. Bernardo Heres (der.) ahora está estudiando una maestría en administración educativa. En la foto junto a su esposo, John. Foto: Cortesía Bernardo Heres
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Somos la minoría más joven. Según el censo del 2020, la edad media de los hispanos es de un poco menos de 30 años. Allí está la materia prima de nuevas generaciones de hombres y mujeres de primera, segunda y hasta tercera generación que ya están poniendo su granito de arena en la construcción de este país.

Hay ambientalistas, artistas, programadores, diseñadores de interiores, líderes estudiantiles, trabajadores sociales luchando contra el abuso de sustancias, activistas y muchos más. Aquí les presentamos una muestra de lo que son y lo que hacen.

De panadero a administrador escolar

Bernardo Heres se embarcó en la aventura de venir a DC para aprender inglés. “Solo por seis meses”, le dijo a su familia, en México. Tenía 25 años. Hizo de cocinero, panadero, empleado hotelero y no pocas veces se encontró con apenas un dólar en el bolsillo. Hoy es gerente de estrategia y logística de Brent Elementary School.

Gracias a una beca obtuvo un diploma en administración hotelera en la Universidad Ana G. Méndez. Esa fue la primera oportunidad para echar a rodar sus sueños y plantar raíces. “A veces pienso que estuve loco. Estudiaba, tenía tres trabajos y demasiadas horas sin dormir”.

El Latin American Youth Center (LAYC) fue su siguiente destino. Allí fue coordinador de escuelas comunitarias. En Thanksgiving invitaba a alumnos de Cardozo High School y a sus familias a la cena con pavo. Durante el año escolar y en vacaciones organizaba tutorías para reducir las brechas académicas. En la pandemia la entrega de alimentos, Chromebook y la promoción de la vacuna contra el coronavirus entre los jóvenes fueron algunas de sus tareas. 

“Creo en el destino y en que no hay límites. Eso ofrece Estados Unidos. Aquí, las oportunidades se consiguen si las buscas. Soy uno de ellos, cuando ya sabía dónde estaba la sal y el azúcar en un restaurante, me iba a otro”. Heres hace poco se convirtió en ciudadano.

Queda en el recuerdo el día en el que pensó que, como dicen en México, “solo faltó que me meara un perro”. Fue en bicicleta a una entrevista en una panadería. “Cuando salí me la habían robado. Esas experiencias me hicieron fuerte”. Con el inglés superado, en parte gracias a John, su esposo, está estudiando una maestría en administración educativa en University of the District of Columbia.

Siempre en la lista de honores

Emily Kassandra Sorto ha hecho realidad el sueño de sus padres salvadoreños: ser la primera profesional en la familia y graduarse con los más altos honores. Nació en Alexandria, donde es trabajadora social en la correccional para jóvenes, donde atiende casos de abuso de sustancias y hasta intentos de suicidio.

Para sus padres, la mejor herencia para su hija es haber nacido aquí. Eso significa oportunidades y ella tomó esas palabras al pie de la letra, convirtiéndose en un ratoncito de biblioteca. 

La joven Emily Kassandra Sorto nació en Alexandria, es hija de padres salvadoreños y tiene un hermano que está en las Fuerzas Armadas. Foto: cortesía Emily Kassandra Sorto

“Tengo 26 años, soy profesional y no tengo deudas por educación. He trabajado y estudiado a tiempo completo, es difícil pero no es imposible. Se lo debo a mis padres, ellos me enseñaron a ser responsable y a tener carácter”.

La hija de Jesús Sorto, un albañil; y, de Benilda Reyes, dueña de un negocio de limpieza, siempre ha estado en la lista de honor de su clase en George Manson University y lo mismo en Capella University. En marzo pasado obtuvo su maestría en trabajo social y está estudiando su licenciatura en terapia clínica.

Sus planes a futuro: tener su propia práctica dando apoyo en salud mental y si todo sale, según lo imaginado, algún día ser profesora universitaria en trabajo social clínico.

Cuando el trabajo y los estudios le dejan tiempo lo reparte entre la jardinería y mentorías para adolescentes en la iglesia “Cristo no está muerto él está vivo”. La ayuda para los inmigrantes que están llegando desde la frontera, así como lo hizo el pasado junio recogiendo donaciones para los refugiados afganos que llegaron en marzo, está entre las tareas en su calendario, al igual que encontrarles un hogar a los pitbulls. Ella misma tiene a Bella, su mascota de esta raza.

El primer latino en la Junta de Educación

“Nací aquí, pero mis padres son guatemaltecos. El sacrificio de emigrar sigue causando un tremendo impacto en lo que soy. Eso lo tengo presente cuando estoy en clases, trabajando en Starbucks, haciendo una pasantía en la fiscalía o en una reunión de la Junta de Educación de Prince George”.

Álvaro Cerón-Ruiz es alumno de Eleanor Roosevelt High School y delegado de los estudiantes del condado en la Junta de Educación. Esta delegación la ganó por elección, la mayoría de los 300 chicos que representan a las escuelas intermedias y de secundaria lo eligieron.

“Creo que votaron por mí porque querían ver una representación latina”. En 45 años de existencia de la Junta, Cerón-Ruiz es el primer latino elegido y reelegido para embanderar los intereses del estudiantado.

Álvaro Cerón-Ruiz aún está en la secundaria y trabaja como barista en Starbucks y este verano también hizo voluntariado en la fiscalía de su condado- Foto: Cortesía Álvaro Cerón-Ruiz

“Estoy feliz de ser el primero, pero no quiero ser el último, quiero ver más latinos en la junta, más profesores y administradores hispanos en nuestras escuelas”.

Su primera campaña abogó por la equidad en la entrega de recursos para la atención de salud mental en las escuelas. En la junta coincidieron que este asunto era una prioridad. En reelección habló de la necesidad de que los estudiantes participen en la selección de los directores. “Es importante nuestra opinión porque sabemos cómo trabajan nuestras escuelas”.

Le interesaba la ciencia y la tecnología, pero después de su experiencia en la Junta de Educación y de su trabajo en la fiscalía quiere enforcarse en profesiones que aboguen y defiendan a la gente, sin importar el color o la nacionalidad.

Quiere lograrlo sea en universidades como Duke, New York City, Boston, Maryland, Yale o Pricenton, a todas envió este verano sus aplicaciones, convencido de que “nunca se sabe si no se prueba”. 

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