Senadora Dianne Feinstein
Foto por EFE/Tom Williams
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Dianne Feinstein era la senadora de más edad en funciones. La noticia de su fallecimiento fue confirmada por un miembro de su familia el jueves por la noche.

Este firme icono demócrata pasó tres décadas sirviendo al Senado con una dedicación inquebrantable.

Dianne Feinstein, como Senadora de alto rango del estado de California, ganó reconocimiento por ser una voz independiente y por su capacidad para trabajar con senadores demócratas y republicanos para encontrar soluciones a los desafíos que enfrenta California y la nación.

Desde su elección al Senado en 1992, impulsó avances significativos en diversos frentes legislativos. Ha contribuido al fortalecimiento de la seguridad nacional, tanto en el ámbito doméstico como en el internacional, ha combatido el crimen y la violencia, se involucró en la lucha contra el cáncer y en contraloría para preservar los recursos naturales de California y del país.

En el 111 Congreso, Feinstein asumió el cargo de presidenta del Comité Selecto de Inteligencia del Senado, donde supervisó las 16 agencias de inteligencia nacionales, convirtiéndose en la primera senadora en ocupar esta posición.

Feinstein también fue la primera mujer presidenta del Comité Congresional Conjunto en Ceremonias Inaugurales y presidió la inauguración del Presidente Barack Obama el 20 de enero de 2009.

También fue la primera alcaldesa de San Francisco, elegida en 1978 después de los asesinatos del alcalde George Moscone. y primera mujer elegida Senadora de California.

En los últimos años de su vida, la senadora Feinstein luchó contra crecientes problemas de salud y de memoria, que limitaban su capacidad para trabajar de forma independiente.

La prolongada lucha de la senadora por su salud trajo a discusión y a la opinión pública el innegable envejecimiento de los miembros del Congreso, especialmente en el Senado.

A pesar de las insistentes peticiones para que dimitiera, Feinstein, con toda su tenacidad, rechazó sistemáticamente peticiones de jubilación.

En los últimos meses, un intenso ataque de herpes zóster agravó el estado de salud de la senadora Feinstein.

Su enfermedad se complicó al punto de generarle de encefalitis, lo que la obligó a utilizar una silla de ruedas para desplazarse por los pasillos del Capitolio.

La marcha de esta mujer pone fin a una era, para muchos será un símbolo de compromiso con el servicio público, para otros una figura atemporal de la política de EEUU


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