El expresidente Donald Trump durante una concentración de sus partidarios, los cuales espera que le den de nuevo la victoria en 2024. FOTO: Washington Post por Lianne Milton.
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Su objetivo sería abolir las vallas de contención, lo cual es una forma elegante de decir que acabará con la república estadounidense.

Estoy entre los que creen que las ruedas de la justicia estadounidense deberían girar con igual firmeza para Donald Trump que para cualquier sospechoso común de haber cometido un delito.  Ningún hombre está por encima de la ley.  A pesar de ello, no deja de preocuparme que la respuesta del partido Republicano a la redada del FBI de esta semana en Mar-a-Lago haya llevado el malestar democrático de EEUU a nuevas y aterradoras aguas.

Trump y sus furias juran utilizar la maquinaria de las fuerzas federales del orden para castigar a sus enemigos políticos.  Sin duda, Trump intentó hacer eso, sin mucho éxito, durante su primer mandato.  Sus instintos de Don Corleone chocaron con demasiadas amenazas de dimisión y se vieron acorralados por demasiada supervisión adulta como para prevalecer.

Su segundo mandato no sería un ensayo general.  Desde el primer día, Trump tendría ultra leales en posición de dar forma a su alma de reptil.  No más Chris Wrays, ni Jeff Rosens, ni siquiera Bill Barrs.  En el lado militar, no más Mark Milleys o Jim Mattises.  Hay que pensar en Richard Grenell como secretario de Estado, Jeff Clark como fiscal general y Mike Flynn como secretario de Defensa.  Estos son los tipos de matones que Trump sabe que no tolerarán ninguna disidencia.

En 2016, Trump se presentó retóricamente contra el Gobierno enquistado.  La próxima vez tendrá un plan real para convertir el gobierno federal de EEUU en un instrumento de su voluntad.  Su objetivo sería abolir las vallas de contención, que es una forma elegante de decir que acabará con la república estadounidense.  Los pantaneros que quieran saber más deberían leer a Jonathan Swan, de Axios, sobre los planes denominados Anexo F de Trump.

Sigo pensando que es esencial procesar a Trump por el intento de golpe de Estado del 6 de enero de 2021, asumiendo que Merrick Garland pueda armar un caso sin fisuras.  Ninguna república que se precie puede dejar sin respuesta un asalto a sus cimientos.  Es una cuestión de principios.  No obstante, también soy consciente de que por razones pragmáticas es probable que las diversas investigaciones penales y civiles federales y estatales de Trump se le den una ventaja política.  En 2024, Trump se presentará como un candidato contra los cazadores de brujas con la promesa de que si gana los quemará. Recuerde que Trump proyecta sus deseos en los demás.  Esta semana acusó al Departamento de Justicia de llevar a cabo una investigación política.  Sus partidarios se referían a la Gestapo.  Como Trump es incapaz de comprender el concepto de justicia ciega asume que todos son corruptos.  También se ha señalado que Trump ha dicho en repetidas ocasiones que solo los culpables se acogen al derecho de la Quinta Enmienda a guardar silencio, lo cual hizo Trump en Nueva York esta semana.

Saco dos conclusiones de la evidencia de esta semana de las investigaciones sobre Trump. Primero, su partido está con él.  Quedó muy claro por la prontitud con la cual figuras como Kevin McCarthy, el posible (de hecho, todavía probable) próximo presidente de la Cámara de Representantes, y Marco Rubio, el cambiante senador de Florida, se hicieron eco de la retórica de Trump. Su partido está demasiado acobardado para enfrentarse a la mafia de MAGA.  Se adhieren a una visión de Estado de Derecho en la que la venganza será suya. Esto es más que sombrío. En segundo lugar, el sentimiento de victimismo de Trump lo ha convertido en el gran favorito para ser el candidato Republicano de 2024.  Podría anunciar su candidatura en cualquier momento.  Hace unos meses, hubo señales reveladoras de que el dominio de Trump sobre el partido se estaba debilitando, tema sobre el cual escribí en su momento.  Aun así, en este mundo perverso las ruedas de la justicia son amigas de Trump. Cuanto más a fondo Garland haga su trabajo, más claras serán las líneas de batalla de 2024: Trump contra el Estado de Derecho.

Estamos viviendo la poco edificante competencia de liderazgo del Partido Conservador que elegirá al próximo primer ministro de Gran Bretaña en un par de semanas.  Cada vez que me siento abatido por la pésima calidad de la política del Reino Unido, recuerdo que EEUU está potencialmente en una condición mucho peor. Pero no lo digo porque eso me reconforte. ¿Dónde se encontrará la tranquilidad política?

Edward Luce

Derechos de Autor - The Financial Times Limited 2021.

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