Steve Bannon fue hallado culpable de desacato al Congreso, pero dice que todo es debido a una persecución política que podría acabar en una guerra civil en el país. Es algo también evidente en el discurso de múltiples candidatos Republicanos en el proceso electoral de medio período. FOTO: Washington Post por Amanda Andrade-Rhoades.

Tanto en los estados pendulares como en los escaños seguros, muchos candidatos del GOP dicen a los votantes que los liberales los odian personalmente.

Días antes de las elecciones primarias del 19 de julio en Maryland, Michael Peroutka se puso de pie en medio de un restaurante italiano de Rockville y describió su idea de lo que sería un ataque extranjero a Estados Unidos.

"Esperaríamos que hicieran permeables nuestras fronteras", dijo Peroutka a la multitud, que había acudido a escuchar a los Republicanos que se han postulado como candidatos a fiscal general del Estado. "Seguramente harían de nuestras ciudades lugares inseguros para vivir. Esperaríamos que intentaran arruinar nuestra economía". El país está "en guerra", explicó, "y el enemigo ha incorporado a miembros y agencias y agentes de nuestro gobierno".

El martes, Peroutka se sobrepuso fácilmente de un Republicano más moderado para ganar la nominación.  Dan Cox, delegado estatal que obtuvo el respaldo de Donald Trump tras apoyar el esfuerzo del expresidente para alterar las elecciones de 2020, también superó a un Republicano que contaba con el respaldo del popular gobernador del estado, Larry Hogan.

Ambos candidatos describieron un país que no solo tiene problemas, sino que está siendo destruido por líderes que desprecian a la mayoría de los estadounidenses, lo que supone una guerra civil. Tanto en los estados pendulares como en los escaños seguros, muchos Republicanos dicen a los votantes que los liberales los odian personalmente y que podrían hacer que los alborotadores o al estado policial arremetan contra quienes no los obedecen.

Refiriéndose a la pandemia de coronavirus y a las protestas de 2020 en contra de la brutalidad policial, Cox dijo a sus partidarios en un mitin el mes pasado: "Se nos dijo que teníamos 14 días para aplanar la curva y, sin embargo, se permitió que el movimiento Antifa quemara nuestros automóviles de policía en las calles".  Continuó: "¿De verdad creen que, con lo que estamos viendo, con los disturbios que han ocurrido, no deberíamos poder defender a nuestras familias? Por eso tenemos la Segunda Enmienda".

La retórica es estimulante, aunque no del todo nueva. Los comentaristas liberales hicieron un uso generalizado de la palabra "fascismo" para describir la presidencia de Trump. La teoría infundada de que el presidente Barack Obama estaba debilitando el poder estadounidense como agente extranjero era popular entre algunos Republicanos, incluido Trump, quien luego fue sucesor de Obama en la Casa Blanca.

Muchos Demócratas consideraron que la reacción contra Obama era por su carrera política, y vieron poco probable que Biden inspirara una oposición masiva a Trump en las elecciones presidenciales.  Pero muchos Republicanos también consideran a Biden una figura malévola, un medio para desatar una detestable campaña de izquierda que debilite a Estados Unidos.

"Es intencionado", declaró la ex gobernadora de Alaska Sarah Palin, quien se postulará en las elecciones especiales del próximo mes para el único escaño del estado en la Cámara de Representantes, en una entrevista con el ex asesor de Trump, Steve Bannon. "Se trata de la transformación fundamental de Estados Unidos. Solo se puede transformar de manera radical algo por lo que se siente desprecio".

Ese argumento se ha dramatizado en anuncios que, por ejemplo, muestran a un candidato armado que parece entrar anárquicamente a la casa de un enemigo político, y en otro que advierte de "la mafia" que amenaza a los estadounidenses de a pie. En muchos casos, los candidatos blanden armas de fuego mientras amenazan con hacer daño a los liberales u otros enemigos.

En el centro de Florida, Estados Unidos, el veterano del ejército, Cory Mills, publicó anuncios sobre su empresa, la cual vende el gas lacrimógeno que se utilizó para sofocar los disturbios en 2020. “Seguramente ya conocen algo de nuestro trabajo", recita, y presenta un montaje que muestra manifestantes de lo que se denomina "Antifa", "Izquierda Radical" y Black Lives Matter huyendo del gas.

En el noroeste de Ohio, el candidato Republicano al Congreso, J.R. Majewski sale en un video de campaña caminando por una fábrica en ruinas, sosteniendo un arma semiautomática, advirtiendo que los Demócratas "destruirán nuestra economía" con políticas deliberadamente malas.

"Su agenda está poniendo a Estados Unidos de rodillas, y estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario", asegura Majewski, quien busca un escaño en la Cámara de Representantes en un distrito de los suburbios de Toledo que fue redibujado para que la representante Marcy Kaptur (D-OH), pueda ser derrotada. "Si tengo que derribar puertas, eso es justamente lo que los patriotas hacen".

En Missouri, el candidato Republicano al Senado, Eric Greitens, emitió este verano dos anuncios en los que sostiene o dispara armas, prometiendo ir a la "caza de RINO" (alusión a rinocerontes utilizada para describir a los Republicans in Name Only o Republicanos sólo de nombre) en un anuncio y apuntando al "establishment político" en el segundo.

Ante el temor de sufrir grandes pérdidas en noviembre, algunos Demócratas han gastado dinero para ayudar a los candidatos Republicanos que hablan así, bajo la teoría de que será más fácil vencerlos en noviembre. La Asociación de Gobernadores Demócratas gastó más de $1,1 millones en anuncios positivos para Cox, mientras éste decía a los votantes que posiblemente algún día tendrán que luchar contra Antifa con sus propias armas.

Sin embargo, candidatos como Majewski han ganado sin la ayuda de los Demócratas, ayudados por la alta participación y la energía de las bases. La idea de que las políticas de la administración Biden están diseñadas para fracasar (para aumentar los precios de la gasolina o el costo de los alimentos) es un tema popular de la campaña.

Los encuestadores han constatado que a los estadounidenses les preocupa la unidad del país; una encuesta de YouGov publicada el mes pasado indica que la mayoría de los Demócratas y Republicanos están de acuerdo en que Estados Unidos "dejaría de ser una democracia" algún día.

Las victorias Republicanas desde 2020, incluyendo un triunfo arrollador en las elecciones estatales de Virginia y la victoria en unas elecciones especiales en junio entre dos candidatos hispanos en el sur de Texas, no han aligerado el ánimo del GOP.  Andy Surabian, un estratega Republicano que trabaja con los candidatos al Senado de EEUU respaldados por Trump, J.D. Vance en Ohio y Blake Masters en Arizona, declaró que la orden, emitida el año pasado en las grandes empresas, de vacunarse o realizarse una prueba de COVID fue un punto de inflexión en las opiniones del gobierno de Biden, incluso después de que fuera bloqueada por la mayoría conservadora del Tribunal Supremo.

"Es la razón número uno por la cual la gente pasó de pensar 'tal vez esto sea incompetencia' a 'aquí está pasando algo más'", subrayó Surabian. "Es decir, ¿esta gente realmente quiere un sistema de crédito social como el de China?"

Rick Shaftan, un estratega conservador que trabaja con contrincantes Republicanos este ciclo, declaró que los votantes del partido observan con nerviosismo los índices de criminalidad en las ciudades, preguntándose si la seguridad pública se estaba degradando a propósito. También señaló que las respuestas del gobierno ante la pandemia han sido una razón de nerviosismo para esos votantes, y sus candidatos.

"La gente prestó mucha atención a los camioneros", dijo Shaftan, refiriéndose a las protestas canadienses contra las órdenes de vacunación que ocuparon Ottawa este año y cerraron brevemente un puente internacional. "Se supone que Canadá es una democracia. . . . La gente se preocupa: ¿Puede ocurrir eso aquí?"

Los Republicanos han citado con frecuencia la detención de cientos de los alborotadores que irrumpieron en el Capitolio el 6 de enero de 2021 como prueba de la guerra que libra el gobierno contra su pueblo.

A principios de julio, en una reunión municipal en el suroeste del estado de Washington, el candidato Republicano al Congreso, Joe Kent, manifestó ante su audiencia que el "falso disturbio" del 6 de enero estaba siendo "usado como un arma en contra de cualquiera que estuviera en desacuerdo con lo que el gobierno nos dice", ya sean padres enfadados por la educación en las escuelas públicas o personas que habían cuestionado el resultado de las elecciones de 2020.

"Estos son los tipos de tácticas que veía en los países del Tercer Mundo cuando servía en el extranjero", explicó Kent a la multitud reunida en una glorieta en Rochester, una de las ciudades representadas actualmente por Jaime Herrera Beutler (R-WA).  “Podías ver cómo la Guardia Pretoriana o los servicios de inteligencia agarraban a los opositores y los metían en las mazmorras. Nunca pensé que vería eso en Estados Unidos".

El propio Trump ha acusado con frecuencia al presidente Joe Biden de intentar arruinar el país y crear conflictos para mantener el poder.

"Joe Biden ayudó a liderar la infame campaña de su partido contra nuestros oficiales de policía, y luego llevó la agenda de los alborotadores directamente a la Casa Blanca", espetó Trump a sus partidarios durante un mitin en Las Vegas el mes pasado, acompañado por el sheriff del condado de Clark, Joe Lombardo, candidato del GOP a gobernador. "En las calles fluye la sangre de víctimas inocentes del delito".

Después de que a principios de mayo se filtrara la noticia de que un proyecto de dictamen de la Corte Suprema sobre el caso Dobbs vs Jackson Women's Health Organization anulaba el derecho al aborto a nivel federal, un grupo autodenominado Jane's Revenge se atribuyó el mérito de los actos vandálicos cometidos contra los centros de embarazos en crisis, donde se disuade a las mujeres de interrumpir su embarazo.  Esos incidentes se convirtieron rápidamente en anuncios políticos en los que se preguntaba por qué los Demócratas no condenaban más enérgicamente la violencia.

Algunos Republicanos también señalan el supuesto plan de un hombre de California para asesinar al juez de la Corte Suprema Brett Kavanaugh, uno de los jueces que conformó la mayoría en el caso Dobbs.

"Los liberales radicales se comportan como terroristas, llamando a un verano de furia", asegura un narrador en un nuevo anuncio de Catholic Vote, un grupo conservador que gastó $3 millones este mes para intentar derrocar a Demócratas vulnerables de la Cámara. "Un intento de asesinato a un juez de la Corte Suprema. Los terroristas domésticos lo llaman 'temporada de caza'".

Varios solo repiten lo que expresa Vance, el autor de Hillbilly Elegy, quien ha argumentado que el aumento de las muertes por fentanilo parece un resultado "intencionado" de las políticas fronterizas del gobierno de Biden, una forma en la cual un presidente impopular "castiga a la gente que no votó por él".

El argumento no es solo que los Demócratas no están de acuerdo con los conservadores, sino que los desprecian y los perjudican a propósito. La semana pasada, después de que un hombre atacara al miembro de la Cámara de Representantes, Lee Zeldin (R-NY), en un mitin de campaña para gobernador, Biden y la vicepresidenta Kamala Harris condenaron la violencia, al igual que la gobernadora Kathy Hochul, Demócrata.

Sin embargo, los Republicanos locales sugirieron que los Demócratas habían motivado efectivamente el ataque, señalando un comunicado de prensa Demócrata sobre el mitin que "invitaba a la gente a acosar" al candidato, según un ejecutivo del condado del GOP. Aunque el fiscal del distrito que dejó salir de la cárcel al agresor era partidario de Zeldin, el candidato y su partido argumentaron que las reformas a las reglas de fianza, impulsadas por los Demócratas y aprobadas en 2019, habían dejado al agresor libre.

"Si amas a Estados Unidos, te odian", alega Jim Pillen, candidato Republicano a gobernador de Nebraska, en un anuncio de televisión. "Si apoyas a la policía, te llaman racista".

Washington Post - David Weigel

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