El mundo debe fortalecer su unidad en apoyo a Ucrania y su presidente Volodymir Zelensky. FOTO: Washington Post por Heidi Levine.
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Éste es un momento clave en el que se pone a prueba la solidaridad del campo democrático para mantener el orden internacional.

Rusia está pisoteando el Estado de Derecho y cometiendo numerosos actos de barbarie en Ucrania; no hay que permitirle que aproveche un quiebre de la unidad del mundo democrático.

Ayer 24 de agosto se cumplieron seis meses desde que Rusia inició su invasión de Ucrania.

Más de 5.000 civiles han muerto en Ucrania, según una agencia de la ONU. Unos 6,65 millones de personas han huido a otros países y la crisis humanitaria continúa. En junio, el número de muertos entre los soldados había alcanzado los 10.000.

Se calcula que decenas de miles del lado ruso han muerto en combate. El ejército ruso amplió las zonas bajo su control en el este y el sur de Ucrania, pero las fuerzas ucranianas luchan por recuperarlas. El conflicto se encuentra en un punto muerto y parece que se convertirá en una guerra de desgaste en la que aumentará el número de víctimas sin que se vislumbre una salida.

El mayor problema en este momento es que Rusia convirtió la central nuclear de Zaporizhzhia, en el sur de Ucrania, en uno de sus bastiones y allí ha desplegado armas y vehículos militares. A principios de este mes, cayeron proyectiles cerca de una instalación de almacenamiento de combustible nuclear gastado.

Un paso en falso podría provocar una catástrofe en la que se propague en gran medida el material radiactivo.  La táctica de Rusia de ocupar una central nuclear es atroz, un acto terrible que toma como rehén a toda la raza humana.

Los militares rusos deben retirarse inmediatamente de las instalaciones nucleares. Las Naciones Unidas y otros organismos deben mediar en las negociaciones y promover la creación de una zona desmilitarizada alrededor de la planta. Hay que aprender las lecciones que dejó el acuerdo para reanudar las exportaciones de granos desde Ucrania.

La prolongada invasión rusa de Ucrania ha hecho que los precios de la energía y los alimentos se disparen, y ha perjudicado gravemente a la economía mundial.  En Oriente Medio, África y otros lugares continúa el temor a una crisis alimentaria.

En respuesta a las sanciones impuestas a Rusia por EEUU, las naciones europeas, Japón y otros países, Moscú ha intentado abrir una brecha en su unidad al suspender o reducir su suministro de gas natural.  Al parecer, con esta medida buscan que esos países refuercen la prioridad a la vida de su propia población, y no a la ayuda a Ucrania.

De hecho, los países europeos están empezando a mostrar signos de fatiga en su apoyo. En Italia, el primer ministro se vio obligado a dimitir en julio después de que un socio clave de la coalición retirara su apoyo a su gobierno aprovechando el descontento de la población por el aumento de los precios. La administración del canciller alemán Olaf Scholz también ha visto caer sus índices de aprobación.

El mundo se volverá aun más peligroso si los Estados democráticos están menos unidos y la invasión rusa tiene éxito. El impacto negativo también se extenderá a la seguridad en Asia Oriental, donde China está intensificando su presión militar sobre Taiwán.

Es importante explicar a los países que se han distanciado de EEUU y Europa, y de Rusia y China, las desventajas que supondría el colapso del orden internacional e instarlos activamente a que se sumen al círculo de apoyo a Ucrania y a las sanciones contra Rusia.

Nota especial de Japan News - Yomiuiri para el Washington Post

Lea el artículo original aquí.

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