ir al contenido

La advertencia rusa que el chavismo ignoró: una confidencia desde Moscú

Foto: EFE

Hay conversaciones que el tiempo convierte en profecías. En 2008, mientras compartía un café con Alexis Navarro en Porlamar en la Isla de Margarita, escuché de sus labios una advertencia que resonaría con estruendo 18 años después, el 3 de enero de 2026.

Navarro acababa de regresar de Rusia. Había sido gobernador de Nueva Esparta  (2000/ 2004) y luego embajador de Venezuela en Moscú durante la gestión de Hugo Chávez (2005-2008), periodo crucial en que se sellaron los grandes acuerdos militares y energéticos entre ambas naciones. 

A lo largo de los años habíamos mantenido una relación distante, pero de respeto mutuo, intercambiando análisis políticos e internacionales con la libertad que permite la confianza académica.

Aquel día, Navarro me confió algo que la cancillería rusa le había pedido transmitir al "comandante Chávez" con urgencia en repetidas veces : jugar a ridiculizar a Estados Unidos era "un juego muy peligroso".

"Los rusos fueron persistentes", me explicó Navarro con gravedad. "Me dijeron que ellos jamás se burlaban públicamente de los norteamericanos, porque conocían las consecuencias. Y los estadounidenses tampoco lo hacían con los líderes rusos. Existía una línea roja de respeto mutuo que ninguna potencia cruzaba, porque hacerlo podría desembocar en situaciones irreversibles".

El mensaje era claro: Moscú advertía a su aliado que estaba jugando con fuego.

Pero Chávez había cruzado esa línea repetidamente. Su performance en la ONU de 2006 –"aquí huele a azufre, por aquí pasó Satanás"– marcó un punto de inflexión. Los mensajes destemplados, las burlas, los retos públicos a Washington se convirtieron en la marca registrada del chavismo. Y nada parecía pasar.

Esa impunidad aparente creó una ilusión fatal en el chavismo, heredada por Nicolás Maduro: la creencia de que podían insultar, vejar, retar a la primera potencia mundial sin consecuencias reales. Durante más de dos décadas, ignoraron la advertencia rusa.

El 3 de enero de 2026, el presidente Donald Trump selló con sangre y fuego lo que Moscú había advertido desde el Kremlin. La operación "Resolución Absoluta" borró en minutos lo que el chavismo había construido durante décadas: la ilusión de impunidad.

Lo irónico es que fueron precisamente los rusos –los grandes aliados estratégicos del chavismo– quienes conocían mejor que nadie las reglas del juego entre potencias. Ellos nunca olvidaron las lecciones de la Guerra Fría: existe una diplomacia del respeto mutuo entre gigantes, no por debilidad, sino por comprensión del poder real.

Navarro había fallecido en 2016, años antes de ver cumplirse el presagio que intentó transmitir. Pero sus palabras quedaron grabadas en mi memoria como testimonio de una sabiduría ignorada.

La confidencia de aquel embajador revela una verdad incómoda: el chavismo nunca entendió que el verdadero poder no se demuestra con bravuconadas televisadas, sino con comprensión estratégica de los límites. Los rusos lo sabían. Los estadounidenses lo sabían. Solo Chávez y Maduro creyeron que las reglas no aplicaban para ellos.

El resultado está a la vista: Maduro rompió la regla de oro del respeto entre potencias y selló su propio destino. La advertencia que viajó desde Moscú a Caracas en 2006 se cumplió 20 años después, no como venganza, sino como consecuencia inevitable de ignorar las leyes no escritas del poder global.

La historia, como suele hacer, cobró su cuenta. Y lo hizo exactamente como los rusos habían anticipado: de manera "irreversible".

Braulio Jatar Alonso es abogado, analista político y director de Reporte Confidencial. Fue prisionero político del régimen de Maduro (2016-2021).

Últimas Noticias

{{!-- ADHESION AD CONTAINER --}}
{{!-- VIDEO SLIDER AD CONTAINER --}}