Luego de la contenciosa elección de Kevin McCarthy y su juramentación como orador de la Cámara, éste juramentó a los demás miembros del cuerpo legislativo. Ahora comienza el arduo trabajo de conciliar posiciones para poder gobernar de manera efectiva. FOTO: EFE/EPA/SHAWN THEW.
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Este podría ser el año en el cual la realidad política por fin afecte a nuestra economía

Empecemos por una cosa en la que ya no tenemos que pensar: ¿quién va a ser el orador de la Cámara? Kevin McCarthy se ha hecho finalmente con el cargo tras 15 votaciones, pero algunos de los compromisos que ha asumido para conseguirlo van a dificultar aún más que los republicanos, por no hablar del gobierno en su conjunto, consigan hacer muchas cosas.

Son muy malas noticias, dado que una de las primeras cosas que tiene que hacer el Congreso este mes de enero es elevar el tope de la deuda. De no hacerlo, se produciría la primera moratoria de deuda pública de la historia (Peter, tengo curiosidad por saber: ¿cuál crees que sería la reacción del mercado ante esa situación?). Pero como los opositores acérrimos a Kevin McCarthy, conocidos como Never Kevin, del partido Republicano consiguieron la promesa de recortar el gasto para compensar cualquier aumento del tope de la deuda, eso significa apuntar a cosas como el plan fiscal de Biden (el cual los demócratas esperan que se refleje realmente en la experiencia económica de los votantes este año), o derechos como la Seguridad Social o Medicaid. Son terreno vedado para los demócratas, lo que significa que se avecina una gran lucha.

Los Never Kevins (los detesto, pero la frase en sí me hace reír cada vez que la digo) también consiguieron que McCarthy aceptara permitirles añadir un número ilimitado de enmiendas a los proyectos de ley. Piensa en ello. Piensa en el tipo de locuras que los radicales intentarán añadir a cualquier cosa útil con el fin de obstruir las leyes y piensa en todos los filibusteros que habrá. Los moderados deberían cobrar horas extras sólo por estar en el Congreso para esto.

Peter, argumentaste en los Apuntes desde el Pantano de la semana pasada que el mal comportamiento republicano se remonta al Tea Party. Pero yo diría que lo que estamos viendo ahora es el punto final natural del reaganismo. Si le dices a la gente que el gobierno es el problema, al final se convierte en eso. Durante décadas, los republicanos han estado en el negocio de la obstrucción, haciendo todo lo posible para desafiar a los demócratas y evitar que incluso el aparato republicano moderado logre algún éxito legislativo en cualquier cosa. Eran el partido del ¡¡¡NO!!! Eran buenos en eso, o bastante buenos, y para ellos era un juego muy, muy divertido porque nunca nada malo surgía de ello, al menos en sus mentes. Mientras los demócratas perdían, ellos ganaban.

Pues bien, ahora tienen que dejar de presentar ideas sin fundamento y hacer algo que es mucho más difícil, que se llama gobernar, y no acaban de hacerse a la idea. El cómico Stephen Colbert hizo una maravillosa parodia de esto: la película Knives Out en la que TODOS lo hicieron, y el investigador jefe es un tonto que también está involucrado.

Aunque finalmente McCarthy consiguió el cargo, y debería ser la cara de su partido, yo diría que los republicanos ahora se definen mejor ni siquiera por Trump, sino por el representante George Santos, el fraude total de principio a fin. Además de mentir sobre su educación, su historial laboral, su religión e incluso sobre la causa de la muerte de su propia madre, también mintió durante todo el escándalo de la Cámara sobre haber jurado en el cargo, cuando a NADIE se le tomó el juramento debido a todo el alboroto en la sala. Pasó la mayor parte de ese tiempo corriendo por los pasillos del Congreso, perseguido por los periodistas, incapaz de encontrar su despacho.

A este respecto, Peter, volveré sobre la cuestión de la economía estadounidense y la manera en la cual este nivel de disfunción política podría afectarla. Ha sido un poco increíble que los mercados no hayan reaccionado más al coche de payasos del Congreso en los últimos años. ¿Hemos llegado a un punto de inflexión? ¿Será 2023 el año en que la realidad política influya sobre nuestra economía?

Peter Spiegel responde

Rana, dado que el nuevo año apenas tiene una semana, voy a intentar seguir siendo optimista. Tienes razón en que la primera gran prueba del recién designado orador de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, será cuando haya que elevar el tope de la deuda (la mayoría de los que siguen los flujos de salida del gobierno federal y los ingresos fiscales predicen que esto ocurrirá en algún momento a principios de la segunda mitad del año). Pero si bien la exigua mayoría de McCarthy ha dado a un pequeño grupo de lanzabombas republicanos el poder de conseguir concesiones inauditas para desbloquear su camino hacia la presidencia de la Cámara, lo contrario también es cierto: sólo haría falta que un pequeño grupo de republicanos del "equipo normal" se una a los 212 demócratas de la Cámara para elevar el tope de la deuda.

Esto es esencialmente lo que ocurrió las tres últimas veces que los fundamentalistas republicanos intentaron tomar como rehén la plena fe y crédito del gobierno de EEUU con exigencias poco razonables. Hace un año, los republicanos del Senado hicieron la vista gorda cuando los demócratas utilizaron un truco parlamentario para elevar el tope de la deuda por mayoría simple, en lugar de la supermayoría a prueba de filibustero que normalmente se necesita para aprobar una ley en la cámara alta. Bajo la presidencia de Barack Obama se produjeron otras dos paralizaciones perjudiciales en 2011 y 2013, después de que los republicanos recuperaron la Cámara de Representantes en las elecciones legislativas de 2010. Pero en ambos casos, los republicanos moderados se vieron finalmente obligados a llegar a un acuerdo con la Casa Blanca. En 2011, los motivó la agitación de los mercados financieros; en 2013 sus números en las encuestas empezaron a desplomarse.

Hay 18 republicanos de la Cámara de Representantes que representan distritos en los cuales Biden ganó en 2020, y varios de ellos —especialmente en los suburbios de ciudades como Nueva York, Filadelfia y Los Ángeles—, son distritos que Biden ganó ampliamente. En los suburbios es donde los lanzabombas republicanos han causado más daño electoral al partido: basta con preguntar a Brian Fitzpatrick, republicano de un distrito de tendencia Demócrata en las afueras de Filadelfia que es copresidente del llamado Problem Solvers Caucus, un grupo bipartidista de moderados que ha trabajado para sacar adelante leyes importantes en la Cámara de Representantes. Ése es exactamente el tipo de agrupaciones que podrían resolver otra lucha por el tope de la deuda.

Los mercados financieros parecen darse cuenta de ello: tras los sobresaltos de 2011, los mercados apenas se percataron de las luchas por el tope de la deuda de 2013 y 2021. Al final, suele imponerse un grupo bipartidista de moderados. Los compromisos adquiridos por McCarthy para convertirse en orador de la Cámara dificultarán sin duda aún más un acuerdo sobre el tope de la deuda; al fin y al cabo, el orador tiene mucho poder para marcar la agenda en la Cámara. Pero lo que la lucha de la semana pasada dejó claro es que McCarthy será un orador de la Cámara muy débil, y hay varios trucos parlamentarios ("petición de descargo", ¿alguien la conoce?) que pueden eludir a McCarthy en caso de emergencia.

Rana Foroohar, Peter Spiegel

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