Estudiantes en Hong Kong durante una vigilia en conmemoración de las víctimas de la política Covid-cero de China. FOTO: EFE/EPA/JEROME FAVRE.
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Pekín debería empezar a cambiar los controles estrictos por la vacunación masiva.

China se enfrenta a una situación casi imposible. Las protestas de esta semana contra la política de Covid-cero que aplica Pekín en muchas ciudades del país revelan un nivel de ira entre la gente que solo se había visto unas pocas veces desde las manifestaciones de la plaza de Tiananmen en 1989. Pero relajar los controles contra el Covid en China y desatar una "ola de contagios" podría matar a cientos de miles (si no millones) de ciudadanos de edad avanzada durante el invierno.

El daño que este aprieto está infligiendo a la reputación de las autoridades chinas y al prestigio del presidente Xi Jinping, es real. Lo único que hacen las imágenes televisivas de multitudes sin cubrebocas mientras ven el Mundial de Fútbol de Qatar es reforzar la sensación de que Pekín está tardando en salir de la pandemia, a pesar de los ingeniosos esfuerzos de los censores chinos por editar las escenas de multitudes en la cobertura del Mundial.

Para Xi, quien es aclamado por los medios de comunicación estatales como el "comandante en jefe de la guerra del pueblo contra el Covid", las manifestaciones representan un fracaso personal. El líder autoritario de China, que consiguió un tercer mandato sin precedentes como secretario general del Partido Comunista en octubre, se ha jactado a menudo de la "superioridad" del sistema chino en su épica lucha contra la pandemia.

A finales de 2020, por ejemplo, elogió a China como la "primera gran economía que se ha recuperado de la crisis y ha logrado la recuperación económica, un testimonio de su resistencia y vitalidad". Sin embargo, ahora los casos se acercan a niveles récord, la vitalidad económica se ha visto afectada por los cierres en las ciudades y una gran cohorte de personas mayores insuficientemente vacunadas sigue en riesgo.

Sin duda, la magnitud de las manifestaciones en al menos 18 ciudades durante el fin de semana ha sido relativamente modesta. Grupos de personas, que van desde unas pocas hasta unas 1.000, se han reunido en vigilias con velas y protestas pacíficas sosteniendo papeles en blanco, luces de teléfonos y pidiendo que finalicen los confinamientos y las frecuentes pruebas masivas. En cambio, en las manifestaciones "a favor de la democracia" de 1989, que finalmente fueron aplastadas por la fuerza, participaron más de un millón de personas en unos cuantos días.

El martes, la policía parecía haber acabado con las protestas, al menos por ahora. La Comisión Nacional de Salud reafirmó el compromiso de Pekín con la política Covid-cero, al tiempo que se comprometió a aumentar las tasas de vacunación entre los adultos mayores.

Esto se necesita urgentemente. Según las últimas estadísticas oficiales, el 32 por ciento de los 267 millones de chinos mayores de 60 años no han recibido la tercera dosis de la vacuna. Esta cifra se eleva al 60 por ciento para los mayores de 80 años. El refuerzo es necesario para alcanzar altos niveles de protección contra la variante Ómicron.

No obstante, la calidad de las vacunas de fabricación nacional sigue siendo muy sospechosa y, aunque algunas vacunas de ARNm de fabricación nacional están siendo sometidas a ensayos clínicos, ninguna ha sido aprobada todavía para uso nacional. Esto hace que la población anciana de China esté peligrosamente expuesta.

Por lo tanto, una medida inteligente (y cada vez más urgente) sería que Pekín acelerara la aprobación de vacunas de ARNm probadas, como las fabricadas por Pfizer, Moderna y otros grupos extranjeros. No hacerlo revelará la voluntad de anteponer el orgullo nacional a la salud y el bienestar económico de su población.

La emergencia a la cual se enfrenta China no solo se define por el riesgo letal que corren muchos de sus ciudadanos de edad avanzada. Si la última oleada de contagios por Covid se sale de control, el gran número de casos desbordará un sistema de salud pública que ya está al límite. Si esto sucede, la ira de la gente hacia el régimen de Xi podría aumentar aún más. Pekín tiene que darse cuenta de que los manifestantes en las calles están expresando quejas legítimas. Es hora de que el partido comunista chino actúe según uno de sus eslóganes propagandísticos favoritos y "ponga a las personas en primer lugar".

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