Eventos turísticos como el Tour de France están bajo acecho por el aumento de las temperaturas a nivel global, ya que las condiciones no permiten que la carrera se lleve a cabo con normalidad. FOTO: Washington Post por Laurence Geai/MYOP.

Este podría ser el futuro de los planes de ocio.

En la novela posapocalíptica de Cormac McCarthy, La Carretera, continuamente llueve ceniza desde un cielo oscurecido por el invierno nuclear.  La semana pasada, la ceniza cayó durante tres días en la piscina de la casa de la Toscana que había alquilado con unos amigos estadounidenses de Londres como parte de unas vacaciones post pandemia que habíamos estado postergando durante mucho tiempo, y que desgraciadamente coincidieron con una ola de calor récord en Europa y con incendios forestales cerca de la casa que alquilamos. Debido a temperaturas que rondaban los 40 grados y suficiente humo como para necesitar máscaras de oxígeno, tuvimos que interrumpir las vacaciones.

¿Es éste el futuro de las vacaciones en medio del cambio climático?  Muy posiblemente. Se podría argumentar que ir a Italia a finales del verano es una mala idea.  Pero no nos habría ido mejor en California, donde los incendios provocados por el calor también arrasaron, o en China, donde inundaciones repentinas desplazaron a miles de personas, o incluso en casa, en Nueva York, donde las autoridades municipales dijeron a los ciudadanos que desenchufaran sus electrodomésticos y advirtieron que no prendieran el aire acondicionado a su máxima potencia con el fin de evitar un colapso de la red de suministro eléctrico.  La policía de mi ciudad, al igual que la de muchos otros lugares de Estados Unidos, se está preparando para un aumento de los delitos violentos, los cuales están relacionados con las olas de calor.

Tanto las temperaturas como los ánimos se encendieron durante mis breves vacaciones, y no solo porque nuestro anfitrión insistió en que no usáramos el aire acondicionado: "Solo estás alimentando la guerra de Putin", dijo, lo cual es bastante cierto.  Mis amigos expatriados estaban furiosos por la reciente decisión de la Corte Suprema que frenó la capacidad de la Agencia de Protección del Medioambiente para hacer cumplir las normas de energía limpia y seguridad medioambiental.  El consenso en nuestro grupo fue que alguien debería obligar al senador Joe Manchin (D-WV), a pesar de sus recientes compromisos de última hora sobre el gasto ambiental, a ir de vacaciones al Valle de la Muerte en California durante una semana, sin nada más que uno de esos pequeños ventiladores de mano.

El cambio climático, por supuesto, no es un asunto de risa. Si Estados Unidos no puede dar un avance significativo en el tema, sospecho que será para el gobierno de Biden lo que la crisis financiera fue para el gobierno de Obama: el fracaso de la política que crea un efecto dominó negativo para los años venideros. Barack Obama llegó al poder con la ambición de arreglar todo, desde el sistema sanitario estadounidense hasta la desigualdad de ingresos. Pero la sensación de que su gobierno no había rescatado a los propietarios de viviendas durante la crisis de las hipotecas de alto riesgo, al tiempo que los mayores bancos se hacían más grandes y ricos, creó un sentimiento de desilusión (especialmente entre la izquierda laborista) que acabó por paralizar su capacidad para lograr muchas cosas.

Ciertamente, la reciente capitulación de Manchin en el proyecto de ley de gasto de la Casa Blanca es una victoria para el gobierno de Biden.  Pero el presidente está luchando contra otras prioridades y con vientos de proa.  Consideremos, por ejemplo, cómo la actual crisis energética ha hecho que Estados Unidos vuelva a relacionarse con el gobierno saudita. Aunque el gobierno de Biden ha reafirmado una alianza, todavía no ha conseguido ningún compromiso concreto sobre el petróleo.  Será difícil para Estados Unidos posicionar su política exterior como una política que se basa en los "valores" (sobre todo en comparación con China) cuando Biden se reúne con el príncipe heredero Mohammed bin Salman, cuyo gobierno es responsable de todo tipo de atrocidades contra los derechos humanos.

Se puede argumentar, por supuesto, que el esfuerzo por estabilizar los mercados energéticos mundiales en medio de la guerra en Ucrania requiere ese compromiso.  Sin embargo, aunque los sauditas consigan bombear más petróleo a corto plazo, su producción de petróleo está cerca de su límite. De hecho, ellos mismos están importando más combustible ruso para la generación de energía.  Putin tiene la ventaja; la única manera de disminuirla es pasar lo más rápidamente posible a un futuro de energía limpia.

El aumento de las temperaturas promedio en los últimos cuatro años con respecto a períodos anteriores más largos ha sido significativo en EEUU.  FUENTE: Washington Post.

Es un enigma circular que hace que uno se pregunte dónde podríamos encontrar terrenos altos o temperaturas frescas. Desde luego, no en el sur y el oeste de EEUU, donde estados rojos como Texas, Oklahoma, Iowa y Missouri están luchando contra el intenso calor y la sequía que probablemente frenarán la producción de cultivos destinados a la venta como el maíz y la soja. A su vez, esto no hará más que aumentar la inflación de los alimentos y echar más leña al fuego (perdón por el juego de palabras) de todos los problemas que he expuesto anteriormente.

Ed, sé que has sido escéptico sobre la capacidad de Biden para cumplir con sus compromisos importante en materia de clima. ¿De qué manera los acontecimientos de los últimos días han cambiado tu opinión (o no) sobre este tema?

Edward Luce responde

Antes de responder a tu pregunta, Rana, debo mencionar que regresé bronceado de una visita al Reino Unido.  Cuando les conté a mis amigos estadounidenses que preguntaban dónde me había bronceado, se rieron y dijeron: "no, en serio, ¿dónde?". Inglaterra, repetí. Por supuesto, el calentamiento global no es un asunto de risa, aunque la excelente calidad del champán de Sussex hoy en día despierta en mí sentimientos encontrados de vez en cuando.

Diría que los cambios meteorológicos que he observado a lo largo de mi vida (en la casa del norte de Brighton a la que se mudaron mis padres cuando yo tenía cuatro años) han sido impresionantes.  Pero sería un eufemismo. Han sido impresionantes en los 15 años que tiene mi hija.  La escuché el otro día diciéndole a una amiga: "En Inglaterra siempre está soleado".  El calor de 110 grados Fahrenheit que tuvimos a mediados de julio me recordó esa sensación aplastante de los veranos de Nueva Delhi cuando uno sale a la calle.  Dentro de unos años, el Reino Unido tendrá que usar aire acondicionado, lo que no ayudará. Pero la gente tiene que poder dormir por la noche.

En cuanto a Biden y Manchin, el compromiso presupuestario ha sido una agradable sorpresa, aunque no estaré tranquilo hasta que se haya aprobado.  Será una parte, si no la mayor parte, del camino hacia el cumplimiento de los objetivos de reducción de carbono de Estados Unidos para 2030.  A pesar de todas la exasperación causada por Manchin, no puedo evitar preguntarme cómo sería el mundo si el Partido Republicano reconociera que el calentamiento global es un reto trascendental.  Hasta parece fantasioso sugerirlo.  Sin embargo, en 2008 el candidato presidencial Republicano John McCain, consideraba la lucha contra ambiental como un elemento central de su campaña.  La degeneración del GOP en el partido del culto a los combustibles fósiles en la retaguardia es una tragedia de gran negligencia moral.  También es otra de las profundas afinidades de la derecha estadounidense con la Rusia de Putin.  Puede que recordemos la guerra de Ucrania no como la última de las guerras terrestres del siglo XX, sino como la primera en la que nuestra adicción a los combustibles fósiles fue fundamental para el resultado.

Rana Foroohar, Edward Luce

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