La policía de Brasil recupera el cuerpo sin vida de Dom Phillips, un periodista británico quien fue asesinado por criminales en la Amazonía brasilera por estar publicando artículos sobre los problemas que enfrentan las tribus indígenas ante la pesca y caza ilegal entre otros males . FOTO: Victor Moriyama - The New York Times.
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Tan solo en México murieron casi tantos periodistas como en Ucrania.

Incluso cuando ha habido periodistas de todo el mundo cubriendo el mayor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, fue América Latina la región más mortífera para los reporteros el año pasado, con un repunte de la violencia contra ellos que alcanzó nuevos niveles, según afirmó el martes un grupo de observación.

En 2022 se registraron 67 asesinatos periodísticos en todo el mundo, el mayor número de muertes en cinco años, y casi la mitad de ellos ocurrieron en la Latinoamérica, según el informe anual del Comité para la Protección de los Periodistas.

"A pesar de que los países de América Latina están supuestamente en paz", indicó el grupo de noticias sin fines de lucro, "la región superó el alto número de periodistas asesinados en la guerra de Ucrania".

Tan solo en México se produjeron 13 de estas muertes, la cifra más alta que el grupo ha registrado en un solo año. En Haití han matado a siete periodistas.

En Ucrania, donde los combates han causado la muerte de unos 40.000 civiles desde que Rusia invadió el país el pasado febrero, se informó de la muerte de 15 personas pertenecientes al sector de los medios de comunicación.

Pero allí los periodistas cubren el combate, no la vida cotidiana.

En América Latina, según el Comité para la Protección de los Periodistas, los reporteros se enfrentan a la muerte si cubren temas como la corrupción, la violencia de las bandas o el medio ambiente.

Katherine Corcoran, corresponsal en México desde hace muchos años, declaró el martes que era más peligroso para los reporteros locales, que carecen de las protecciones que conlleva trabajar para organizaciones internacionales de noticias.

"La situación no hace más que empeorar", afirma Corcoran, autora de un libro publicado en 2022 que estudia los ataques a la prensa en México.

Por muy contradictorio que pueda parecer, el momento más peligroso para ser periodista no suele ser cuando un gobierno autocrático tiene el control absoluto y los funcionarios pueden sentir que "realmente no hay necesidad de matar a un reportero", sino cuando la democracia empieza a afianzarse y los centros de poder cambian.

Según el Comité, al menos 41 de los periodistas y profesionales de los medios de comunicación asesinados el año pasado murieron por temas directamente relacionados con su trabajo. Se refirió en particular al asesinato a tiros de Shireen Abu Akleh, veterana corresponsal de la televisión palestino-estadounidense, y a la muerte de cuatro periodistas de la radio en Filipinas que cubrían la política local y la corrupción.

En México, los periodistas dicen que hacen su trabajo con miedo, y que incluso ser un reportero destacado ya no parece ofrecer protección.

En diciembre, hombres armados que iban a bordo de una motocicleta dispararon contra un conocido presentador de noticias frente a su domicilio en la capital. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dedicó unas palabras un tanto solidarias al presentador, pero muchos periodistas argumentaron que la postura abiertamente hostil por parte del presidente hacia la prensa los había puesto en peligro.

Incluso aquellos que intentan evitar cubrir la violencia de los narcotraficantes mexicanos, centrándose en cambio en la corrupción, por ejemplo, a veces descubren que sus reportajes los han conducido al narcotráfico, afirma Corcoran.

En Haití, donde las brutales bandas son libres de hacer lo quieran en algunos barrios, el Comité para la Protección de los Periodistas afirmó que el problema es la anarquía generalizada y la emergencia humanitaria general del país.

En octubre, Roberson Alphonse, veterano reportero de radio y prensa que ha cubierto la corrupción y la violencia de las bandas, recibió varios disparos cuando se dirigía a su trabajo en Puerto Príncipe, la capital, a bordo de una pequeña camioneta.

"No pasa nada, no pasa nada", aseguró Alphonse el martes.

Y después de dos meses ya estaba de vuelta en su trabajo.

Alphonse, de 46 años, ha declarado que la violencia ha dificultado más que nunca el trabajo de los periodistas haitianos, en un momento en que su labor es de vital importancia. Los ataques, mencionó, no son solo a la libertad de expresión, sino también al derecho de los haitianos a estar informados.

"Somos periodistas", recalcó Alphonse. "Así que tenemos que informar al público y al mundo sobre la magnitud de la violencia que se vive en nuestro país".

Eric Nagourney - The New York Times

Lea el artículo original aquí.

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