que disminuya el déficit haciendo que los ricos paguen su parte justa, y que combata la inflación a largo plazo."

Manchin ha mostrado un especial interés en el gasoducto Mountain Valley, que si se construye transportaría el gas de esquisto a través de los Apalaches una distancia de 300 millas desde Virginia Occidental hasta Virginia.  Diseñado para transportar dos mil millones de pies cúbicos de gas al día, el proyecto afectaría a cientos de arroyos, humedales y varios kilómetros de terreno forestal público, y aumentaría las exportaciones de gas natural licuado del país, que Estados Unidos está enviando para ayudar a Europa en medio de la guerra de Ucrania.

Aunque algunos analistas del área de energía han dicho que el oleoducto no es necesario para abastecer los mercados nacionales o internacionales, Manchin ha defendido el proyecto.  Lo ha calificado de "estratégicamente importante" para la seguridad energética de Estados Unidos y el objetivo de la Unión Europea de reducir su dependencia del gas ruso, ha dicho a los funcionarios de la administración que el gasoducto es una de sus principales prioridades y ha citado sus numerosos retrasos para afirmar que las trabas para los permisos están estrangulando la producción de petróleo y gas de Estados Unidos.

El plan quinquenal del gobierno federal para la perforación de petróleo y gas en las aguas costeras del país también se ha convertido en parte de los esfuerzos de la administración para seducir a Manchin.  Aunque Biden hizo campaña con la promesa de acabar con el arrendamiento federal, el nuevo plan presentado por el Departamento de Interior este mes identificó hasta 11 posibles nuevos arrendamientos.  Los funcionarios de Biden propusieron prohibir las exploraciones en las costas del Atlántico y del Pacífico, pero dejar la posibilidad de nuevas perforaciones en partes del Golfo de México y en la costa de Alaska.

Sin embargo, mientras la administración contempla la idea de nuevos arrendamientos, la secretaria del Interior, Deb Haaland, ha dicho que el plan no es definitivo y que su departamento está considerando la posibilidad de no realizar ninguna asignación de terrenos.

Los funcionarios de Biden también han planteado la posibilidad de permitir que se lleve a cabo un controvertido proyecto petrolero en la región del norte de Alaska.  Conocida como Willow, la multimillonaria empresa de ConocoPhillips se enfrenta a la dura oposición de los ecologistas y de algunos nativos de Alaska, que temen que altere su estilo de vida de subsistencia.  La senadora Lisa Murkowski (R-AK), una estrecha aliada de Manchin, ha dicho que quiere que la construcción comience este invierno.

Normalmente, los funcionarios federales analizan los riesgos medioambientales de un proyecto y luego dicen qué opción apoyan. Pero tanto en el caso del proyecto Willow como en el del plan quinquenal de arrendamiento, el Departamento de Interior no indicó ninguna preferencia. Aumenta la confusión que los funcionarios de la Oficina de Administración de Tierras de Alaska han publicado inicialmente una versión diferente del análisis de Willow que decía que la administración probablemente aprobaría el proyecto.

Un portavoz del Departamento de Interior declinó hacer comentarios.

Se espera que el proyecto Willow produzca 629 millones de barriles de petróleo por sí solo, a lo largo de sus tres décadas de vida. Las primeras estimaciones federales decían que el proyecto generaría unos 260 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, el equivalente aproximado de 66 centrales de carbón, pero las cifras recientes son aún más altas.

Un análisis de 2017 realizado por Oil Change International, un grupo de defensa del medio ambiente, descubrió que las emisiones de gases de efecto invernadero del oleoducto de Mountain Valley se aproximarían a 26 plantas de carbón o a 19 millones de automóviles convencionales.

Desde el punto de vista de muchos funcionarios de la administración, valdría la pena llegar a ese acuerdo si los miles de millones de dólares en incentivos fiscales para las energías renovables pudieran frenar el aumento de las emisiones que están alimentando el calentamiento del planeta.

Pero mientras sopesan esta solución negociada, los funcionarios de Biden se muestran cautelosos ante la posibilidad de aprobar estos proyectos sólo para luego perder de todos modos el voto de Manchin en el acuerdo sobre clima y energía. Manchin es conocido por negarse a ser acorralado, lo que hace que los funcionarios de la administración se pregunten qué es lo que quiere, y ha utilizado su poder en un Senado dividido por igual para bloquear los objetivos de su partido.  Las negociaciones entre Biden y el senador de Virginia Occidental fracasaron repetidas veces durante el último año.

Manchin ha dicho que impulsar la energía limpia -sin aumentar también la producción estadounidense de petróleo y gas- podría perjudicar a la nación haciéndola más dependiente de petroestados autoritarios como Arabia Saudita, quien Biden visita esta semana en parte porque Estados Unidos necesita su petróleo.  Manchin también ha expresado su preocupación por la aprobación de los cientos de miles de millones en subsidios gubernamentales para proyectos de combustibles fósiles que podrían ser rechazados por la burocracia o las demandas climáticas, dijeron muchos.

"No es ningún secreto que el senador Manchin -y muchos otros a ambos lados del pasillo- cree que la reforma de los permisos es esencial para la seguridad energética de Estados Unidos y para nuestra capacidad para reducir la huella de carbón", dijo la portavoz de Manchin, Sam Runyon, en un correo electrónico.

Los grupos de defensa ecológica han pedido a Biden que se mantenga fiel a su promesa de frenar la producción de combustibles fósiles.

"Creemos que la ampliación del arrendamiento, en tierra firme o en el mar, iría en contra del cumplimiento de los compromisos climáticos de la administración Biden", dijo Alex Taurel, director del programa de conservación de la Liga de Votantes por la Conservación.

Pero después de ver cómo Manchin retiró abruptamente su apoyo a la red de seguridad social, al clima y al proyecto de ley de impuestos de los Demócratas el año pasado, algunos activistas dijeron que aceptaron limitar los nuevos proyectos de infraestructura de petróleo y gas que el senador quiere en lugar de bloquearlos por completo.  Si Manchin tiene su precio, dicen los defensores, puede valer la pena pagar para alcanzar un acuerdo sobre las principales disposiciones del proyecto de ley ambiental.

Los funcionarios de la industria petrolera han acogido los recientes anuncios ambiguos de la administración como una señal positiva.  Los grupos de la industria han acusado a Biden de frenar la producción de combustibles fósiles y lo han culpado de los precios récord del gas, aunque los expertos en energía afirman que estos cambios se deben principalmente a las interrupciones de la cadena de suministro y a la invasión rusa de Ucrania.

"Ciertamente han dado un paso adelante, pero estamos decepcionados, sobre todo en el anuncio del programa quinquenal, por el hecho de que hayan dejado mucho margen para la posibilidad de no realizar ventas de arrendamientos", dijo Frank Macchiarola, vicepresidente ejecutivo de política, economía y asuntos regulatorios del American Petroleum Institute.

"La cuestión de las ventas de arrendamientos en la plataforma continental exterior no es una moneda de cambio, sino un requisito legal", dijo, señalando que el Departamento de Interior está obligado a publicar un plan de nuevos arrendamientos en alta mar cada cinco años.

Parte de un oleoducto de ConnocoPhillips en Alaska. FOTO: Washington Post por Bonnie Jo Mount.

Al tiempo que la Casa Blanca trata de convencer a Manchin, las personas familiarizadas con el proceso dijeron en entrevistas que los funcionarios de la administración no han tratado de influir o alterar el análisis científico de los proyectos de combustibles fósiles, como hicieron a veces los funcionarios de Trump cuando sus políticas energéticas chocaban con la ciencia establecida.

En su lugar, los funcionarios de la Casa Blanca han tomado el control de la estrategia de comunicación. El cambio ha dado lugar a una serie de lanzamientos apresurados que intentan aplacar tanto a la industria de los combustibles fósiles como a los ecologistas, pero que corren el riesgo de enfadar a ambos.  La administración publicó sus dos recientes anuncios de perforación el viernes por la noche, cuando menos gente presta atención a las noticias.

Para los empleados de carrera del Departamento de Interior, la participación de la Casa Blanca ha sido caótica. En los días siguientes al anuncio del plan de perforación en alta mar, Haaland convocó a varias docenas de empleados por Zoom para agradecerles su trabajo, diciendo: "Esto ha sido una verdadera montaña rusa".

Aunque Manchin tiene una considerable influencia en Washington -algunos llaman Build Back Manchin a los intentos de los Demócratas de salvar piezas del ya desaparecido proyecto de ley Build Back Better-, puede haber límites a lo que los Demócratas pueden ofrecerle.  La aprobación de estos proyectos de combustibles fósiles queda fuera de los límites del procedimiento presupuestario del Senado que el partido está utilizando para aprobar su proyecto de ley de presupuestos, lo cual hace imposible que los Demócratas codifiquen la aprobación del oleoducto de Virginia Occidental, o promuevan la reforma de los permisos, en ese paquete.

Si las conversaciones con los líderes Demócratas fracasan, es poco probable que Manchin pueda trabajar con los Republicanos para acelerar los proyectos de combustibles fósiles.  Pero el estancamiento sugiere que podría seguir siendo difícil de alcanzar un acuerdo entre la Casa Blanca y Manchin, incluso si ambas partes pueden encontrar un terreno común.

Michael Wara, experto en política energética y climática de la Universidad de Stanford, afirmó que, aunque la guerra de Ucrania y el aumento de los precios del gas han hecho más difícil la política de lucha contra el cambio climático, Estados Unidos ya se dirige a un "cambio total" en su forma de generar energía.

"En un mundo en el que el transporte se está electrificando a un ritmo que realmente no esperábamos, en un mundo en el cual los fabricantes de automóviles están despidiendo a sus equipos de diseño de combustión interna", dijo, las decisiones del gobierno federal de aprobar más infraestructuras de combustibles fósiles no son necesariamente un hecho.

"El hecho de que se dé permiso a alguien para hacer algo no significa que lo vaya a hacer si no puede ganar dinero", dijo Wara. "Y el mundo evoluciona".

Washington Post -  Jeff Stein y Anna Phillips

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