El presidente de China, Xi Jinping (D), durante una reunión bilateral con su homólogo indonesio, Joko Widodo (I); Indonesia es uno de los países que se han beneficiado de la iniciativa de la Franja y la Ruta impulsada por China como apoyo de infraestructura al mundo en desarrollo. FOTO: EFE/EPA/LAILY RACHEV / INDONESIAN PRESIDENTIAL PALACE.

La arquitectura del financiamiento para el desarrollo mundial necesita una revisión.

Hace solo cinco años, el líder chino Xi Jinping proclamó que la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI por sus siglas en inglés) era el "proyecto del siglo".  Ahora, el enorme programa de construcción de infraestructuras, a menudo beneficiosas, en países en desarrollo se está transformando en una operación de extinción de incendios financieros a gran escala.

El valor total de los préstamos otorgados por instituciones financieras chinas a proyectos en los países de la BRI que tuvieron que renegociarse en 2020 y 2021 alcanzó los $52 millardos, según los datos recopilados por Rhodium Group, un grupo de investigación con sede en Nueva York.  Esta cifra representa más del triple de los $16 millardos de los dos años anteriores.

De este modo, el plan de Xi se está convirtiendo en la primera crisis de la deuda que tiene China en el extranjero.  Las renegociaciones -que en su mayoría implicaron condonaciones de préstamos, calendarios de pagos diferidos y reducciones de las tasas de interés- fueron necesarias debido al deterioro de las condiciones financieras en los países deudores, además de problemas específicos de los proyectos.

La envergadura de la BRI hace que este asunto sea de importancia mundial.  China es la mayor fuente de crédito para el desarrollo para el resto del mundo, eclipsando al Banco Mundial y al FMI.  También concede más préstamos para el desarrollo en el extranjero que los 22 miembros del Club de París juntos.

Sin duda, la pandemia impulsó en gran medida el fuerte deterioro de la cartera de préstamos de la BRI en 2020 y 2021.  No obstante, Pekín también debe reconocer que los fallos en el diseño del programa -entre ellos la falta general de transparencia, la insuficiente gestión del riesgo en los proyectos y la participación de muchas de las naciones deudoras más riesgosas del mundo- también pasaron factura.

Los estudios de impacto ambiental y social están casi siempre ausentes en los proyectos de infraestructura de la BRI financiados por los dos grandes bancos de políticas de China y sus bancos comerciales estatales. Aunque eso puede acelerar la aplicación, aumenta los riesgos a futuro. Las protestas públicas, los retrasos crónicos y las acusaciones de corrupción han perseguido a muchos destacados proyectos de la BRI.

Otro defecto de diseño es haber elegido deudores que conllevan riesgo -entre ellos Pakistán, Venezuela, Rusia, Angola, Ecuador, Argentina, Sri Lanka, Zambia e Irán.  A medida que los préstamos de los proyectos entran en moratoria, Pekín se ve obligado a proporcionar "decenas de miles de millones" de dólares estadounidenses en "préstamos de rescate" a los países de la BRI para evitar el incumplimiento, según un estudio de AidData, un grupo de investigación.

El asunto apremiante ahora para China y para los deudores de la BRI que ya han caído en incumplimiento -como Sri Lanka y Zambia- es cómo resolver rápido las crisis junto a otros acreedores como el Banco Mundial, otros prestamistas multilaterales y los tenedores de bonos internacionales.

Aunque cooperar con los prestamistas multilaterales va en contra del diseño bilateral de la BRI, Pekín debería intentar respetar un amplio principio de paridad.  En lugar de posicionarse como acreedor prioritario, China debería acordar la devolución de los préstamos en condiciones casi iguales a las del Banco Mundial y otros organismos multilaterales, así como asumir un recorte similar en los reembolsos. Esto aceleraría las resoluciones y suavizaría las dificultades económicas que sufren los países que no han cumplido con los pagos.

A largo plazo, China también debería revisar la forma de conceder préstamos para el desarrollo a través de la BRI. También en este caso debería adoptar un enfoque más multilateralista, cooperando con los bancos multilaterales de desarrollo y realizando suficientes estudios de gestión de riesgos antes del financiamiento.

En esto, hay un ejemplo claro para seguir. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, prestamista multilateral con sede en Pekín y dirigido por China, realiza toda una serie de estudios de gestión de riesgos antes de otorgar los préstamos. En los seis años transcurridos desde su creación, el BAII ha mantenido una de las carteras de préstamos de mayor calidad del mundo.

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