La secretaria del tesoro estadounidense, Janet Yellen, a su llegada a la reunión de autoridades financieras del G20 hoy en Bali, Indonesia. FOTO: EFE/EPA/SONNY TUMBELAKA / POOL.

La Reserva Federal debe mantener la calma en lo que se refiere a continuar con la compresión monetaria.

Todavía es posible que la economía estadounidense logre un "aterrizaje suave", es decir, que controle su problema de inflación y vuelva a tener un crecimiento sólido sin demasiado sufrimiento. Sin embargo, a medida que pasan las semanas, son cada vez más sólidos los argumentos para que los consumidores y los inversionistas empiecen a abrocharse los cinturones y a prepararse para un impacto un poco más accidentado.

Esta semana se supo que la inflación de los precios al consumidor alcanzó el 9,1 por ciento, el nivel más alto en 40 años y superior a la opinión de consenso.  Entre las cifras que componen el índice, los precios de la energía subieron un 42 por ciento y los de los alimentos un 10 por ciento.  Aun así, no se debe a unas pocas materias primas volátiles: la inflación subyacente, que excluye esas categorías, subió un 5,9 por ciento en el año.

A partir de aquí, la decisión de la Reserva Federal parece sencilla: subir las tasas rápidamente. Al fin y al cabo, la inflación es alta y el desempleo es bajo, de sólo el 3,6 por ciento.  El Banco de Canadá, que se enfrenta a una situación similar, con una inflación muy alta y bajo desempleo récord, subió las tasas esta semana en un punto porcentual a 2,5 por ciento.

Los precios del mercado implican que los inversionistas esperan que la Reserva Federal siga subiendo las tasas en una cuantía similar en su próxima reunión a finales de julio, quizás también en un punto porcentual. Los inversionistas esperan que las tasas lleguen a un nivel cercano al 3,5 por ciento a finales de este año, un nivel en el que se espera que la política monetaria frene la actividad.

Los argumentos a favor de las subidas rápidas ahora no tienen que ver con las últimas cifras. Sin duda, es demasiado tarde para afectar la inflación del pasado. Como afirmó Joe Biden en su respuesta a las cifras, "también está desactualizada" en otro sentido.  Muchas presiones visibles en los números están disminuyendo, ya que los precios de las materias primas han bajado.

Una de las principales razones para subir las tasas ahora es, como dijo el Banco de Canadá, "romper el círculo vicioso... para volver a anclar las expectativas de inflación a largo plazo". Fundamentalmente, la inflación está fuera de control. Quienes negocian paquetes salariales y fijan los precios de los menús desconfiarán -con razón- de las declaraciones de que la inflación volverá pronto a niveles moderados.  La tarea de la Fed es convencerlos de que el próximo año será diferente.

Aquí hay un riesgo. Los aumentos de las tasas de interés actúan reduciendo la demanda; matan empresas y provocan pérdida de empleos. Es posible que las subidas rápidas de las tasas causen o empeoren innecesariamente una recesión que, según algunos datos, se avecina de todos modos.

En tal escenario, el endurecimiento puede simplemente profundizar una desaceleración que iba a domar la inflación.  Además, las expectativas no parecen estar desancladas y el crecimiento salarial está disminuyendo.  Está el peligro de que apoyar las grandes subidas ahora quizás sea recurrir a una medicina peor que la enfermedad.

No obstante, también se corre un riesgo del otro lado: actuar demasiado lento significaría permitir que la inflación se arraigue completamente. Es más fácil revertir el curso ablandando la política monetaria que accionando sobre un problema inflacionario que se ha filtrado en aguas subterráneas.

Puede que las expectativas de inflación a mediano plazo sigan ancladas, pero no podemos esperar a que se descalcen para actuar.  Se espera que las próximas previsiones de la Fed sean menos alentadoras que las anteriores.  Sin embargo, la última vez aún anticipaban un crecimiento continuo y un bajo nivel de desempleo, incluso mientras subían las tasas.  No hay ninguna expectativa de que se produzca un choque brutal.

Los inversionistas se han pasado gran parte de esta semana pensando qué significa todo esto, aumentando las predicciones sobre la futura trayectoria de las tasas de interés y las posibilidades de recesión.  Sin embargo, hay buenas noticias en parte de esto: es difícil leer las respuestas de los mercados como una señal de que los inversionistas piensan que esta inflación ultra alta ahora es una característica permanente de la vida estadounidense.  La Fed tiene credibilidad.  Aunque todavía tiene que ajustar más para justificar esa fe.

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