El autor Salman Rushdie ha vivido gran parte de su vida bajo amenazas debido a un libro que escribió hace más de treinta años, y fue atacado está semana en un atentado que casi acaba con su vida. En la foto, se le ve durante un foro con alumnos de Emory University. FOTO: Nrbelex at English Wikipedia.
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Es imperativo defender la libertad de expresión con mayor vehemencia.

Hasta antes de la terrible agresión a Salman Rushdie del fin de semana pasado, parecía que el "asunto Rushdie" era cosa del pasado.  El ayatolá Ruhollah Jomeini emitió la fetua original contra el autor hace más de tres décadas, cuando era líder supremo de Irán.  Pero parecía que, en los últimos años, la amenaza contra Rushdie había desaparecido. El novelista subió al escenario en el estado de Nueva York el pasado viernes sin protección de seguridad.

Puntualmente, Rushdie estaba dando un discurso sobre la importancia de proteger a los escritores en peligro cuando fue atacado. A lo largo de las décadas, el novelista se ha convertido en un símbolo y defensor de la libertad de expresión. La libertad de expresión sigue siendo un principio básico de la sociedad liberal.  Es necesario defenderla aún con más vehemencia tras el ataque a Rushdie.

La fetua de Jomeini supuso una peligrosa desviación de las normas mundiales.  Estamos hablando del líder de un Estado que pide la muerte de un ciudadano extranjero por una obra de ficción que escribió, Los versos satánicos, y que el clérigo consideraba blasfema. Retirar la novela para ceder ante dicha amenaza habría sido gravemente peligroso para la libertad de expresión en todo el mundo.

Aunque la amenaza inmediata a Rushdie parecía haber disminuido en los últimos años, la amenaza a la libertad de expresión que plantean los extremistas islamistas, tanto chiíes como suníes, nunca ha desaparecido.  El traductor japonés de Los versos satánicos fue asesinado en 1991.  Theo van Gogh, el cineasta holandés, fue asesinado en 2004.  En 2015, extremistas asesinaron a 12 personas en las oficinas de París de Charlie Hebdo, una revista satírica.

Las amenazas continúan.  El mes pasado un hombre fue detenido en Nueva York con un rifle de asalto cargado frente a la casa de Masih Alinejad, activista iraní-estadounidense que aboga por los derechos de las mujeres.

En muchas ocasiones, las voces occidentales desaprobaron los atentados, pero sugirieron que personas como Rushdie, Van Gogh o los editores de Charlie Hebdo también habían tenido la culpa por haber ofendido a los musulmanes sin motivo alguno.  Algunos de los que no apoyaron a Rushdie en la década de 1990 eran conservadores que, desde hacía tiempo, reprobaban sus opiniones de izquierda. Hoy en día, es más probable que sea la izquierda que tenga reparos en ofender a los supuestamente oprimidos.

Existen algunas restricciones legales a la libertad de expresión, como la incitación a la violencia o la difamación. Pero, más allá de eso, la libertad de expresión en una sociedad liberal debe incluir el derecho de decir cosas molestas u ofensivas.  Puede ser incómodo o incluso peligroso defender el derecho a ofender.  Pero la reacción contraria es mucho peor, ya que abre la puerta a una sociedad gobernada por el miedo, el conformismo y las ideas estancadas.

La amenaza extremista islamista a la libertad de expresión sigue siendo especialmente peligrosa ya que tiene la capacidad de inspirar a radicales de todo el mundo mediante exhortaciones explícitas al asesinato. Pero a veces los gobiernos también han recurrido a los asesinatos encubiertos para acabar con las voces disidentes: por ejemplo, la matanza en 2018 del periodista saudí Jamal Khashoggi.

Menos brutal, pero con mayor malicia, ha sido el efecto de la "cultura de la cancelación" sobre la libertad de expresión.  En 2020, el mismo Rushdie firmó la célebre Carta sobre justicia y debate abierto, que declaraba que "la libre expresión de la información y de las ideas, que es el alma de una sociedad liberal, se ve cada día más limitada".

Entre los firmantes de la carta había héroes de la izquierda, como Noam Chomsky, y de la derecha, como JK Rowling, quienes han recibido amenazas de muerte.  En una sociedad liberal, todos los bandos políticos deberían unirse para defender el principio de la libertad de expresión.  Eso ocurre cuando se desafía a los que pretenden silenciar a los demás.  Pero las amenazas de muerte y los asesinatos que pretenden castigar la libertad de expresión pertenecen a una categoría aborrecible por sí mismas.

La Junta Editorial

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