El viaje del presidente chino, Xi Jinping (I), a Asia Central -visto aquí con su homólogo de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev (D)-, y su consolidación de poder absoluto domésticamente, presagian tiempos de conflicto con EEUU en el mar del sur de China. FOTO: EFE/EPA/SERGEI BOBYLEV/SPUTNIK/KREMLIN POOL MANDATORY CREDIT.
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En cierto modo, parece que nos encontramos al borde de un conflicto en el mar de China Meridional.

Hace poco estaba hablando sobre algunos temas con una fuente, como parte de una conversación más amplia sobre la desvinculación entre Estados Unidos y China. En cierto modo, parece que estamos al borde de un candente conflicto en el mar de China Meridional, con repercusiones que solo podemos empezar a imaginar. Como explico en una columna hoy, el Senado aprobó un proyecto de ley que ofrece $6.500 millones en ayuda militar a Taiwán y amenaza con nuevas sanciones a China. El presidente también ha ordenado al Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos (con razón, creo) que examine con mayor detenimiento los acuerdos de importación de alta tecnología con entidades de China.

Creo que una cierta desvinculación no solo está justificada, sino que es bienvenida. EEUU y China tienen economías políticas fundamentalmente diferentes, y es una locura pensar que los mercados seguirán encajando sin problemas cuando los gobiernos van por caminos estratégicamente distintos. La cuestión es el desarrollo del proceso. ¿Habrá una ruptura brusca y repentina, tal vez provocada por el involucramiento de Estados Unidos, intencionado o no, en la situación de Taiwán? ¿O simplemente habrá un entendimiento entre las partes de que van en direcciones diferentes, pero que debe haber alguna forma de comunicarse para evitar conflictos inesperados?

En otras palabras, ¿estamos en 1939, el año en que comenzó la Segunda Guerra Mundial en serio para Occidente, o en 1963, el año en que EEUU y la Unión Soviética establecieron una línea telefónica directa para que la Casa Blanca y el Kremlin pudieran comunicarse inmediatamente si había problemas? Parece que Pekín y Washington no disponen de un sistema sólido, aun cuando las posibilidades de guerra en el mar de China Meridional están aumentando. Estoy seguro de que el ejército estadounidense tiene planes de contingencia en caso de que esto ocurra. Pero eso no aborda el impacto económico-financiero y comercial. De hecho, aún no se conocen los detalles de la interconexión de la cadena de suministro entre Estados Unidos y China.

Algunos dirán que es imposible entenderlos. Pero eso no significa que no debamos intentar obtener una imagen lo más clara y completa posible. Ciertamente, diversos organismos federales se esfuerzan por crear una estrategia para las cadenas de suministro primordiales: ¿qué pasaría si, por ejemplo, se interrumpiera bruscamente el suministro de semiconductores en Taiwán o de medicamentos en China? ¿Cuánta producción podría obtenerse rápidamente en otro lugar? ¿Cuánto tiempo implicaría cubrir la capacidad de reserva y a qué costo? Pero como nos ha enseñado la guerra de Ucrania, es difícil predecir los aspectos básicos, y mucho menos las consecuencias de segundo y tercer nivel. El hecho es que el gobierno estadounidense todavía no tiene un panorama completo incluso de las cadenas de suministro más cruciales, como los vehículos eléctricos.

No solo porque se trata de sistemas muy complejos, sino porque el mismo sector privado no entiende su propio mapa de riesgos. De hecho, los sistemas "eficientes" no están hechos para contabilizar esos riesgos, sino para reducir los costos (quien esté interesado en este tema debería leer el clarividente libro de Barry Lynn “The End of the Line”, que sigue siendo la referencia en la reflexión sobre la complejidad de la cadena de suministro y cómo puede acabar mal).

La última vez que tuvimos un grupo de entidades del sector privado "demasiado grandes para quebrar" que no tenían ni idea del tipo de riesgos que corrían, tuvimos la crisis de las hipotecas de alto riesgo. Hoy en día, como decía el analista de Credit Suisse, Zoltan Pozsar (uno de los videntes de 2008), en una reciente nota a los clientes, "el inventario para las cadenas de suministro es igual que la liquidez para los bancos". Si se agota rápidamente, el sistema se romperá.

Ya es hora de que la Casa Blanca nombre a un zar de la resiliencia para que entienda todo esto y trace un mapa de riesgos, no para hacer sonar los tambores de guerra, sino para crear un plan de contingencia en caso de que haya un conflicto, y calcular en cuánto tiempo y a qué costo se podría reconfigurar el sistema. Me encantaría escuchar las sugerencias de Apuntes desde el Pantano sobre quién debería ocupar el puesto.

También necesitamos que haya una comunicación más sólida entre Pekín y DC para asegurarnos de que la desvinculación, que se producirá lentamente si no de forma repentina, no se transforme en algo más perturbador.

Ed, ¿crees que estamos en 1939? ¿O en 1963? ¿O tienes otro año en mente?

Respuesta de Edward Luce

Rana, cuando me siento pesimista, comparo las actuales tensiones entre Estados Unidos y China con 1911, o con algún momento no muy lejano al estallido de la Gran Guerra. EEUU, al igual que Gran Bretaña en ese entonces, es una hegemonía dominante, pero debilitada. Alemania, al igual que China en la actualidad, se había convertido en un fabricante a gran escala, y no necesariamente en la base de la revolución industrial. Al igual que la China contemporánea, Alemania había pasado los 20 años anteriores desarrollando un formidable y moderno ejército bajo su creciente molestia ante el dominio centenario de una Pax Britannica en decadencia, que estaba modernizando tardíamente su armada.

Afortunadamente, la analogía no es exacta. De hecho, Alemania había superado a Gran Bretaña 30 años antes, mientras que la economía china sigue siendo una quinta parte más pequeña que la estadounidense en términos de dólares. Además, me gusta pensar que no somos tan ingenuos como los europeos de principios del siglo XX, que no tenían ni idea de lo que la guerra de masas moderna podía provocar. O mejor dicho, ruego que no seamos tan ingenuos: en la era nuclear, no podemos permitirnos volver a aprender las lecciones de la historia.

Quizás la mejor comparación sea la de 1961. Yo no elegiría 1963, porque las salvaguardias posteriores a la crisis de los misiles de Cuba que establecieron la URSS y Estados Unidos prácticamente no existen entre Pekín y Washington en la actualidad. La comunicación entre el Pentágono y sus homólogos chinos es ad hoc. China se niega a formar parte de cualquier conversación que posibilite una reducción nuclear y de misiles entre Rusia y Estados Unidos (ahora en suspenso, por supuesto), ya que se está embarcando en un ambicioso plan de modernización y expansión nuclear antes de considerar siquiera las negociaciones.

Por lo tanto, en mi opinión, la falta actual de salvaguardias se asemeja más a la víspera de la crisis de los misiles de Cuba que a sus consecuencias. Estados Unidos debería tener en cuenta que Taiwán está tan cerca de la China continental como de Cuba. El alejamiento retórico de Washington de la política de "una China" para acercarse un poco a la política de "dos Chinas" es de alto riesgo y poco inteligente. Debemos seguir proporcionando a Taiwán los medios de autodefensa, pero también ser meticulosos en el cumplimiento de la fórmula original del Comunicado de Shanghái de 1972 y la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979.

En cuanto a la desvinculación económica, debemos tener cuidado con lo que deseamos. Si el objetivo final de Estados Unidos es pedir a sus socios asiáticos que elijan entre China y Estados Unidos, podríamos sorprendernos de la respuesta. La mayoría de ellos exportan mucho más a China que a Estados Unidos.

Rana Foroohar, Edward Luce

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