El presidente de Polonia, Andrzej Duda, durante una rueda de prensa en la cual habló de su conversación con el presidente Biden luego de que informes indicaron inicialmente que un misil ruso detonó en territorio polaco y mató a dos personas. FOTO: EFE/EPA/PAWEL SUPERNAK POLAND OUT.
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Es poco probable que la OTAN reaccione de forma impulsiva mientras la alianza trata de averiguar el origen del letal incidente.

El mortífero impacto de un misil en un pueblo polaco cercano a la frontera ucraniana puso de manifiesto el mayor temor de la guerra en Ucrania: que el conflicto escale a un enfrentamiento más amplio entre Moscú y la alianza de la OTAN liderada por Estados Unidos.

A las 15:40 horas de ayer martes, un misil impactó en Przewodów, cerca de la frontera sureste de Polonia con Ucrania, y tuvo como resultado el deceso de dos personas que, según los medios locales, eran trabajadores agrícolas.

Esta parte de Polonia ha convivido con la guerra desde que el presidente ruso Vladimir Putin ordenó la invasión a gran escala de Ucrania el 24 de febrero. Sus carreteras han transportado, en una dirección, a millones de refugiados que huyen del conflicto y, en la dirección opuesta, a miles de millones de dólares en equipos militares que envía Occidente para ayudar a Ucrania a defenderse.

La explosión del martes llevó la guerra directamente a territorio polaco por primera vez, y es un recordatorio de la enorme amenaza de escalada del conflicto y de lo peligrosamente cerca que está Europa de una guerra entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo.

En las caóticas primeras consecuencias del incidente, llovieron las acusaciones. Un informe de Associated Press, que cita a un alto funcionario anónimo de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, decía que las explosiones fueron causadas por misiles rusos que habían cruzado a Polonia. Pero esa explicación empezó a desmoronarse poco a poco.

En primer lugar, los canales oficiales estadounidenses se negaron a corroborar la historia de AP. Posteriormente, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró que era "poco probable" que el misil hubiera sido disparado desde Rusia. Y en la mañana de hoy miércoles, la información compartida en una reunión de emergencia de funcionarios de la OTAN y del G7 sugería que podría haber sido un misil de defensa aérea ucraniano disparado contra un proyectil ruso entrante.

Atribuir el hecho era fundamental. Si los investigadores hubieran llegado a la conclusión de que el misil fue disparado por Rusia, sería la primera vez que las fuerzas armadas rusas alcanzan territorio de la OTAN desde que comenzó la invasión. Sea deliberado o no, eso hubiera planteado a la OTAN una decisión de importancia monumental: la alianza militar liderada por Estados Unidos tiene una cláusula de defensa mutua que, si se activa, insta a todos los aliados a responder a un ataque de este tipo.

La respuesta de Polonia fue contundente. Mientras que los funcionarios ucranianos se apresuraron a sugerir que la culpa era de Moscú, las declaraciones de Polonia fueron ambiguas. El anuncio de Varsovia con el que convocaba al embajador de Rusia en respuesta al misil "de fabricación rusa" dejaba lugar a múltiples interpretaciones.

"No tenemos ninguna prueba concluyente por el momento sobre quién lanzó este misil", declaró el presidente de Polonia, Andrzej Duda, a los periodistas tras una reunión de seguridad de emergencia del gobierno polaco. Fue, afirmó, "un incidente aislado".

El Ministerio de Defensa ruso negó la responsabilidad de la explosión, afirmando que las acusaciones de que Rusia había disparado el misil eran una "provocación deliberada con el objetivo de escalar la situación".

En una ráfaga de llamadas el martes por la noche entre Duda y los líderes occidentales, entre ellos Biden, el primer ministro del Reino Unido, Rishi Sunak, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se repitió un mensaje de extrema importancia: que los aliados apoyaban a Polonia, pero querían más detalles antes de tomar cualquier decisión.

Varsovia había dicho que probablemente aprovecharía una reunión del consejo de la OTAN el miércoles para solicitar consultas en virtud del artículo 4 del tratado de la alianza militar, que puede aplicarse cuando "la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes se vea amenazada".

Esto es independiente de la cláusula del artículo 5 de la OTAN, que se refiere a la asistencia de defensa mutua en caso de ataque y a una posible respuesta militar por parte del resto de los 30 miembros de la alianza.

Estas consultas tienen sentido independientemente del autor de la explosión del martes por la noche: El territorio polaco recibió un ataque, asesinaron a dos de sus ciudadanos y la OTAN debe demostrar su unidad, como se ha esforzado en hacer desde antes de la invasión de Putin a finales de febrero.

Pero tampoco es probable que la OTAN sucumba a respuestas impulsivas. Evitar la escalada es ahora el mantra de las potencias de la OTAN, a veces para frustración de Kiev.

Al mismo tiempo, los dirigentes de EEUU y de la OTAN han subrayado repetidamente su compromiso "incuestionable" de defender "cada centímetro" del territorio de la OTAN, algo que Biden repitió a Duda el martes por la noche, según la Casa Blanca.

El incidente del martes también subraya que, si bien contener la guerra en el territorio ucraniano es una prioridad política para la mayor parte de la alianza de la OTAN, es un imperativo de seguridad nacional para aquellos que se encuentran en la frontera occidental del país, para quienes el derrame es inseparable de la participación directa.

Quién disparó qué, cuándo y contra quién se aclarará probablemente cuando Polonia, Ucrania y Rusia lleven a cabo sus investigaciones. Pero hay una cosa que ya es evidente: la guerra entre Rusia con sus armas nucleares y la OTAN podría ocurrir debido a un error de cálculo.

Henry Foy

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