La Cordillera Teton sirve de trasfondo para las reuniones anuales de la Reserva Federal que se celebrarán esta semana en Jackson Hole, Wyoming, y reflejan la extrema volatilidad que han enfrentado los responsables de la política monetaria mundial durante los dos últimos años. FOTO: Wikipedia por G.Thomas.
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Jackson Hole es un evento dende los responsables de la política monetaria pueden reflexionar sobre los errores cometidos.

Los banqueros centrales estarán en el frente de batalla durante su simposio anual en Jackson Hole esta semana y deberían estar preparados para enfrentarse a sus críticos.  El año pasado, el presidente de la Reserva Federal de EEUU, Jay Powell, aprovechó su discurso de apertura para sugerir que las presiones sobre los precios serían "transitorias".  La inflación anual en EEUU era entonces ligeramente superior al 5 por ciento.  El mes pasado alcanzó el 8,5 por ciento.  Por otra parte, la inflación de la eurozona alcanzó el 8,9 por ciento y ahora Citigroup prevé que la inflación del Reino Unido alcanzará el 18,6 por ciento en enero, nueve veces el objetivo del 2 por ciento fijado por el Banco de Inglaterra.

Las presiones sobre los precios han demostrado ser cualquier cosa menos efímeras y para reducirlas las tasas de interés están subiendo fuertemente.  Los banqueros centrales deben hacer un examen de conciencia si quieren reconducir las economías hacia la estabilidad de precios y salvaguardar su propia y vital independencia.

Ahora, los políticos culpan a los banqueros centrales de las cifras de inflación. Liz Truss, favorita para convertirse en primera ministra del Reino Unido, ha hecho de las críticas al Banco de Inglaterra un pilar de su plataforma. Australia ya inició una revisión de su banco central. Esto puede ayudar a los gobiernos a distraer la atención puesta en sus propias deficiencias. Sin embargo, también socava la reputación de los bancos centrales, ya dañada por la crisis financiera.

Ahora, el peligro es que la política monetaria quede aun más en manos del gobierno. La historia ofrece amplias pruebas de que no se puede confiar a los políticos la decisión de la política monetaria. En lugar de limitarse a esquivar las críticas y escudarse en su historial de éxitos desde que obtuvieron la independencia, lo mejor para los banqueros centrales, y para el público, es que se pongan a restaurar su reputación.

Culpar a los gerentes de política monetaria por la totalidad de la crisis del costo de la vida sería injusto.  Muchas cosas han estado fuera de su control y envueltas en la incertidumbre. La pandemia sin precedentes hizo difícil juzgar el equilibrio exacto entre la oferta y la demanda.  Las interrupciones en la cadena de suministro y las nuevas olas de Covid-19 enturbiaron aún más los estimados. La imprevista invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin provocó subidas históricas de los precios del petróleo, el gas y los alimentos. En retrospectiva, los errores parecen más evidentes que en aquel momento.  La actividad del banco central es, en el mejor de los casos, un arte, no una ciencia.

No obstante, tanto los tecnicismos como la legitimidad de la política monetaria independiente ahora están bajo escrutinio. Dado que la credibilidad es una herramienta vital para anclar las expectativas de inflación de los hogares y las empresas, la reunión de Jackson Hole de este año debería catalizar una reevaluación de los modelos, enfoques y filosofías de los bancos centrales.

Los bancos centrales también deben ser más adaptables.  Los dos últimos años han demostrado que los modelos económicos tradicionales ofrecen poca ayuda cuando los factores geopolíticos, de salud pública y de la cadena de suministro son tan decisivos.  La conveniencia de hacer estimaciones a futuro se ha puesto aun más en duda.  Además, la confianza en las tendencias históricas - como la década anterior de inflación baja y estable - no debe cegar a los responsables políticos ante la idiosincrasia de las tendencias presentes y futuras.  De hecho, tanto la Fed como el BCE modificaron sus estrategias durante la pandemia y las hicieron esencialmente más tolerantes a una mayor inflación.  Los esfuerzos visibles por aprender las lecciones ayudarán a recuperar la confianza.

Se dice que el exvicepresidente de la Fed, Alan Blinder, describía la estabilidad de precios como el período en el cual la gente corriente deja de hablar y de preocuparse por la inflación.  Ahora mismo, esa es una perspectiva lejana. Los europeos tienen dificultades para pagar las facturas de energía, los alquileres en EEUU se disparan y los políticos rodean a los gerentes de política monetaria como si fueran tiburones.  Los banqueros centrales deben reflexionar sobre los errores cometidos y demostrar que pueden asumir las consecuencias.

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