Los reguladores están ampliando su esfera de acción hacia las grandes empresas tecnológicas a la vez que estas crecen en nuevos sectores. FOTO: Bloomberg por Victor J. Blue.
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Las nuevas normas de la UE, los requisitos para cotizar en EEUU y la fragmentación de Internet harán mella en los modelos de negocio de las plataformas.

Se ha escrito mucho sobre si las grandes empresas tecnológicas han tocado techo. Recientemente, Meta anunció la primera caída de sus ventas en medio de un descenso de la publicidad en línea. Amazon, Netflix y otros han recortado la contratación de personal. Se derrumbaron las acciones de muchas plataformas este año, lo cual es habitual que ocurra cuando las tasas suben y su crecimiento disminuye.

Sin embargo, se trata de tendencias a corto plazo que dependen del ciclo económico global. El mayor cambio es que empiezan a aparecer verdaderos resquicios en el principal modelo de negocios de las grandes empresas tecnológicas, el cual depende de la globalización y del efecto de red para crear escala. Hay tres giros políticos y normativos clave que ponen en entredicho la capacidad de las plataformas para cruzar fronteras y asegurarse una cuota de mercado. Y se están produciendo en formas que resultarán más duraderas y tendrán más impacto que las alzas y caídas de los precios de las acciones en una recesión mundial.

En primer lugar, hay que considerar la normativa de la UE, aprobada en julio, que obligará a los mayores servicios de mensajería instantánea del mundo -incluidos iMessage de Apple, WhatsApp y Facebook Messenger de Meta, y muy probablemente Google Chat y Microsoft Teams- a comunicarse entre sí. Este tipo de "interoperabilidad" hará más difícil que estas empresas se aseguren una cuota de mercado mediante el habitual acaparamiento de tierras de las grandes empresas tecnológicas, que consiste en atraer a los usuarios a un servicio concreto y luego encerrarlos al hacerles difícil el cambio de sus datos e información a los rivales.

Cuando las listas de contactos y otros datos son portátiles al instante, resulta fácil pasar de un servicio a otro. Esto puede crear un panorama tecnológico más competitivo con el tiempo, aunque los defensores de la privacidad temen que también genere más posibilidades de abusos de datos, ya que requerirá un paradigma de software más abierto que, según algunos, podría socavar la seguridad).

En el ámbito político, ocurre lo contrario: a muchas empresas tecnológicas les resulta cada vez más difícil cruzar las fronteras. Hace dos semanas, Alibaba, el gigante chino de las plataformas tecnológicas, solicitó que su cotización primaria sea en la bolsa de Hong Kong, anticipándose a las nuevas regulaciones financieras de EEUU que exigen una mayor auditoría de datos sensibles de la que Pekín está dispuesta a permitir. Unas 200 empresas chinas podrían terminar retirando su cotización de EEUU debido a la normativa.  Esto pone de manifiesto el mundo bipolar, o incluso tripolar, que se está desarrollando en el ámbito de la tecnología, dado que se profundiza la divergencia entre EEUU, Europa y China.

Aunque se rumora que la administración Biden levantará los aranceles impuestos a China, la élite económica y política de EEUU tiene pocas expectativas de que volvamos a tener una red mundial única y unificada. Recientemente, el Consejo de Relaciones Exteriores publicó un informe de un grupo de trabajo titulado "Enfrentarse a la realidad del ciberespacio: La política exterior para una Internet fragmentada". En él se declaraba que "la era de la Internet global terminó" y que "Washington será incapaz de detener o revertir la tendencia a la fragmentación".

El grupo de trabajo, que incluía a tecnólogos, directores ejecutivos, funcionarios del sector público y miembros del área de inteligencia, instó a los políticos a construir el comercio digital entre "socios de confianza" (lo que suena parecido al denominado "friendshoring" para la cadena de suministros), a resolver los problemas de transferencia de datos entre EEUU y la UE, así como a utilizar la ley europea de Reglamento General de Protección de Datos (GDPR, por sus siglas en inglés) como base de una política de privacidad compartida para las democracias liberales.

Hay mucho trabajo por hacer en ese frente; en EEUU ni siquiera se puede aprobar una ley federal de privacidad. En parte, esto se debe a los temores de la izquierda política de que la industria tecnológica haya conseguido diluir tanto la propuesta de legislación nacional que, en realidad, socavaría las duras normas que ya funcionan en estados como California. También se teme que una ley federal haga recaer demasiada responsabilidad sobre su aplicación en una sola agencia, la Comisión Federal de Comercio (FTC).

A pesar de ello, la FTC, bajo la dirección de su pionera presidenta Lina Khan, ya está impulsando una iniciativa que podría cambiar las reglas del juego en otro ámbito. A finales de julio, impugnó la oferta de Meta por la empresa de realidad virtual Within, al argumentar que la compañía ya era un actor clave en el área de Realidad Virtual (RV) y que estaba tratando de "comprar su camino a la cima" en lugar de competir por sus propios méritos.

El caso, que es muy inusual, ya que se trata de la adquisición de una llamada start-up o empresa incipiente en lugar de una fusión entre dos gigantes, afecta el corazón del modelo de las grandes tecnológicas de absorber a posibles competidores en sus inicios. Por ejemplo, la adquisición en 2014 de la prometedora empresa de RV Occulus, por parte de Facebook antes de llamarse Meta, se aseguró de que el prometedor sistema operativo del la start-up no compitiera con el suyo. Sus adquisiciones de Instagram y WhatsApp igualmente impidieron que esas empresas se convirtieran en competidoras de la red social.

Meta no es la única que lo hace. Numerosas empresas incipientes han acusado a Amazon de adquirir su tecnología para lanzar productos de la competencia. Asimismo, Google compró cientos de posibles competidores. Aún así, si el caso actual, que se desarrollará durante años, tiene éxito, cambiaría profundamente la táctica de las grandes empresas tecnológicas de asfixiar a los jóvenes competidores.

Todo esto, a su vez, comenzaría a socavar el efecto de red que ha permitido a las mayores empresas alcanzar tal tamaño y concentración. Incluso podría abrir la puerta a la fragmentación de las plataformas. El proceso tardará en desarrollarse y lo hará de diferentes maneras según la geografía. No obstante, estos desafíos al modelo de negocio de las grandes tecnológicas son reales. Los inversionistas deberían tomar nota.

Rana Foroohar

Derechos de Autor - The Financial Times Limited 2021.

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