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Los bosques escolares ayudan a los niños a enfrentar el calor en California

La siembra de plantas autóctonas ayuda en la educación ambiental, protege frente a la crisis climática y aumenta la participación comunitaria, entre otros beneficios

Photo by Frolicsome Fairy / Unsplash

Por Sonia Osorio, Huella Zero

Los bosques escolares en California son importantes porque redefinen la escuela como un espacio vivo de aprendizaje y resiliencia climática, especialmente en un estado cada vez más afectado por el calor extremo, la sequía y los incendios forestales.

Un ejemplo es el distrito escolar Unificado de Rialto, que es miembro del Sistema de Bosques Escolares de California.

El objetivo del programa es reducir los peligros del calor en el campus y proporcionar una experiencia de aprendizaje enriquecida para los estudiantes a través de espacios exteriores dedicados donde puedan cultivar y jugar, de acuerdo con Governing.

“Las temperaturas en las comunidades de California, ya de por sí calurosas, están aumentando un grado Fahrenheit o más cada año. Los niños necesitan pasar tiempo al aire libre con regularidad durante la jornada escolar, pero son especialmente vulnerables a las enfermedades relacionadas con el calor. Casi 6 millones de niños asisten a escuelas en California, y casi la mitad lo hacen en recintos escolares con menos del 5% de cobertura arbórea”, detalló.

Desde 2016, el distrito escolar de Rialto ha plantado huertos de cítricos y bosques en 19 campus.

Una iniciativa que se comenzó a implementar después de que el supervisor de mantenimiento de jardines del distrito, Brian Montez, asistió a una conferencia sobre escuelas sostenibles.

“A Montez se le había pedido que redujera el consumo de agua en las escuelas del distrito, pero se mostraba reacio: prefería el césped a las plantas autóctonas. Juanita Chan, directora de programas de ciencia y formación profesional del distrito, lo envió a la conferencia con la esperanza de que le ayudara a adoptar el paisajismo resistente a la sequía”, relató Governing.

Y Montez regresó ganado a la idea de usar plantas autóctonas.

Estos bosques —conjuntos de árboles nativos plantados dentro o alrededor de planteles escolares— cumplen varias funciones clave:

1. Educación ambiental práctica

No se trata solo de áreas verdes: son aulas al aire libre. Los estudiantes aprenden ciencias, ecología y cambio climático observando directamente los ciclos naturales, la biodiversidad y el cuidado del entorno. El conocimiento deja de ser abstracto y se vuelve experiencial.

2. Protección frente al cambio climático

En California, donde las olas de calor son cada vez más intensas, los bosques escolares ayudan a reducir la temperatura, mejorar la calidad del aire y mitigar el efecto de “isla de calor” en comunidades urbanas, muchas de ellas de bajos recursos.

3. Salud física y emocional

Diversos estudios han demostrado que el contacto regular con áreas verdes mejora la concentración, reduce el estrés y favorece la salud mental de niños y adolescentes, un factor crítico tras la pandemia y en contextos escolares con alta presión académica.

4. Equidad ambiental

Muchos de estos proyectos se implementan en vecindarios históricamente marginados, con poco acceso a parques o árboles. En ese sentido, el bosque escolar se convierte en una herramienta de justicia ambiental, llevando infraestructura verde a donde más se necesita.

5. Conciencia y participación comunitaria

El bosque no es solo de la escuela: involucra a familias, maestros y vecinos. Plantar y cuidar árboles fortalece el sentido de pertenencia y construye ciudadanía ambiental desde la infancia.

En un estado que enfrenta incendios devastadores y estrés hídrico, el bosque escolar también tiene un valor simbólico: enseña que la adaptación al cambio climático empieza a pequeña escala, en el territorio cotidiano, y que educar también es sembrar futuro.

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