De izquierda a derecha la representante Marjorie Taylor Greene (R-GA), el presentador de Fox News Tucker Carlson, el expresidente Donald Trump, la estrella de golf, Greg Norman, y los hijos de Trump, Donald Jr. y Eric. FOTO: EFE/EPA/JUSTIN LANE.
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La ira se propagó a todo el estamento conservador de Estados Unidos desde que agentes federales entraron en la casa del expresidente.

Ubicada al costado del puente que conecta la isla de Palm Beach con Florida continental, un día después de que el FBI allanó el cercano complejo Mar-a-Lago de Donald Trump, Mary Ann Robinson sostenía una bebida alcohólica White Claw en una mano y arremetía contra las fuerzas federales del orden.

"Cuando hicieron la redada en la casa de nuestro presidente, me sentí dolida y luego enfadada", dijo la administradora sanitaria ya jubilada. "Vengo a estas manifestaciones para llamar la atención sobre lo que ocurre en nuestro gobierno. Sabemos que los comunistas ateos nunca derribarán esta república mientras estemos aquí".

Robinson formaba parte de un grupo relativamente pequeño de desafiantes y acérrimos partidarios de Trump, que el martes escenificaban lo que era en gran medida una defensa en caravana al expresidente, muchos de ellos blandiendo enormes banderas y haciendo sonar las bocinas de sus automóviles.

Sus reacciones estaban salpicadas de teorías conspirativas tanto sobre las elecciones de 2020 como sobre la motivación política detrás del allanamiento del FBI, y se hacían eco de la propia declaración de Trump sobre la redada.  También sugirieron, de forma ominosa, que la reacción podría volverse violenta, especialmente si detienen al expresidente o se le impide buscar la reelección en 2024.

"Vamos a luchar hasta el final, cueste lo que cueste", dijo Mark Harvey, un lugareño de Florida que pesca en las aguas cercanas a la residencia de Trump.  "El 99 por ciento de los Republicanos están armados y listos para salir. Estamos preparados para pasar al siguiente nivel si es necesario".

Tales amenazas y furia no se limitaron a Palm Beach.  Desde el momento en que Trump anunció que su casa había sido registrada por agentes federales, la ira se propagó por todo el estamento conservador de Estados Unidos.

Aunque el allanamiento en Mar-a-Lago fue aprobado por un juez federal, los legisladores Republicanos arremetieron contra el FBI y el Departamento de Justicia por considerarlos cómplices de un régimen federal opresivo y de una burocracia de "Gobierno enquistado" que se propone aplastar cualquier oposición política.

"¡ELIMINEN EL FINANCIAMIENTO PARA EL FBI!", tuiteó la representante Marjorie Taylor Greene (R-GA), una de las aliadas más cercanas de Trump en el Capitolio.

Otros Republicanos vincularon la medida del FBI sobre Trump con el paquete económico de $700 mil millones aprobado recientemente por el Senado estadounidense y respaldado por el presidente de Estados Unidos Joe Biden.  El proyecto de ley incluye una medida que refuerza el financiamiento del Servicio Interno de Recaudación (IRS, por sus siglas en inglés) para auditar a más evasores de impuestos ricos, algo que algunos conservadores calificaron como otra señal de la inminente persecución del gobierno.

"El Régimen federal está persiguiendo a quienes no son de su agrado para darles un trato desfavorable", dijo Ron DeSantis, el gobernador de Florida, a sus partidarios en un correo electrónico de recaudación de fondos el miércoles. "Nos exigen que hagamos fila o que nos atengamos a las consecuencias.  Ahora, el Régimen recibe otros 87.000 agentes del IRS para blandirlos contra sus adversarios".

Cuando el representante Scott Perry (R-PA) quien es uno de los más fieles seguidores de Trump en el Capitolio, reveló que su teléfono había sido incautado por el FBI el martes luego de enfrentarse al escrutinio de una investigación del Congreso sobre el ataque del 6 de enero al Capitolio, más ira estalló en la derecha dura.

"Esto es Estados Unidos, y estas tácticas de la Gestapo no son bienvenidas. Habrá un ajuste de cuentas", dijo en Twitter la legisladora pro-Trump, Lauren Boebert (R-CO).

La respuesta ha puesto de manifiesto hasta qué punto muchos Republicanos se dejaron llevar hacia el escepticismo trumpiano con respecto a las fuerzas de seguridad federales en un partido que tradicionalmente se ha presentado como duro frente a la delincuencia.

Incluso los principales líderes Republicanos del Congreso criticaron abiertamente al Departamento de Justicia y al FBI tras el allanamiento, y Kevin McCarthy, el líder Republicano de la Cámara de Representantes, prometió investigar al fiscal general Merrick Garland si recuperan el control de la cámara baja del Congreso en noviembre.

Mientras tanto, los candidatos Republicanos a las elecciones lanzaron solicitudes de recaudación de fondos a raíz del allanamiento y prometieron retribución. "La cuestión es lo que viene después", dijo J. D. Vance, el autor y capitalista de riesgo que se presenta a un escaño en el Senado de Ohio. "O tenemos [una] República o no la tenemos. Si la tenemos, las personas que han politizado el FBI en los últimos años se enfrentarán a una investigación y a una acusación".

Los estrategas Republicanos esperan que la redada consolide su ventaja con los votantes estadounidenses de cara a las elecciones de mitad de término, al revolucionar a su base. Pero existe el riesgo de que la ira desatada pueda alejar a los votantes moderados e independientes porque mostrará lo profundo que ha penetrado el extremismo anti-Washington en el GOP, y hasta qué punto el partido sigue en manos de Trump.

En las redes sociales, la rabia se desató con la misma intensidad. Durante las horas siguientes a la noticia de la redada en Mar-a-Lago, los tuits que hacían referencia a la "guerra civil" y a la "Gestapo del FBI" alcanzaron un pico superior a 3.000 por hora. Dos días después, se seguían enviando en promedio 1.000 de estos tuits por hora.

Muchos en Twitter, Telegram y la plataforma alternativa de Trump, TruthSocial, señalaban el allanamiento como una prueba de que Biden y el llamado "Gobierno enquistado" siguen apuntando a Trump y a sus partidarios.  Las conspiraciones sin fundamento en internet se extendieron rápidamente el martes y el miércoles acusaban al FBI de plantar pruebas para impedir que Trump se presente a las elecciones de 2024.

En los espacios de extrema derecha, como los canales de Telegram de QAnon y los tableros de mensajes TheDonald y 4chan, las amenazas de violencia fueron más explícitas y dirigidas, y muchos publicaron amenazas de muerte contra Garland y el director del FBI, Christopher Wray. Un mensaje popular en TheDonald decía: "Han despertado a un dragón y viene a por ellos".

Mientras tanto, el exjefe de campaña de Trump, Steve Bannon, condenado por desacato al Congreso por negarse a cumplir una citación en la investigación del 6 de enero sobre los ataques del 2021 al Capitolio de Washington, instó a sus partidarios a movilizarse. "Ahora mismo, si nos unimos, hacemos funcionar las mesas en noviembre. Estoy hablando de 100 escaños", dijo el martes en el programa de Alex Jones en InfoWars.

"Conseguir una mayoría abrumadora en la Cámara de Representantes, tomar el Senado, tomar todas las juntas escolares, todas las juntas electorales, todas las juntas médicas de todos los estados", añadió.

Pero fue afuera de la casa adoptiva de Trump en Florida donde los sentimientos fueron más crudos, y perturbadores. "Cuando el FBI allanó la casa de Trump, entramos en un reino completamente nuevo", dijo Charles Molesphini, un jubilado de Delray Beach, Florida, que fumaba un cigarro mientras en su automóvil sonaba el himno nacional bajo una bandera estadounidense drapeada.

Linda Ulmer, jubilada de Jupiter Beach, Florida, quien tenía una empresa de construcción comercial con su difunto marido, añadió: "Si Trump va a prisión, habrá una guerra civil. La gente saldrá a la calle. Los edificios arderán. La gente derribará el Capitolio".

James Politi en Washington, Eleanor Olcott en Palm Beach y Caitlin Gilbert en Nueva York

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