El presidente Biden utilizó visitas a sindicatos en Wisconsin y Pensilvania en días recientes para afianzar su mensaje llamando a la defensa de la democracia, parte de su estrategia para ayudar al partido Demócrata a mantener control del Senado en las elecciones intermedias de noviembre próximo. FOTO: EFE/EPA/Matt Marton.
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La Casa Blanca se enfrenta ahora a la realidad de que el control del Senado será crucial para la segunda mitad del mandato de Biden.

Recientemente, en Wilkes-Barre, Pensilvania, el presidente Biden criticó fuertemente a los "Republicanos MAGA" quienes se niegan a condenar la violencia política. En Filadelfia, dos días después, indicó que han llevado a la democracia estadounidense al borde del abismo. Y luego en Pittsburgh, transmitió a los trabajadores sindicales que cualquiera que se niegue a aceptar el resultado de unas elecciones democráticas no es un patriota.

Así comenzó la temporada de campaña de mitad de período para Biden, cuyas tres visitas a Pensilvania en una sola semana reflejan la intensidad con la cual la Casa Blanca se centra en mantener el control Demócrata del Senado. Biden viajó la semana pasada a Wisconsin y a Ohio, otros dos estados pendulares del Senado, y se esperan muchos más viajes de este tipo.

Las visitas a Pensilvania, en particular, sugieren el carácter crítico del control del Senado, ya que ese estado representa probablemente la mejor oportunidad de los Demócratas para cambiar un escaño en la cámara alta. "Es probablemente la mejor (aunque no la única) oportunidad que tienen los Demócratas de conseguir un puesto en el Senado en este ciclo electoral", señaló Jon Reinish, un estratega Demócrata con sede en Nueva York.

El exgobernador de Pensilvania, Ed Rendell, mencionó en una entrevista que considera que las recientes visitas de Biden no solo son cruciales para las elecciones intermedias, sino también una forma de campaña anticipada para su propia reelección. Creo que él ayuda en las elecciones de mitad de mandato porque pienso que hacer que la base se vuelque es la mayor clave para esto", indicó Rendell. "Pero, sí, obviamente la Casa Blanca también actúa con miras al 2024".

Aunque las perspectivas de los Demócratas de conservar la Cámara de Representantes en noviembre han mejorado según los operadores de ambos bandos, la mayoría sigue creyendo que los Republicanos tienen más probabilidades de obtener el control de ésta. De ser así, el Senado tendría que mantener el equilibrio del poder entre el presidente y los Republicanos de la Cámara.

El control del Senado afectará puntos cruciales para el legado de Biden, como la confirmación de más jueces; el nombramiento de un juez de la Corte Suprema, si hay una vacante disponible en el alto tribunal; el desarrollo de investigaciones de alto perfil sobre el presidente y su hijo Hunter Biden; la confirmación de altos funcionarios de Biden; y los posibles esfuerzos por parte de los Republicanos para impugnar a funcionarios del gabinete de Biden y posiblemente al propio presidente.

Lo que no está tan claro es si las visitas de Biden están impulsando realmente a los candidatos Demócratas cuyas campañas espera promover. Sus índices de aprobación siguen siendo relativamente bajos, aunque han subido en las últimas semanas a medida que ha ido acumulando logros legislativos.

Durante los viajes de Biden a Pittsburgh y a Milwaukee, que realizó en el Día del Trabajo, algunos candidatos Demócratas aparecieron a su lado, mientras que otros estuvieron ausentes. En Pittsburgh, el vicegobernador de Pensilvania, John Fetterman, un Demócrata que se postuló a la candidatura al Senado, se unió a Biden en una visita sindical, aunque el candidato a gobernador, Josh Shapiro, estaba en otra parte.

"Si tengo que estar en una trinchera, quiero que John Fetterman esté allí conmigo", enfatizó el presidente a la multitud.

Fetterman aventaja en las encuestas al candidato Republicano, Mehmet Oz,, y su imagen poco convencional (está tatuado y le gustan las sudaderas con capucha) hace que los Demócratas esperen que pueda reunir una amplia coalición. Pero su reciente derrame cerebral ha sumido la campaña en la incertidumbre, mientras que Oz, una personalidad multimillonaria de la televisión, ha tenido dificultades para llegar a los votantes obreros.

La campaña de Fetterman no respondió a una solicitud de comentarios. Pero Reinish infirió que la frecuencia de las visitas de Biden a Pensilvania sugiere que su campaña las considera beneficiosas. "La gente tomará muy en cuenta lo que diga en su campaña, y si hay algún indicio de que no sería útil, eso probablemente obligaría a replantearse las cosas en la Casa Blanca", señaló Reinish.

Sin embargo, los Republicanos consideran que Biden es demasiado liberal para los estados pendulares, como Pensilvania y Wisconsin, e intentan utilizar sus visitas contra los candidatos Demócratas en esos estados.

"La agenda de Joe Biden y de los Demócratas del Senado está perjudicando a las familias estadounidenses", declaró el Comité Senatorial Nacional Republicano en un comunicado con motivo del Día del Trabajo. "Los precios han alcanzado récords históricos; hay una crisis en la frontera sur y los Demócratas están contratando 87.000 nuevos agentes del IRS para perseguir a los estadounidenses de clase media. Pensilvania y Wisconsin literalmente no pueden permitirse enviar a dos senadores radicales más a Washington".

La contienda por el Senado es muy reñida, en parte porque la Cámara está dividida en partes iguales, ya que cada grupo tiene 50 escaños y la vicepresidenta Harris se encarga de los votos de desempate. Los Demócratas esperan conseguir un escaño en Pensilvania y posiblemente desbancar al senador Republicano Ron Johnson en Wisconsin, mientras que el GOP tiene como objetivo a los titulares Demócratas del Senado, como Mark Kelly de Arizona, Raphael G. Warnock de Georgia y Catherine Cortez Masto de Nevada.

Si los Republicanos recuperan la mayoría en el Senado, las posibilidades de Biden de lograr algo legislativo en los próximos dos años podrían verse casi totalmente muertas. Con el Partido Republicano al mando, la confirmación de los nombramientos judiciales o del gabinete se atrasaría considerablemente, si no es que desaparece por completo.

Cuando el senador Mitch McConnell (R-KY) fue líder de la mayoría, tomó la medida poco ortodoxa de negarle la posibilidad de una audiencia o una votación al candidato Merrick Garland (nominado por el presidente Barack Obama) para su ratificación en la Corte Suprema. Podría adoptar un enfoque igual de duro y radical si hubiera una vacante en la Corte Suprema en la segunda mitad del mandato de Biden.

Los Republicanos estarían al frente de todas las comisiones del Senado, estableciendo la agenda y emitiendo citaciones. Han dejado claro que pretenden investigar cómo ha manejado Biden la retirada de EEUU de Afganistán, la pandemia del coronavirus, la economía y (más personalmente para el presidente) los negocios de su hijo Hunter en China y Ucrania. Si el Partido Republicano llegara a dirigir la Cámara de Representantes, llevaría a cabo esas investigaciones de todas formas, pero las investigaciones del Senado, sumadas a esas, serían aún más poderosas.

El senador, Rand Paul (R-KY), presidiría la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones, y prometió citar e investigar a Anthony S. Fauci, un objetivo que tiene desde hace tiempo, por las acciones que emprendió cuando fue el principal asesor médico de Biden en lo que respecta a la pandemia.

El impacto de una toma de posesión por parte del GOP podría tener efectos incluso antes de nombrar al nuevo Congreso en enero. Un grupo bipartidista de senadores está elaborando proyectos de ley para reformar el proceso de recuento de los votos del colegio electoral, codificar los derechos del matrimonio entre personas del mismo sexo y de carácter interracial, y aprobar un presupuesto. Si los Republicanos se imponen el 8 de noviembre, esos esfuerzos podrían quedarse en el camino.

Un funcionario de la Casa Blanca, que habló bajo condición de anonimato, señaló que los viajes de Biden a Pensilvania tenían que ver con su agenda presidencial y no con las elecciones de mitad de período. "Todo lo que puedo decir es que: Pensilvania es un lugar que él aprecia y estima bastante, y le gusta visitar", declaró la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre.

Pero el enfoque político de los Demócratas en Pensilvania es claro. El Comité Nacional Demócrata ha invertido fuertemente en el estado, gastando más de cuatro veces lo que gastó durante el ciclo electoral de 2018. El DNC también asigna $12.500 al mes al Partido Demócrata de Pensilvania, un aumento del 25 por ciento sobre los niveles de financiamiento base de 2020.

En sus recientes viajes a Pensilvania, Biden insistió en su mensaje político favorito: El Partido Republicano está controlado por seguidores de Trump que rechazan las normas democráticas y promueven la violencia política.

En Wilkes-Barre, el 30 de agosto, Biden criticó a los "Republicanos MAGA del Congreso" por negarse a condenar el atentado del 6 de enero de 2021 en el Capitolio o denunciar las amenazas contra el FBI tras el allanamiento a la casa del expresidente Donald Trump.

"¿Alguna vez pensaron que esto sucedería en los Estados Unidos?" preguntó Biden, refiriéndose a la insurrección. "Lo que me parece aún más increíble es que lo defiendan. Miembros de la policía perdieron la vida como consecuencia de ese día".

Biden añadió en Filadelfia que "Donald Trump y los Republicanos MAGA representan un extremismo que amenaza los fundamentos de nuestra república." Y en Pittsburgh, aseguró a los trabajadores del sindicato: "Este no es el Partido Republicano al cual pertenecían sus padres. Este es un partido totalmente diferente, por Dios".

Sea cual sea su retórica, algunos candidatos Demócratas en los estados pendulares no se han mostrado entusiasmados por hacer campaña con el presidente.

La Casa Blanca espera que Pensilvania sea diferente. Biden ganó el estado por más de 80.000 votos y ha hecho de su identidad de "Joe, el de Scranton" una parte central de su imagen política.

A muchos votantes de Pensilvania les agrada Biden como persona, aunque no les guste su política, mencionó T.J. Rooney, expresidente del Partido Demócrata de Pensilvania y exmiembro de la Cámara de Representantes de Pensilvania. Ese afecto personal, sugirió, podría mover lo suficiente a los votantes como para desestabilizar una elección.

"Hay una conexión única entre Joe Biden y Pensilvania", afirmó Rooney. "Es un vínculo entre el Estado y el presidente".

Washington Post - Marisa Lati

Lea el artículo original aquí.

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