El presidente de China, Xi Jinping (I), junto con su homólogo de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev (D), en vísperas de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái que se celebra en el país de Asia Central esta semana. FOTO: EFE/EPA/MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE UZBEKISTÁN.
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El líder chino marcó su reaparición con una gira destinada a reforzar su objetivo de forjar un orden mundial alternativo que no esté dominado por Occidente.

El presidente Xi Jinping salió de China el miércoles por primera vez en casi tres años, marcando su reaparición en la escena internacional con una gira por Asia Central destinada a promover su objetivo de forjar un orden mundial alternativo que no esté dominado por Occidente.

El líder chino aterrizó en el Aeropuerto Internacional Nursultán Nazarbáyev de la capital kazaja antes de una visita prevista para finales de la semana a Uzbekistán, donde se espera que se reúna con el presidente ruso Vladimir Putin al margen de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Samarcanda.

El viaje tiene lugar antes del congreso de octubre del Partido Comunista chino, en el cual se espera que Xi prorrogue su mandato indefinidamente, consolidando su posición como el líder más poderoso del país desde Mao Zedong y dándole margen para perseguir más agresivamente su visión de China como potencia mundial dominante.

"El viaje de Xi al extranjero tiene como objetivo demostrar la confianza de que ya aseguró un tercer mandato, antes impensable, así como reforzar su deseo de que se le considere el líder de una alianza de naciones antioccidentales", indicó Craig Singleton, un exdiplomático estadounidense y ahora experto sobre China en la Fundación para la Defensa de las Democracias.

El jueves, se espera que Putin y Xi mantengan su primera reunión en persona desde febrero, cuando ambos declararon una asociación "sin límites" en Pekín, menos de tres semanas antes de que Rusia invadiera Ucrania. Después de meses de brindar apoyo a Rusia sin respaldar la guerra ni proporcionar apoyo material que propiciara la imposición de sanciones secundarias, altos dirigentes chinos han mostrado recientemente un mayor apoyo en momentos en los cuales Putin se enfrenta a reveses militares contra las fuerzas ucranianas.

Li Zhanshu, el tercer dirigente más importante de China, declaró en una visita que hizo a Rusia la semana pasada que su país entiende y "apoya plenamente" los "intereses fundamentales y las preocupaciones de seguridad" de Moscú y acusó a Estados Unidos y a la OTAN de presionar a las puertas de Rusia. "En estas circunstancias, Rusia ha tomado las medidas que considera necesarias. Desde su perspectiva, China lo entiende y en varios aspectos ha brindado su apoyo con una acción coordinada", señaló.

Sin embargo, es probable que China, preocupada por las sanciones internacionales, siga ofreciendo un apoyo más bien retórico a Moscú. La visita de alto nivel de Xi a una región históricamente dominada por Rusia también pone de manifiesto que Pekín se está convirtiendo en el socio más importante de la relación. Desde el lanzamiento en 2013 de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la emblemática política exterior de Xi diseñada para unir más estrechamente a los países con Pekín mediante proyectos comerciales e infraestructuras, China ha realizado grandes inversiones en ferrocarriles, oleoductos y otras infraestructuras en la región.

"Rusia tiene una agenda y unos intereses en Asia Central, pero China ha ido incursionando en estos poco a poco. Esto ofrece a China una oportunidad, porque Rusia está realmente a la defensiva", señaló Theresa Fallon, directora del Centro de Estudios Rusia-Europa-Asia en Bruselas.

En vísperas de la reunión de la OCS, fundada en 1996 por China, Rusia, Tayikistán y Kazajstán para resistirse a un orden mundial dominado por Occidente, Pekín ha donado 67 limusinas producidas del fabricante chino de automóviles de lujo Hongqi, así como 40 autobuses, para que los líderes de los estados los utilicen en la cumbre.

"Es como decir que somos realmente el anfitrión. Estamos aquí", mencionó Fallon.

La visita de Xi a Kazajistán coincide con la del Papa Francisco, lo que ha hecho especular con la posibilidad de que ambos se reúnan en medio de las negociaciones entre el Vaticano y Pekín para renovar un acuerdo sobre el nombramiento de obispos. El Vaticano declaró que no hay planes para una reunión, y el Papa comentó durante su vuelo a Kazajstán que estaba "siempre dispuesto a ir a China".

Pekín y la Santa Sede rompieron sus relaciones en la década de 1950, después de que Pekín insistiera en que los católicos del país solo pudieran celebrar su culto en iglesias reconocidas por el gobierno chino. En 2018, las dos partes llegaron a un acuerdo que abriría el camino de los lazos oficiales al dar al Vaticano la última palabra sobre los obispos nombrados por Pekín.

Las actividades de Xi en el extranjero pueden ayudar a distraer la atención de los desafíos que hay en casa, donde se enfrenta a una grave desaceleración económica y al descontento por la estricta política de "Covid cero" del país. En los últimos años, también se ha enfrentado al escrutinio internacional por la represión de las minorías en Xinjiang, la región del noroeste de China que limita con Kazajistán. Los relatos de la brutalidad de la campaña, incluida la detención de uigures y otras personas en campos de reeducación, fueron revelados inicialmente por personas de etnia kazaja que habían escapado captura. El mes pasado, un informe de las Naciones Unidas concluyó que China podría haber cometido crímenes de lesa humanidad.

Sin embargo, antes de la crucial reunión política del próximo mes, parece que hay pocas amenazas para la posición de Xi. "Para Xi, cantó victoria en su país, y esta es su manera de hacerlo en el extranjero", indicó Raffaello Pantucci, miembro sénior de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur.

Washington Post - Lily Kuo

Lea el artículo original aquí.

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