El canciller Olaf Scholz este 4 de noviembre en Pekín.
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¿Puede ser Alemania chantajeada por China? Una pregunta que el impacto de la guerra de Ucrania ha vuelto más urgente de responder.

La política de Alemania hacia China es un acto de equilibrio entre el mantenimiento de importantes relaciones económicas y la firmeza en la política exterior.

El Canciller alemán Olaf Scholz visitó China hoy 4 de noviembre. Tras tres años de política aislacionista china, Scholz fue el primer jefe de gobierno occidental en ir a Pekín con una delegación empresarial. China es el mayor socio comercial de Alemania. Y la economía alemana está invirtiendo mucho en el Reino del Centro.

En septiembre, la empresa química BASF abrió una gran planta de producción en Zhanjiang, en el sur de China. Para 2030 se destinarán 10.000 millones de euros a la planta. Se espera que alrededor de dos tercios del crecimiento de BASF procedan de China a finales de la década. La industria automovilística alemana también ha aumentado sus inversiones en China. El 40% de los autos de Volkswagen se venden en China.

Después de que Naciones Unidas denunciara las violaciones de los derechos humanos y los trabajos forzados en Xinjiang, VW se negó a cerrar su planta en la región. La semana pasada, la agencia de noticias Reuters informó que VW estaba planeando una gran empresa conjunta de software con la compañía tecnológica china Horizon Robotics. Según el informe, se invertirán 2.000 millones de euros.

Otro controvertido acuerdo con la empresa estatal china Cosco ha causado revuelo en Alemania. La naviera quería adquirir el 35% de las acciones de una terminal de contenedores del puerto de Hamburgo, considerada una infraestructura crítica en Alemania. El canciller Scholz, antiguo alcalde de Hamburgo, impulsó el acuerdo contra las voces de cautela de los expertos en China y la resistencia del gabinete. Al final, Cosco recibió el 24% de la torta sin la potestad de poder influir en las decisiones del principal puerto alemán. 

Factor de riesgo: conflicto con Taiwán

¿Está cometiendo Alemania los mismos errores con China que con Rusia al hacerse demasiado dependiente económicamente de Estados que desprecian el derecho internacional? Una vez más, el jefe de Estado y líder del partido chino, Xi Jinping, reafirmó su política respecto a Taiwán en el recién concluido XX Congreso del PCCh: "La reunificación debe lograrse y se logrará", dijo ante unos 2300 delegados.

"Una guerra por Taiwán enfrentaría a las dos mayores potencias del mundo, Estados Unidos y China, en una región que es aún más importante para la economía mundial que Europa del Este", afirma Bernhard Bartsch, de MERICS, un instituto de investigación de China, con sede en Berlín.

Muchos sectores de la economía alemana se verían afectados. China tiene casi el monopolio del mercado de las tierras raras y los metales. De las treinta materias primas que la UE clasifica como "críticas", 19 son suministradas principalmente por China. Son necesarios para la producción de celulares, lámparas LED, motores eléctricos, células solares o chips de ordenador. La transición energética de Alemania depende, en gran medida, de los suministros de China.

A pesar de estos riesgos geopolíticos y de las violaciones de los derechos humanos en China, Alemania está ampliando sus relaciones económicas con el país. Pero no solo el partido de Los Verdes, al que pertenecen la ministra de Asuntos Exteriores y el ministro de Economía del gobierno alemán, exige reducir estas dependencias para no ser chantajeado un día, como intenta ahora Rusia. El Servicio Federal de Inteligencia ha advirtido que Alemania se había colocado en una "dolorosa dependencia" de China.

Nueva estrategia

Estados Unidos ya está recuperando espacio perdido. La exportación de chips de ordenador a China ha sido restringida considerablemente. Apple quiere producir más en India y Vietnam en el futuro.

El gobierno alemán también ha anunciado una nueva estrategia frente a China para 2023, que será mucho más crítica con Pekín que bajo el mandato de la ex canciller Angela Merkel. El Ministerio de Asuntos Exteriores, bajo la dirección de Annalena Baerbock, ha calificado a China de "rival sistémico".  Pero mientras las relaciones económicas con Alemania florezcan, el gobierno de Xi Jinping no se deja impresionar por los anuncios de una política alemana más crítica hacia China.

(jov/er)

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