El Kennedy Center, joya cultural de Washington DC y uno de los escenarios más importantes de las artes escénicas en Estados Unidos, bajará el telón por dos años a partir del 4 de julio, justo cuando el país celebra su 250° aniversario. El anuncio lo hizo el presidente Donald Trump, quien promete una “reconstrucción completa” del complejo, aunque sin explicar del todo qué significa eso en la práctica.
Trump aseguró que no demolerá el edificio, pero sí reutilizará su estructura, parte del acero y mármol, además de instalar sistemas completamente nuevos de calefacción y aire acondicionado.
Trump y la nueva identidad del Kennedy Center
La controversia no empezó con el cierre. A finales de 2025, la junta directiva del Kennedy Center, dominada por designados de Trump, aprobó por unanimidad renombrar el recinto como “The Donald J. Trump and The John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts”. El gesto encendió alarmas en el mundo cultural.
Artistas comenzaron a bajarse del escenario incluso antes de que se apagara la marquesina. Entre ellos, el compositor Philip Glass, quien canceló su participación al asegurar que “los valores actuales del Kennedy Center están en conflicto directo con el mensaje de mi Sinfonía No. 15”. La familia Kennedy también expresó su rechazo.
Una visión grandilocuente… y difusa
Trump ha descrito al Kennedy Center como un edificio “cansado y en ruinas”. Pero arquitectos y expertos recuerdan otra historia; desde su apertura en 1971, el complejo ha recibido cientos de millones de dólares en renovaciones, incluida la expansión The Reach, inaugurada en 2019 con una inversión cercana a los $250 millones.
Aun así, el nuevo círculo de poder tiene ideas más ambiciosas, y excéntricas, para el futuro del recinto. Paolo Zampolli, empresario, miembro de la junta y amigo cercano de Trump, ha sugerido desde un puerto para yates hasta un restaurante Cipriani, pasando por desfiles de moda y la franquicia del nombre Kennedy Center en Europa, Asia y Medio Oriente. Cultura, pero versión “marca global”.
Empleados en pausa y público en el limbo
El cierre golpeará de lleno a quienes mantienen vivo el centro. El Kennedy Center emplea a cerca de 2,500 trabajadores y cuenta con más de 900 voluntarios, según registros fiscales de 2024. Desde la llegada de Trump, numerosos empleados, incluidos veteranos de la institución, han sido despedidos o han renunciado. Hasta ahora, no hay claridad sobre qué pasará con sus puestos durante los dos años de cierre.
Tampoco hay respuestas claras para el público. El destino de las entradas vendidas para funciones posteriores al 4 de julio sigue en el aire, al igual que el futuro de residentes históricos como la National Symphony Orchestra y la Washington National Opera. Fuentes citadas por CNN aseguran que el centro ni siquiera tiene una temporada sólida armada para 2026–2027.
¿Es legal una “reconstrucción total”?
La promesa de una “reconstrucción total” también ha encendido alertas legales. El profesor de derecho de Georgetown David Super subraya que la ley de 1964 que creó el Kennedy Center no autoriza ninguna demolición, solo mejoras y expansiones bajo un plan maestro aprobado.
“Es inconcebible que derribarlo sea legal”, afirmó en entrevista con Washingtonian.
Trump calcula que el proyecto costará unos $200 millones, aunque el Congreso ya aprobó $275 millones para reparaciones y restauración hasta 2029. Ese dinero, advierten expertos, no puede usarse para demoler el edificio. Y aun las donaciones privadas requerirían la aprobación del Congreso.
Un símbolo en disputa
Trump defiende la decisión con entusiasmo. En redes sociales aseguró que, tras la reapertura, “The Trump Kennedy Center” será “el mejor centro de artes escénicas del mundo”. Para los Kennedy, el asunto va más allá del mármol y el acero.
Jack Schlossberg, nieto de John F. Kennedy, fue tajante: Trump puede cambiar el nombre o cerrar el edificio, pero no apropiarse del legado. El excongresista Joe Kennedy III calificó la decisión como “una violación de la voluntad del pueblo”.
¿Dónde irá ahora la cultura en DC?
Durante el cierre, los amantes del arte en Washington tendrán que mirar a otros escenarios. Teatros como Arena Stage, Warner Theatre y Shakespeare Theatre Company absorberán parte de la programación, mientras algunos promotores apuestan por eventos al aire libre y sedes temporales para mantener viva la agenda cultural.
El cierre del Kennedy Center no es solo una obra en construcción: es una batalla cultural, política y simbólica. Entre promesas grandilocuentes, dudas legales y empleos en suspenso, el futuro del principal escenario artístico de DC sigue abierto. Lo único seguro es que, cuando vuelva a abrir, no será el mismo Kennedy Center que cerró.