Washington, DC, libra una guerra que parece no ganar: la de las ratas. Entre proyectos de ley, voluntarios con perros y cifras que no dejan bien parada a la ciudad, el problema crece y pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué otras regiones sí logran controlarlo? La respuesta puede estar al norte, en Canadá, donde Alberta presume más de 75 años con un sistema que mantiene a raya a los roedores.
DC, la ciudad más “ratosa” de EEUU
La capital fue clasificada recientemente como la gran ciudad de EEUU con el problema de ratas de más rápido crecimiento. En 2024 superó incluso a Chicago y Nueva York en tasa de reportes: alrededor de 200 quejas por cada 10,000 residentes, un dato que alarma por sus implicaciones en salud pública y saneamiento. No es casualidad que las ratas se hayan convertido en una de las principales preocupaciones vecinales en varios distritos.
Proyectos de ley y respuestas que no alcanzan
Ante la presión ciudadana, la concejal del Ward 4, Janeese Lewis-George, presentó la Rodent Accountability and Transparency Amendment Act (RAT Act), una iniciativa que busca ordenar datos, mejorar la transparencia y fortalecer la fiscalización de infestaciones. En contraste, desde el Congreso llegó una reacción más visceral: el representante republicano Don Bacon prometió “matar todas las ratas”, un mensaje que resonó más por el enojo que por ofrecer una estrategia concreta. “El odio no es un plan”, coinciden expertos y residentes.
Alberta y una historia casi libre de ratas
Mientras DC acumula reportes, la provincia canadiense de Alberta muestra un contraste radical. En 2023 se reportaron 875 posibles avistamientos, pero solo 47 fueron ratas confirmadas; el resto correspondía a animales mal identificados. El dato ilustra un escenario impensable en DC: la escasez de ratas es tal que la población ya no sabe reconocerlas con facilidad.
Un sistema que no improvisa
El éxito de Alberta se apoya en decisiones tempranas y consistentes. Desde 1950, las ratas están legalmente clasificadas como plaga agrícola, lo que habilitó la creación de una zona de control permanente en la frontera oriental de la provincia. Oficiales especializados inspeccionan propiedades, sellan estructuras y responden de forma inmediata a cualquier señal de infestación. Cada municipio está obligado por ley a contar con personal responsable del control de plagas.
La participación ciudadana como política pública
A diferencia de muchas ciudades estadounidenses, el modelo canadiense integra a la población como parte activa del control. Menos basura en la vía pública, contenedores cerrados y viviendas selladas reducen drásticamente los factores que atraen roedores. Alberta complementa ese enfoque con un sistema de reportes sencillo (“Rat on Rats”) y campañas públicas que normalizan denunciar avistamientos como un acto cívico.
Soluciones paralelas en los callejones de DC
En ausencia de un sistema integral, algunos residentes decidieron actuar por cuenta propia. Grupos de voluntarios como Renegade Rebel Ratters patrullan callejones con perros entrenados para cazar ratas, una práctica que genera apoyo entre vecinos cansados del problema y críticas de organizaciones defensoras de animales. En noches activas, los voluntarios aseguran que pueden pueden eliminar 30 a 40 roedores, y hasta 70 en una noche excepcional, aunque incluso ellos reconocen que se trata de una respuesta limitada frente a un problema estructural.
Transparencia, coordinación y prevención: el reto local
La RAT Act apunta precisamente a cerrar esas brechas: centralizar información, coordinar agencias y responsabilizar a propietarios que no atienden infestaciones. El proyecto propone un tablero público con datos por vecindario y mejores mecanismos de respuesta, en una ciudad donde la basura sin sellar y la fragmentación institucional siguen alimentando el problema.
La experiencia canadiense demuestra que las ratas no se controlan con gestos aislados ni con soluciones espectaculares, sino con políticas sostenidas, datos claros y corresponsabilidad ciudadana. Washington, DC, ya reconoce la magnitud del problema; el siguiente paso es aprender de quienes llevan décadas ganando esta batalla silenciosa. Menos reacción, más prevención: ahí está la diferencia.