En DC, tener un buen currículum y hacer networking ya no basta. Para muchos residentes, parecer joven y fresco se ha vuelto casi un requisito para competir por los escasos empleos white-collar. Profesionales están invirtiendo en Botox, rellenos y asesoría de imagen, convirtiendo su apariencia en una estrategia laboral más. Según el cirujano plástico Navin Singh, nunca había visto un gasto tan dirigido a la empleabilidad.
La presión del mercado laboral
Los recortes al gasto federal y la reducción de empleados durante la administración Trump han dejado a DC con un mercado laboral más competitivo que nunca. Con menos puestos disponibles y despidos en el sector público y privado, muchos residentes sienten que no solo compiten con sus colegas, sino también con su propia edad y apariencia.
La apariencia como arma profesional
“No quieren parecer el tío o el abuelo de alguien”, dice Singh. Algunos profesionales se someten a Botox, rellenos o lifting facial antes de actualizar su foto de LinkedIn, buscando proyectar juventud y energía. Un hombre incluso confesó a Axios: “Creo que este lifting me consiguió el trabajo”. Para muchos, la inversión no es solo estética, sino una forma de sobrevivir profesionalmente.
Cuando la tendencia se vuelve extrema
La tendencia estética va más allá: el llamado Mar‑a‑Lago Face ya llegó a la capital. Algunos residentes buscan labios más gruesos, pómulos altos y grandes inyecciones de Botox, siguiendo un estilo extremo que domina los quirófanos locales. Este fenómeno muestra cómo, en DC, la apariencia se ha vuelto parte de la estrategia profesional, donde la primera impresión puede marcar la diferencia entre conseguir un empleo o no.
Imagen que habla por ti
Robin Fisher, consultora de imagen, confirma un aumento de clientes que quieren verse a la altura, ya sea para mantener su empleo o buscar uno nuevo. Desde mujeres ejecutivas hasta contratistas que perdieron contratos gubernamentales, todos buscan dominar la sala. Fisher los dirige a maquilladores, coaches de voz y sesiones fotográficas, con paquetes que van de $1,200 a $6,000.
Asesoría profesional y el costo del cambio
Robin Fisher, consultora de imagen, asegura que más residentes buscan verse a la altura, ya sea para mantener su empleo o conseguir uno nuevo. Desde maquilladores hasta coaches de voz y sesiones fotográficas, los paquetes profesionales cuestan entre $1,200 y $6,000. Para muchos, esta inversión es un peso adicional en un mercado laboral ya estresante, donde cada centavo cuenta y la competencia es feroz.
Más allá del dinero, la presión estética también afecta la salud mental y emocional. Sentirse obligado a invertir en apariencia para ser considerado “contratable” genera ansiedad y estrés, y refuerza la sensación de que el valor profesional depende tanto de la imagen como de las habilidades. Para algunos, la búsqueda de empleo ya no es solo un desafío económico, sino una carrera constante por cumplir estándares de juventud y belleza.
En DC, competir por un trabajo ya no depende solo de habilidades y experiencia. La primera impresión lo es todo: cómo te ves, cómo te mueves y cómo proyectas confianza. Desde procedimientos estéticos hasta asesoría de imagen profesional, los trabajadores invierten en sí mismos para brillar donde otros solo intentan encajar, mostrando que en la capital, la apariencia puede ser tan estratégica como el currículum.